Friday, May 09, 2014

La familia en la vida y obra de Gabriel García Márquez

LA FAMILIA EN LA VIDA Y OBRA DE GABRIEL GARCÍA MARQUEZ



Luis Julián Salas Rodas

Sociólogo
Especialista y Magíster en Ciencias Sociales
Magíster en Ciencias de la Educación
Director Ejecutivo de la Fundación Bien Humano



Los abuelos maternos, la infancia y la casa natal en Aracataca

En lo que hoy denominamos la Primera Infancia, de O a 6 años de vida, es donde se dan o no las bases de la inteligencia, el cuerpo, la manera de ser y la confianza básica hacia los demás y al mundo que nos rodea.  Desde hace décadas tanto la sicología evolutiva como el llamado enfoque sicológico-educativo han conceptuado y concluido la importancia que tienen los padres y madres, o quienes hagan sus veces, y la familia en el crecimiento y desarrollo de niños y niñas.

El enfoque “psicológico-educativo” coloca un mayor énfasis en el componente afectivo-vincular del cuidado, planteando que el cuidado debe garantizar la seguridad emocional del niño y de la niña, generada a través de vínculos con los y las adultas referentes”  (Karina Balthayay K y otros,  El  cuidado de calidad desde el saber experto  y su impacto de género. pág. 13. Santiago de Chile. 2013).

Son los adultos referentes y no otras personas o instituciones los agentes más importantes y fundamentales en la vida de los infantes. Son ellos los que posibilitan o no  el establecimiento de un sano y fuerte vínculo afectivo que les proporcione sentimientos de confianza, autoestima, protección y bienestar físico. En el caso de Gabriel García Márquez, GGM fueron sus abuelos maternos el coronel Nicolás Ricardo Márquez Mejía, combatiente de la Guerra de los Mil Días,  y su esposa Tranquilina Iguarán Cotes y no sus padres biológicos Gabriel Eligio García Martínez y Luisa Santiaga Márquez Iguarán, los que fungieron como padre y madre de él durante los primeros 10 años de vida.  “El hijo primogénito de los García Márquez había traído la reconciliación y la felicidad de las dos familias, y Gabito se quedaría con sus abuelos y sería para siempre más hijo de su abuelo que de su padre y más hijo de su abuela  y de sus tías que de su madre”.  A ellos se sumaron, en la vida familiar de la casa natal de Aracataca,  las tías Wenefrida, Elvira, Francisca, su prima hermana Sara Márquez y su enfermiza hermana Margot que comía tierra como el personaje de Rebeca en Cien Años de Soledad.  Gabo vivió pues una infancia  rodeado de mujeres.  (Dasso Saldívar.  García Márquez: el viaje a la semilla, biografía.  Ed. Alfaguara. España. 1997. Pág. 87). 

En entrevista con el crítico de literatura Luis Harss, en agosto de 1967, antes de la publicación de Cien Años de Soledad dijo García Márquez con respecto a la ascendencia de sus abuelos maternos:

“Tuve una infancia prodigiosa”, dice García Márquez.  Apenas conoció a sus padres. Se imaginaba a su madre ausente como un gran regazo indefinido en el que nunca se sentó. La conoció por primera vez a los siete u ocho años. Ella lo había dejado al cuidado de sus abuelos, que recuerda como a seres fabulosos.  “Tenían una casa enorme, llena de fantasmas.  Era una gente con una gran imaginación y superstición.  En cada rincón había muertos y memorias, y después de las seis de la tarde la casa era intransitable.  Era un mundo prodigioso de terror.  Había conversaciones en clave”.  Él era un niño deslumbrado que se retraía en el borde de una silla en un rincón o se atrincheraba detrás de los muebles.  Al pie de su cama asomaba ominoso y parpadeante un gran altar dorado con santos de yeso cuyos ojos brillaban en la oscuridad.  Su abuela una presencia despavorida que rondaba por la casa como un alma en pena, entraba de puntillas por la noche y lo aterrorizaba con sus cuentos. Era una mujer nerviosa, excitable, propensa a los accesos y las visiones.  En cambio su abuelo –que ocupaba un pequeño puesto político en la burocracia local- era su gran compañero, amigo y confidente, “la figura más importante de mi vida”, dice García Márquez, que había evocado sus rasgos en más de un personaje.  Juntos daban largos paseos e iban al circo.  El anciano había combatido en las guerras civiles, que lo habían marcado profundamente.  En una ocasión había tenido que matar a un hombre: un acto que lo persiguió siempre después. “Tú no sabes lo que pesa un muerto”, le decía a su nieto con un suspiro.  Murió cuando el niño tenía ocho años, y ese fue el final de toda una era para García Márquez. “Después todo me resultó bastante plano”, dice. Crecer, estudiar, viajar, “nada de eso me llamó la atención.  Desde entonces no me ha pasado nada interesante”.  (Luis Harrs,  García Márquez en la Cuerda Floja. Periódico El Espectador. Domingo 21 de abril.  Bogotá. 2014. Pág.: 79-80)

Al respecto dice uno de sus biógrafos, el escritor Dasso Saldívar:

“Más aún en las conversaciones con su amigo y compañero de aventuras periodísticas Plinio Apuleyo Mendoza confesó: “Cada vez que me ocurre algo, sobre todo cada vez que me sucede algo bueno, siento que lo único que me falta para que la alegría sea completa es que lo sepa el abuelo.  De modo que todas mis alegrías de adulto han estado y seguirán estando para siempre perturbadas por ese germen de frustración””  (Dasso Saldívar. Op. Cit. Pág. 125).           

