Friday, October 16, 2009

PADRES Y MADRES SI IMPORTAN… Y MUCHO

Luis Julián Salas Rodas

Sociólogo
Especialista y Magister en Ciencias Sociales 
Magister en Ciencias de la Educación
Director Ejecutivo de la Fundación Bien Humano
www.bienhumano.org

A diferencia de otras especies vivas los mamíferos, y los seres humanos nos contamos entre ellos, requieren de un período de gestación, crianza y formación mayor que otras especies. Alrededor de 20 años tardamos en desarrollar las bases de nuestro cuerpo, inteligencia y personalidad. Debemos a estudiosos de las ciencias sociales y del comportamiento como Sigmund Freud, Jean Piaget, Erik Eriksson, John Bowlby, René Spitz, y otros más que sería interminable mencionar, los conocimientos científicos acerca de los desarrollos, logros, alcances y limitaciones por las que vivimos en las distintas etapas de nuestro ciclo vital: concepción, gestación, nacimiento, primera y segunda infancia, adolescencia, edad adulta, madurez, vejez y muerte.

Es un verdad científica irrefutable y ya suficientemente demostrada, que desde el embarazo hasta los primeros 6 años de vida los padres y madres ya sea biológicos o adoptivos, o quienes hagan sus veces son las personas más importantes para los niños y las niñas. Los estudios del doctor Spitz en hospitales y hospicios fueron concluyentes en la necesidad vital que tiene todo ser humano, durante su primer año de vida de establecer un vínculo afectivo estable con un adulto, generalmente la madre y de cómo su no establecimiento puede llevarlo a una desconfianza general ante las personas y el mundo que lo rodeas o, en el peor de los casos, a la muerte prematura a pesar de los cuidados físicos y médicos. A Freud y al sicoanálisis se les reconoce el haber esclarecido el papel de los padres y madres en los inicios de la identidad sexual de sus hijos. Por Piaget sabemos cómo opera el pensamiento, el inicio del lenguaje, los primeros aprendizajes y como los infantes ven e interpretan el mundo de manera diferente a los adultos.

Los padres y madres no existen sólo para proveer cuidados físicos y atender las necesidades materiales de los hijos, son, ante todo, figuras de identificación. Su presencia, permanencia, su modo de ser y el trato, independiente de la forma familiar, moldean, sientas las bases de la personalidad. La función afectiva y socializadora de las familias solo puede ser suplida, en parte, por otros agentes de la sociedad como los jardines infantiles o la comunidad. Ya sea en los aspectos positivos como el proporcionar amor, buen ejemplo o buen trato, o en los aspectos negativos, en los cuales la sociedad y el Estado deben intervenir, como el maltrato, el abandono, el abuso sexual, los castigos físicos la influencia de la familia es siempre significativa y determinante. Afirmar que la influencia de los padres y madres es poco significativa es validar la instalación de una práctica desresponsabilizadora de ellos para con los hijos. Si esto es aceptado por la cultura, entonces, también hay que aceptar, sin reparos, el traspaso inmediato de la patria potestad de los hijos al Estado y la sociedad desde su nacimiento, y que en vez de la intimidad de la vida familiar solo conozcan lo impersonal de la vida institucional y comunitaria. La tarea de los adultos se reduciría a la procreación, a la vida erótico-afectiva en pareja y al disfrute material de no tener que incurrir en los gastos que conlleva la crianza de los hijos. Un escenario de vida muy cómoda pero ausente de felicidad parento-filial. En vez de crecer con padres y madres las nuevas generaciones vivirían en el mundo deshumanizado de los preceptores, tutores y cuidadores. Que el medio cultural influye, nadie lo niega; que al crecer los hijos sean sus amigos y compañeros los que merezcan más su atención no solo es algo normal sino, además, deseable en su proceso de emancipación de los padres. Que las bases de un edificio permanezcan ocultas a los ojos no significa que no existan o que no sean importantes para asegurar su sostenibilidad. Que los hijos ya adultos puedan apartarse del ejemplo y las enseñanzas de sus progenitores es posible y hace parte del derecho constitucional al libre desarrollo de la personalidad”, pero que padres y madres son importantes e insustituibles y que influyen en la conducta, en el pensamiento y en la escala de valores de sus hijos, por acción u omisión, es una verdad de a puño que no puede ser desmentida por una breve columna periodística de un brillante economista o las creencias de una acuciosa abuela.

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