La orfandad temprana de García Márquez, por la muerte de su abuelo, fue para él un hecho que marcó tanto su  vida personal como su obra literaria. La pérdida de su abuelo fue una desgracia inesperada que debió afrontar con mucha aflicción, que dio fin a un mundo donde fue feliz, dando comienzo a su re-significación en su memoria e imaginación. En su orfandad temprana está el germen de sus sentimientos de desamparo, nostalgia y soledad que lo acompañaran hasta el final de sus días, pero la orfandad también fue el impulso creador de su maravillosa y universal narrativa literaria.

La muerte y el cierre de la casa de Aracataca implicó para Gabo irse a vivir con sus padres y sus otros hermanos a los que a poco conocía y trataba. La inestabilidad económica de su padre Gabriel Eligio, con quien nunca tendría buenas relaciones, llevó a la familia a residenciarse, en los años siguientes, en Sincé, Barranquilla y Sucre, municipio este donde sucederán los hechos trágicos narrados después en su novela Crónica de una muerte anunciada.

 El mismo GGM en su autobiografía: Vivir para contarla  nos refiere la ascendencia de su abuelo en su niñez:

“En medio de aquella tropa de mujeres evangélicas, el abuelo era para mí la seguridad completa.  Sólo con el desaparecía la zozobra y me sentía con los pies sobre  la tierra y bien establecido en la vida real.  Lo raro, pensándolo ahora,  es que yo quería ser como él, realista, valiente, seguro, pero nunca pude resistir la tentación constante de asomarme al mundo de la abuela.  Lo recuerdo rechoncho y sanguíneo, con unas pocas canas en el cráneo reluciente, bigote de cepillo, bien cuidado, y unos espejuelos redondos con montura de oro.  Era de hablar pausado, comprensivo y conciliador en tiempos de paz, pero sus amigos conservadores lo recordaban como un enemigo temible en las contrariedades de la guerra”.

“Nunca usó uniforme militar, pues su grado era revolucionario y no académico, pero hasta mucho después de las guerras usaba el liquiliqui, que era de uso común entre los veteranos del Caribe.  Desde que se promulgó la ley  de pensiones de guerra llenó los requisitos para obtener la suya, y tanto él como su esposa y sus herederos más cercanos siguieron esperándola hasta la muerte.  Mi abuela Tranquilina, que murió lejos de aquella casa, ciega, decrépita y medio venática, me dijo en sus últimos momentos de lucidez “muero tranquila, porqué sé que ustedes recibirán la pensión de Nicolasito”.  (GGM.  Vivir para Contarla.  Editorial Norma. Bogotá. 2002. Pág. 98).  

Situación de espera que constituye la trama principal de su novela corta: El coronel no tiene quien le escriba y que vivió él, en persona, en París mientras escribía esa novela aguardando el giro monetario como periodista del Periódico EL Espectador. Infiero que en homenaje al Caribe y en recuerdo de su abuelo, García Márquez recibió el premio Nobel de Literatura, en Estocolmo, en diciembre de 1982, de riguroso liquiliqui blanco y mantuvo durante toda su vida adulta, como su abuelo,  el bigote de cepillo bien cuidado. (No se conoce ninguna foto de Gabo adulto sin bigote).  El abuelo Nicolás fue progenitor de 19 hijos, entre matrimoniales y extramatrimoniales, y se dedicaba, como joyero que también lo era, a fabricar pescaditos de oro en el taller de su casa. En Cien Años de Soledad el coronel Aureliano Buendía fue padre de 17 hijos, de 17 mujeres distintas, signados con una muerte trágica, que se dedicó en su senectud a elaborar pescaditos de oro. El abuelo Nicolás fue  de ideas liberales, el que lo motivó a leer, a la edad de nueve años, Las Mil y Una Noches y el que le inculcó, además, la importancia de consultar diccionarios y enciclopedias, afición que GGM cultivaría durante toda su vida de escritor.

 (Por su abuelo conoció la Quinta de San Pedro Alejandrino, en Santa Marta, donde murió el Libertador Simón Bolívar, sobre quien escribiría la novela El General en su laberinto, narrando sus últimos días de viaje, en champam de remos, por el Río Grande de la Magdalena. El mismo río que remontó tantas veces de ida y vuelta en las vacaciones del Liceo Nacional de Varones de Zipaquirá donde terminó su bachillerato; el río que en la novela El amor en los tiempos del cólera viajaron, en buque de vapor, Fermina Daza y Florentino Ariza como culminación de su amor otoñal). (Dasso Saldívar. Op.Cit. 1997).

Otro acontecimiento familiar que marcó su vida y obra literaria fue cuando acompañó a su madre Luisa Santiaga a vender la casa en Aracataca a la edad de 23 años, a la cual no había vuelto desde la muerte del abuelo.  Tan importante fue este pasaje de su vida que con él inicia la narración de su autobiografía Vivir para  contarla. Su biógrafo Gerald Martin relata:

“Años después, García Márquez diría: “Lo que en realidad me ocurrió en aquel viaje a Aracataca fue que tomé conciencia de que todo lo que me había pasado en la infancia tenía un valor literario que sólo entonces empezaba a apreciar.  Desde el momento en que escribí La Hojarasca me di cuenta que quería ser escritor y que nadie podía impedirlo y que lo único que podía hacer era tratar de ser el mejor escritor del mundo””. (Gerald Martin.  Gabriel García Márquez, una vida.  Randon House Mondarian. Colombia. 2009. Pág.170).   

Gabo volvería a Aracataca en su 80 cumpleaños, en compañía de su esposa Mercedes a bordo del “tren amarillo” que cruza la zona bananera del Magdalena.

Entre la familia real y la familia de ficción, entre Aracataca y Macondo 

Desde sus primera novelas La Hojarasca de 1955, El Coronel no tiene quien le escriba de 1958 La Mala Hora de 1962  hasta Cien Años de Soledad de 1967 y en cuentos como El monólogo de Isabel viendo llover en Macondo,  La siesta del martes, La viuda de Montiel, Los funerales de la Mama Grande y la Increíble y triste historia de la Cándida Eréndira y de su abuela desalmada de 1972,  sus obras literarias son la recreación, bajo el lente del realismo mágico, de los adultos significativos y las circunstancias del entorno con los cuales se relacionó en su infancia y adolescencia. 

El  coronel Aureliano Buendía y Úrsula Iguarán, primos hermanos, encarnan la figura de sus abuelos maternos. En el transcurrir de las siete generaciones de la familia Buendía-Iguarán, relaciones endogámicas e incestuosas, que García Márquez narra, describe e ilustra la singularidad, complejidad de situaciones, eventos y acontecimientos que pueden suceder en el ciclo vital tanto humano como familiar. Lo que los expertos “familiólogos”  y terapeutas de familia, del presente, llaman estructura, composición, tipologías y dinámica familiar se encuentra, en forma novelada, en la obra literaria de Gabo, en especial en Cien Años de Soledad.  Los personajes configuran toda la diversidad humana posible en la formas de ser, pensar y hacer, en la expresión total de valores, sentimientos, emociones, pasiones, afectos y desafectos bajo el denominador común de la Soledad, como elemento intrínseco de la condición humana.  Soledad que impregna la dificultad de comunicar lo más privado, lo más íntimo del ser a otro ser humano. GGM afirmó, en varias ocasiones, que el tono en que está escrito Cien Años de Soledad corresponde a la manera como su abuela Tranquilina, cuando era pequeño, le hablaba y narraba sus historias de muertos y fantasmas en la casa de Aracataca.

La familia humana la entendemos como un grupo de personas de distintas generaciones unidas por vínculos de parentesco, afectivos, emocionales, de apoyo y solidaridad, que nos acompañan, por siempre y para siempre, en todo el ciclo vital de la existencia.  Los vínculos parento-filiales y fraternales son de por vida, los tenemos desde el nacimiento hasta la muerte, mejor dicho, se establecen antes de nacer y permanecen después de la muerte.  Ningún otro grupo humano u organización social  crea y mantiene vínculos entre las personas como la familia.  En la estirpe de los Buendía-Iguarán ningún miembro de la extensa parentela y descendencia escapa a los vínculos y los llamados del común destino familiar, porque como escribió el autor en la última línea de su novela: “las estirpes condenadas a cien años de soledad no tenían una segunda oportunidad sobre
la tierra”.  

Otro foco de interés en Cien Años de Soledad son las intrincadas relaciones entre la familia Buendía-Iguarán y Macondo, representando este el municipio de Aracataca y su contexto, donde nació García Márquez.  Aquí es la figura del abuelo coronel la que introduce al nieto en el mundo exterior de la política, de lo público, de los acontecimientos históricos.  A excepción de la abuela Úrsula, todos los miembros de la familia salen y regresan, siempre, a la casa materna, obedeciendo al mandato vincular. La familia no es un sistema cerrado en sí mismo, ella requiere mantener relaciones y contactos con otras personas, grupos y organizaciones de la sociedad.  En Macondo la casa de la familia Buendía-Iguarán es impactada por hechos externos como el auge económico de las bananeras y la llegada de trabajadores y forasteros.  Así el destino y acontecer de la familia quedó ligado siempre al de Macondo. Mario Vargas Llosa, también Nobel de Literatura, estudioso de la obra de GGM, afirma  de Cien Años de Soledad  que es una “obra total”, donde, desde los ejes de la circularidad y la recurrencia, todo tiene principio y final en la vida de las personas, la familia Buendía-Iguarán y Macondo:

Pero Cien Años de Soledad es una novela total sobre todo porque pone en práctica el utópico designio de todo suplantador de Dios: describir la realidad total, enfrentar a la realidad real una imagen que es expresión y negación de la realidad.  Esta noción de totalidad…define la grandeza de Cien Años de Soledad: da también su clave.  Se trata de una novela total por su materia, en la medida en que describe un mundo cerrado, desde su nacimiento hasta su muerte y en todos los órdenes que la componen -el individual y el colectivo, el legendario y el histórico, el cotidiano y el mítico-, y por su forma ya que la escritura y la estructura tienen, como la materia que cuaja en ellas, una naturaleza exclusiva, irrepetible y autosuficiente”…La historia de esta sociedad (Macondo) se mezcla con la de una estirpe familiar, los destinos de ambas se condicionan y retrotraen: la historia de Macondo es la de la familia Buendía y al revés”.

(Mario Vargas Llosa, Cien Años de Soledad.  Realidad Total.  Novela Total.  Edición conmemorativa de la Real Academia Española, Asociación de Academias de la Lengua española.  Grupo Editorial Norma. Bogotá.  2007. Pág. XXVI-XXX).

Interpretaciones desde la “familiología”

Otro aspecto de interés de los “familiólogos” y terapeutas de familia (la “familiología” no es una ciencia o una disciplina, es un campo del saber reflexivo sobre una práctica), es la configuración y el desempeño de los roles masculinos y femeninos en la dinámica familiar, roles que están inmersos en la cultura y la vida social.  En las obras de Gabo es manifiesto el corte patriarcal, de cómo los hombres, de prolífica descendencia, se ocupan y dedican su vida de manera preferente a los asuntos mundanos y públicos mientras que las mujeres se ocupan de asegurar la crianza y la autoridad sobre los hijos, la existencia cotidiana de la vida familiar siendo los padres los que se oponen o autorizan el casamiento de las hijas.

En Cien Años de Soledad es la abuela Úrsula Iguarán el sostén económico, emocional y afectivo de las siete generaciones de la estirpe.  Es ella la que atiende y mantiene a la familia mientras los José Arcadios y los Aurelianos se dedican a sus aventuras y guerras.  Situación que se repite en la propia vida matrimonial del autor con su única esposa, por 56 años, Mercedes Barcha Pardo, a quien  conoció en Magangué cuando ella tenía 9 años de edad y él 14. (Gerald Martin. Op.Cit. Pág:117). Mercedes le brindo siempre compañía, amor y seguridad emocional.  Gabo, a diferencia de su abuelo y de su padre, solo tuvo dos hijos: Rodrigo y Gonzalo, rompiendo así el “mandato de la cultura” caribeña de engendrar una descendencia numerosa; ejemplo de ello es como sobrevivieron, en Ciudad de México, durante los 18 meses que duró la escritura de Cien Años de Soledad. Mercedes se encargaba de la casa y al parecer no desempeñó un trabajo remunerado durante ese tiempo.   Dijo GGM en el homenaje, en Cartagena de Indias, que la Real Academia Española y la Asociación de Academias de la Lengua Española le organizaron cuando cumplió sus 80 años de vida:

“Lo que podría ser motivo de otro libro mejor sería como sobrevivimos Mercedes y yo con nuestros hijos durante ese tiempo en que no gané ningún centavo por ninguna parte. Ni siquiera sé cómo hizo Mercedes durante esos meses para que no faltara un día la comida en la casa.  Habíamos resistido a la tentación de los préstamos con interés hasta que nos amarramos el corazón y emprendimos incursiones al Monte de Piedad”. (Prendería y compraventa en Colombia).

Después de los alivios efímeros con ciertas cosas menudas, hubo que apelar a las joyas que Mercedes había recibido de sus familiares a través de los años.  El experto las examinó con rigor de cirujano, pesó y revisó con su ojo mágico los diamantes de los aretes, las esmeraldas de un collar, los rubíes de las sortijas, y al final nos los devolvió con una larga verónica de novillero: “Todo eso es puro vidrio”.  (GGM.   Yo no vengo a decir un discurso. Bogotá. 2010. Pág. 134). 

La fuente, la inspiración de los temas en la obra literaria de García Márquez tienen origen en  situaciones y eventos de su familia extensa de origen.  Sus padres biológicos tuvieron que afrontar la férrea oposición de sus abuelos maternos ante  el hecho del origen humilde, extramatrimonial, la piel morena e ideas políticas conservadoras de su padre. (Dasso Saldivar. Ibídem).  De  las relaciones de estos amores contrariados surgió su novela El amor en los tiempos del cólera. Los personajes centrales Florentino Ariza y Fermina Daza no son otros que su padre Gabriel Eligio y su madre Luisa Santiaga.  La ficción no es solo creación de fantasía, de mundos irreales.  La ficción literaria de Gabo tiene su origen en realidades concretas vividas en su familia y extensa parentela en la atmósfera del Caribe colombiano.

Las vivencias de la infancia y la familia son pues determinantes en la obra narrativa de los escritores, amén de nacer con el talento, la sensibilidad y la vocación innata.  Los adultos referentes ejercen una influencia positiva o negativa en la mente y personalidad de los futuros escritores.  El peruano Mario Vargas Llosa, afirma haber tenido una infancia feliz en su Arequipa natal, a pesar, de que solo conoció a su verdadero padre cuando cumplió 10 años de edad.  Su madre y abuelos maternos le proporcionaron todos los estímulos afectivos, intelectuales y materiales que fueron la base de su oficio de escritor. Conocida, también, fue la relación difícil y distante  que Franz Kafka tuvo con su padre, el cual relató en su famosa Carta al Padre. 

Argumentos desde la academia

Los cambios sociales y culturales producto de la modernidad,  la industrialización,  la globalización, la interculturalidad y las nuevas tecnologías de la información, para no mencionar sino éstas, han transformado, también, a las familias.  Las tareas de la crianza, cuidados, educación y formación de los hijos ya no están, como en las sociedades agrarias y tradicionales, a cargo, por entero, de la familia nuclear y la parentela.  Hoy en día es una labor de corresponsabilidad compartida entre el Estado, la sociedad y la familia; corresponsabilidad ordenada por la Constitución pero sin funciones y definiciones precisas entre los tres agentes.  Sin embargo, siguen siendo el padre o la madre, ambos, o quien haga sus veces, las figuras de identificación más importantes y decisivas de los infantes. El amor, la expresión afectiva –besos, abrazos, caricias, palabras tiernas- la protección material o su ausencia, abandono, maltrato, indiferencia o negligencia marcan, para bien o para mal,  el curso de nuestras  vidas.

 Los niños y niñas requieren figuras positivas de identificación adulta, por medio de la palabra y el ejemplo, a quien imitar, admirar, o a quien parecerse.  Y es en la primera infancia, de nuestro ciclo vital, donde esto debe acontecer, por cuanto más adelante son los compañeros, los amigos y otros adultos no familiares quienes ejercerán tal influencia.  Esta función es indelegable, solo la familia biológica o adoptiva puede llevarla a cabo; ningún otro grupo u organización del Estado o la sociedad puede cumplirla a cabalidad. Cuando un niño con discapacidad, física o cognitiva, se destaca y supera su adversidad es porque ha contado con el apoyo y el acompañamiento de su familia.  Cuando una niña sobresale en el deporte o en las artes es porque, casi siempre, a su lado está una familia que la alienta en el despliegue de su talento. En caso contrario la mayoría de las veces resultan vanos y en fracaso los intentos de los padres y madres por recuperar o restablecer con los hijos una comunicación abierta y  relaciones de afecto, confianza y respeto que no se dio en la infancia. En situación de calle y en los centros geriátricos abundan adultos mayores, con hijos,  en abandono afectivo y material por parte de sus descendientes, quienes de esa forma responden a sus progenitores por la ausencia de buena crianza, afecto y cuidados en las etapas tempranas de la vida.

En el caso de GGM la familia ejerció una influencia positiva en su personalidad pero, también hay que decirlo, no siempre la familia y la parentela posibilita un ambiente habilitante para la crianza, los cuidados y la formación de  los infantes.  Ella también puede ser causa de vulneración de derechos, abandono, maltrato, abuso y violencia que hacen necesario la intervención de medidas protectoras por parte del Estado y la sociedad. En términos generales, hay casos particulares, la familia no es la causante de todos los males de las personas y de la sociedad pero tampoco tiene la misión mesiánica, fundamentalista, de rescatar y salvar. Ni el altar idealizado, ni la hoguera aniquiladora. No hay que concebirla y entenderla entre los extremos maniqueos del infierno y el paraíso,  la familia fluye, más bien, en un equilibrio inestable entre ambos. 

La fortuna de GGM, en su vida y obra, fue haber disfrutado de un abuelo afectuoso a quien admiró con fervor y de quien conservo siempre los mejores recuerdos. Otra suerte y otros destinos tendrían los infantes sin padres de Colombia si en el comienzo de sus días pudiesen contar con figuras de identificación como el abuelo de García Márquez… Persiste en nuestra sociedad y en la cultura la no presencia, imagen y funciones del padre en la familia y en el desarrollo de los hijos.  No solo es la ausencia de un padre proveedor y responsable en lo económico, es la ausencia total en los recuerdos, afectos y sentimientos.  Admirable la tarea diaria que realizan las mujeres cabeza de familia de “sacar adelante” a los hijos sin el apoyo de un esposo o compañero.  Ellas intentan hacer también de papás pero una cosa es el desempeño de una función, de una responsabilidad y otra muy distinta sustituir la imagen del padre abandonante o inexistente en la psiquis de los hijos. La madre porta en su ser y en su cuerpo la identidad de lo femenino, no de lo masculino, identidad que deben ellos tomar de otros adultos hombres cercanos a su núcleo familiar.

La influencia de la obra literaria de GGM en mi vida personal y familiar

Confieso que profeso por Gabriel García Márquez tanto admiración por su literatura como una particular gratitud sentimental.  Me permite encontrarme, cada vez que lo leo o recuerdo, con mis raíces familiares. En términos de la eximia antropóloga colombiana Virginia Gutiérrez de Pineda (q.e.p.d) soy la mezcla fusionada de dos complejos: el complejo cultural antioqueño o de la montaña y el complejo cultural negroide o litoral fluvio minero.  Las vacaciones de mi infancia y parte de mi adolescencia, décadas de los años 60 y 70 del siglo XX, junto a la de mis hermanos, transcurrieron en la costa  atlántica colombiana. ¡Con qué ansioso anhelo esperábamos el tiempo de las vacaciones escolares de diciembre! En Medellín, la norma, la autoridad, los castigos y los deberes del colegio. En Santa Marta, la diversión, los paseos a la Sierra Nevada, al Parque Tayrona, a las playas del Rodadero, a los charcos y cascadas del río Bonda, al pueblo de pescadores de Taganga, el conocer a los nuevos primos y primas y el compartir de tiempo completo con el padre.

(Virginia Gutiérrez de Pineda, Familia y Cultura en Colombia. Ed. Universidad de Antioquia.  Medellín.  1994)

A las seis de la tarde las tías sacaban las mecedoras a la acera de la casa para tomar la brisa fresca, conversar y saludarse con amigos y vecinos. Adíos, adiós se decían siempre de saludo de despedida. Los viajes a la costa los hacíamos en avión, en los retumbantes Douglas DC-4, y en el tren de los Ferrocarriles Nacionales que salía de la estación Cisneros del viejo Guayaquil, “el Expreso del Sol” paraba en Puerto Berrio a esperar el tren que venía de Bogotá para luego recorrer las vegas del rio Magdalena, la selva del Carare  y después de 24 horas de marcha entrar de tarde a Santa Marta, no sin antes pasar por los pueblos de Fundación, Aracataca, Río Frio, Sevilla y Ciénaga, pueblos de la llamada zona bananera.

La música preferida de mi padre, incluyendo la del maestro Lucho Bermúdez, la que siempre ponía en la radiola New Yorker, en los discos de acetato de 33 revoluciones, no era otra que los merengues, paseos y sones vallenatos del compositor Rafael Escalona, interpretados por el conjunto de Bovea y sus vallenatos, acompañado de guitarra, caja y guacharaca, ¡sin acordeón!. De tanto escucharlos me los aprendí de memoria mucho antes que se pusieran de moda en el interior del país.

(Conocida fue la estrecha amistad de GGM y Rafael Escalona, tanto así que lo referencio con nombre propio en Cien Años de Soledad.  Lo que hoy es el departamento del Cesar hizo parte del departamento del Magdalena hasta 1967. La música vallenata, junto a las canciones de Guillermo Buitrago y sus alegres muchachos, tiene origen e identifican a las gentes de a esa parte del territorio nacional.  Al respecto escribió el periodista Daniel Samper Pizano:

"… Y desde entonces me di cuenta de que la materia prima de que están hechas las historias que escribe García Márquez para ser leídas y las que cuenta Rafael Escalona para ser cantadas es exactamente la misma.  Unas y otras suceden en una zona en que se mezclan la fantasía y la verdad.  Los críticos la han definido como lo “real maravilloso”.  

Me cuestiono: ¿no será que “lo real maravilloso” es un concepto inventado por personas que no nacieron, se criaron o tuvieron nexos familiares y afectivos con la gente del Caribe para tratar de comprender ese mundo?, y ¿si para quienes son oriundos o somos cercanos a tal región “lo real maravilloso”  no es otra cosa que “lo real, real”? ).

(Daniel Samper Pizano,  El mundo palpable de Escalona. Prólogo del libro: Rafael Escalona, el hombre y el mito.  Consuelo Araujo Noguera.  Ed. Planeta. Bogotá. 1988.  Pág.  19-20)

 En Santa Marta éramos “cachacos”, en Medellín “costeños”. Nos alternábamos  entre la arepa paisa y el bollo costeño. Las querencias más íntimas de mi padre siempre estuvieron referenciadas a las personas y lugares de su tierra magdalenense.  Su muerte temprana nos impidió, a sus hijos, darle las gracias por los buenos recuerdos que nos dejaron la compañía, los  vínculos y relaciones de su familia costeña.

Mi primera lectura de Cabo fue el Coronel no tiene quien le escriba,  y en la figura del coronel y su gallo, hallé rasgos de mi abuelo paterno Jorge Salas Bustamante, cuyo padre fue, como el bisabuelo de GGM, un emigrante español, de las isla Canarias. Era delgado, canoso, de camisa blanca almidonada, apostador y criador de gallos de pelea. De las columnas del patio trasero de su casa permanecían amarrados de una pata sus coloridos y sonoros gallos. El abuelo Jorge no nos “llevó a conocer el hielo” como el padre del Coronel Aureliano Buendía sino que nos llevó, a los nietos, a conocer el alucinante mundo de las galleras samarias, contrariando el parecer de nuestra madre que consideraba que la pelea de gallos no era un espectáculo apto para menores.   Como empleado del ferrocarril del Magdalena, el abuelo trabajó en la estación de Ciénaga siendo testigo, en 1928, de la “masacre de las bananeras” y terminó su vida laboral, a diferencia del abuelo de GGM, siendo jubilado de la Frutera de Sevilla, empresa estadounidense de la United Fruit Company. La misma empresa que menciona Gabo en Cien Años de Soledad. Contaba mi abuelo que una vez se encontró en uno de los vagones del tren un maletín negro de cuero lleno de monedas de oro, olvido de un pasajero, el cual como empleado honrado que era, entregó a su superior, el jefe de la estación de Ciénaga, el cual después, obvio,  desapareció del mapa…con el maletín y las monedas.  Una historia de realismo mágico parecida a las contadas en Cien Años de Soledad.  En su vejez, el abuelo Jorge sufría de terrores nocturnos, se levantaba, sudoroso y gritando, por hechos violentos que presenció cuando trabajaba en las plantaciones bananeras. La abuela Isabel, a quien nunca conocimos, murió muy joven de pulmonía, antes de la invención de la penicilina y mi abuelo a sus primeros siete hijos le sumó otros cuatro con su segunda mujer.                       

Fue a los trece años que leí, por primera vez, Cien Años de Soledad.  Mi primera impresión fue la de que GGM no había inventado un mundo nuevo y desconocido para mí, que el mérito de su  trabajo fue plasmar en forma novelada la realidad de una región y de sus gentes. Recuerdo que me sentí feliz, dichoso de encontrar en la prosa poética de esa novela tantas semejanzas y coincidencias con mi extensa parentela costeña de tías, tíos, primos y primas.  Nací de padre samario y madre antioqueña.  Mi padre: Luis Miguel Salas Bermúdez, Lucho le decían su familia y amigos, nació en Santa Marta en el año de 1924, tres años antes que García Márquez, y terminó su bachillerato en el famoso Liceo Celedón, donde también estudio el maestro Rafael Escalona, de su ciudad natal en 1942.  En 1943 vino a Medellín, solo y sin familia que lo acogiera, a cursar estudios en la primera promoción de la Facultad de Ingeniería Química de la Universidad de Antioquia, siendo el primer graduado en 1949. Fue profesional en una época en que tener un título de “doctor” era muy apreciado por la familia y la sociedad. En 1952 contrajo matrimonio con mi madre Celmira Rodas Zuluaga proveniente del corregimiento de Mesopotamia, municipio de la Unión, departamento de Antioquia, quien de soltera se ocupó como  secretaria en una oficina de importaciones.

Como en un espejo, en Cien Años de Soledad palpe el calor agobiante de las tres de la tarde y su modorra, recordé la forma de hablar, las historias, los dichos, las creencias y expresiones del sentir y actuar de mis parientes  costeños. Cada vez que releo la novela vuelvo a revivir pasajes muy gratos de mi niñez y adolescencia. Con Cien Años de Soledad comprendí, tiempo después, que el realismo mágico además de un enfoque y técnica literaria era un forma de asumir, comprender y vivir el mundo de las gentes del litoral Caribe colombiano, al cual tenía la maravilla de pertenecer por mi familia samaria.  Y de ahí en adelante he tenido el placer, el gozo intelectual de haber leído todos sus textos periodísticos, sus biografías y todos sus libros de literatura. Porque muchas veces es por nuestras lecturas literarias, la de los buenos escritores como Gabo, y no por los estudios e investigaciones de las ciencias sociales y humanas que podemos penetrar en las profundidades  y descifrar  los enigmas de la condición humana.

Y sin ser pariente, de ningún modo, de García Márquez, de manera coincidente, veía en él la misma frente amplia, la misma nariz aguileña y la misma  permanente sonrisa de mi padre.   Por todo lo anterior es que la muerte de Gabo me toca en lo más profundo de  mis recuerdos y vivencias de infancia, y he ahí las razones del porque me vi impulsado a escribir este ensayo, modesto homenaje a su memoria.

Al final del prólogo del libro El viaje a la semilla, biografía, de Dasso Saldívar, el escritor colombiano William Ospina, amigo de GGM escribió:

Recuerdo que un día le pregunté a Gabo por que le parecía  tan arduo escribir la segunda parte de sus memorias…Gabo me miró en silencio, y después, desde la plenitud de su celebridad presente, sonrió divertido y me dijo “es que es muy difícil competir con la infancia”.”

Como hemos podido apreciar fueron la influencia de la familia, de sus abuelos maternos en su infancia, de su propio talento de autodidacta, de su firme vocación literaria, de su afinada sensibilidad,  de su disciplina de hierro para escribir, a pesar de las adversidades económicas,  los factores  que le permitieron desarrollar su obra periodística y literaria.  Reconocimiento especial tuvo para otro adulto significativo: su profesor de literatura, español y gramática: Carlos Julio Calderón Hermidia, en el Liceo Nacional de Varones de Zipaquirá, catalogado en esa época como uno de los mejores del país. Fue el profesor Calderón quien le “impulsó el reto de convertirse en un sólido escritor”. A Zipaquirá, conocida por sus minas de sal, Gabo llegó en tren, flaco, melenudo, de bigote incipiente, con su baúl y colchón, becado por el Ministerio de Educación Nacional, de 16 años, en condición de interno, a terminar su bachillerato. Acosado por la soledad, la nostalgia, lejos del calor del trópico, de su familia costeña, sufriendo de gritos y pesadillas nocturnas, soportando el baño helado de las mañanas y el frío del altiplano cundiboyacense, en el Liceo escribió sus primeros cuentos, sus primeros poemas de amor, sus primeras columnas periodísticas en la Gaceta Literaria de la institución, su primer discurso, se destacó en el dibujo y la caricatura y tuvo su primera novia: Berenice Martínez Vélez. También en el Liceo entró en contacto con las ideas políticas de izquierda y con la música clásica. En lo que no mejoró, y siguió siendo su debilidad durante  toda su vida fue en ortografía… En Vivir para contarla, su autobiografía, escribió: “Todo lo que aprendí se lo debo al bachillerato”.  (Gustavo Castro Caycedo. Gabo: Cuatro años de soledad: su vida en Zipaquirá. Ediciones B Colombia. Bogotá. 2012). 

“La ciudad de los 32 campanarios” que describe GGM en  Cien Años de Soledad no es otra que Zipaquirá. Gustavo Castro Caycedo escribe al respecto:

En Zipaquirá, como en la casa de los abuelos de Gabo, (en Aracataca), los cuentos de terror y las leyendas de misterio, especialmente sobre la época virreinal, eran pan diario. Allí eran tradicionales, historias como la de “cocheros fantasmas” que recorrían las calles a la madrugada; la de espíritus de indígenas que atormentaban a los españoles y no los dejaban dormir; y hasta una especie de “Jorobado de Nuestra Señora”, que rondaba por las noches la calle del “Puente de la Leña”, aullando como un lobo”.  (Gustavo Castro Caycedo.  Op.Cit.  Pág.110)

Como consta en sus biografías y en su autobiografía, terminado su bachillerato en Zipaquirá sólo estuvo matriculado durante 14 meses como alumno de Derecho en la Universidad Nacional de Colombia en Bogotá. Por la firmeza de su vocación de escritor contrarió el deseo de sus padres de que su primogénito fuese un profesional graduado. El Derecho perdió un abogado más y la literatura gano un premio Nobel. Sus logros no fueron el resultado de una formación universitaria. Su título de Maestro de las letras y de la lengua española se lo ganó a pulso, por méritos propios.  No necesitó de diplomas que refrendaran su arte genial. Motivo para admirarlo mucho más.  Como también fue de admirar su práctica y valoración de la amistad. La gloria, la fama y el dinero no lo apartaron de los amigos, especialmente a los que conoció y trató antes de Cien Años de Soledad.  Decía con frecuencia que: “escribo para que mis amigos me quieran más”.  

Conocidas fueron sus largas estancias en ciudades extranjeras  como París, Barcelona, la Habana y Ciudad de México; poco conocido es que nunca aceptó tener doble nacionalidad a pesar de los ofrecimientos gubernamentales, siempre entró y salió de los países donde vivió o visitaba con su pasaporte colombiano. Siempre llevó consigo y representó la cultura popular del Caribe colombiano.

En una de sus entrevistas, no recuerdo cuál, García Márquez decía que toda persona tiene tres vidas simultáneas: la pública, la privada y la secreta.  Parafraseándolo diría que la vida pública es la que conocen todos, en la que todos pueden opinar y  entrometerse sin que podamos evitarlo. A la vida privada pertenecen solo nuestros amigos, la pareja y familiares, a quienes permitimos que opinen y juzguen sobre nuestra conducta. La vida secreta solo nos pertenece a cada uno y nuestra conciencia, a nadie más. No admite intromisiones, conocimiento  y juicios de terceros. Enseñanza de GGM que aplico obsecuente al devenir de mis tres vidas.   

Y ya para terminar transcribo algunas frases sueltas que en sus libros y entrevistas pronunció García Márquez sobre el amor, la familia, el matrimonio y los hijos; su vida mortal nos legó una obra literaria inmortal:

“Cien Años de Soledad tenía que ser escrita así porque así hablaba mi abuela”.

"Uno de los momentos más duros que he tenido en la vida fue cuando maté al coronel Aureliano Buendía”.

“Mi recuerdo más vivo y constante no es el de las personas, sino el de la casa de Aracataca donde vivía con mis abuelos. Todos los días despierto con la impresión, falsa o real, de que he soñado que estoy en esa casa”.

“Los hijos no se quieren por ser hijos sino por la amistad de la crianza”.

“Lo que he hecho mejor en la vida no son mis libros sino mis dos hijos”.

“Si algo no he olvidado ni olvidaré nunca es que, en la verdad de mi alma, no soy ni seré nadie más que uno de los dieciséis hijos del telegrafista de Aracataca”.

“Lo más importante de un buen matrimonio no es la felicidad sino la estabilidad”.

“Las mujeres piensan más en el sentido oculto de las preguntas que en las preguntas mismas”.

“El problema de la vida pública es aprender a dominar el terror, el problema de la vida conyugal es aprender a dominar el tedio”.

“El problema del matrimonio es que se acaba todas las noches después de hacer el amor, y hay que volverlo a reconstruirlo todas las mañanas antes del desayuno”.

“El sexo es el consuelo que uno tiene cuando no le alcanza el amor”.

“Creo que no hay una mayor desgracia humana que la incapacidad de amar”.   



Gabriel José de la Concordia García Márquez, en su primer cumpleaños.
Foto Archivo familiar García Márquez/Randon House Mondarian 
 
Nicolás Ricardo Márquez Mejía – Tranquilina Iguarán Cotes / abuelos maternos de GGM
Foto Archivo familiar García Márquez

GGM como bachiller del Liceo Nacional de Varones de Zipaquirá, 1946
Foto: Fundación La Cueva 




Gabo con su madre Luisa Santiaga Márquez y hermanos, en Cartagena de Indias
Foto Revista Cromos


GGM con su esposa Mercedes y sus hijos Rodrigo y Gonzalo/Foto Baldomero Pestana


La casa natal de GGM en Aracataca –Magdalena

Gabo recibiendo el premio Nobel de Literatura, de liquiliqui, en Estocolmo, 1982 / Foto AFR


GGM de visita a Aracataca en su 80 cumpleaños en el “tren amarillo” con su esposa Mercedes, 2007 –  Foto Agencia EFE

(Fotos bajadas de Internet)


Saturday, May 03, 2014

Leer y Escribir la Realidad para ser Libres





 
Equipo de trabajo proyecto de alfabetización “Leer y Escribir la Realidad para Ser Libres”
 
Grupo Calor de Hogar durante evento de entrega de certificados


“HE VUELTO A NACER …”

“ERA MI MÁS GRANDE SUEÑO”

 MARAVILLOSOS GRADOS COLECTIVOS

El pasado martes 25 de marzo de 2014, en el teatro Lido de Medellín, graduamos 177 adultos y adultos mayores, 132 mujeres y 47 hombres, del proyecto de alfabetización Leer y Escribir la Realidad para Ser Libres. Esta es la V cohorte de graduados desde que inicio el proyecto en el año 2009.  En esta oportunidad contamos con el apoyo y el acompañamiento de la Corporación Promarginados, de Fundacor, del Hogar Bello Horizonte, de la Corporación Sigen, del Hogar Samana – Wasi, de la junta de acción comunal  los Mangos, de la junta de acción comunal Zona 30, de la junta de acción comunal La Torre,  de la Corporación Calor de Hogar, del Refugio de Ancianos de San Cristóbal, de la Fundación para la Paz y la Libertad Social y del Programa de Atención al Habitante de calle Adulto del Municipio de Medellín. Gracias a estas organizaciones pudimos contactar a las personas iletradas residenciadas en 12 barrios de la ciudad.

Leer y Escribir la Realidad para Ser Libres es más que un proyecto de alfabetización de adultos, es una apuesta coherente e integral de inclusión social, de restitución del derecho negado a la educación.  Él acceso a la educación es un derecho fundamental de toda persona, independiente de su género.  Circunstancias de índole familiar, social, cultural y económicas siguen negando este derecho a miles de personas en Colombia y muchos otros países. Los Estados son los garantes del cumplimiento de este derecho.  Su incumplimiento es una vergüenza pública, un atentado a la Dignidad Humana, una falla grave del Estado Social de Derecho. 

Sin educación las personas no pueden aspirar a un oficio o empleo con condiciones justas y una remuneración adecuada.  Sin empleo y sin ingresos estables no es posible alcanzar una pensión de jubilación y así la vejez se convierte en una dura etapa de la vida donde la indigencia, la enfermedad y la soledad llevan a las personas a depender de los hijos, si se tuvieron,  la beneficencia pública y la caridad social.

En la Fundación Bien Humano nos sentimos muy felices y orgullosos de contribuir a restituir el  derecho a la educación que posibilita a los graduados recuperar su autoestima dar un nuevo sentido a sus vidas, a sus relaciones interpersonales y a ejercer plenamente su ciudadanía.

Qué bueno sería que en Antioquia, la más educada incluyese, también, a las personas adultas y adultos mayores en su propuesta…

Qué bueno que en Medellín, la ciudad más innovadora del mundo, se fijara la meta de erradicar el analfabetismo de su población adulta…

Leer y Escribir la Realidad  para Ser Libres dispone de un completo y cualificado equipo de profesionales en el área de la educación y las ciencias sociales.  Un Doctor en Educación, 3 tutoras Licenciadas, una Gerontóloga, una Sicóloga y un Trabajador Social tienen a su cargo la responsabilidad de cumplir con los objetivos del proyecto.   Para ellos nuestro reconocimiento.

Desde el 2009 han participado del proyecto 992 personas; muchas de ellas han continuado la validación de su primaria y bachillerato.  Esperamos este año obtener del Ministerio de Educación Nacional la aprobación de Leer y Escribir la Realidad  para Ser Libres como modelo educativo flexible, lo cual nos permitirá tocar las puertas de las Secretarias de Educación departamentales y municipales, para así poder ampliar la cobertura geográfica y poblacional del proyecto

Agradecemos, de nuevo, a las organizaciones que nos han apoyado en estos años con sus recursos financieros a: Fundación Fraternidad Medellín, Fundación Las Américas, Fundación Sofía Pérez de Soto, Fundación Alfabetizadora Laubach, Proliteracy Worldwide y a Protección S.A.

Pero son los testimonios de los graduados los que mejor expresan su valor y la alegría y orgullo por los logros alcanzados:

1.      En mi casa se formó un caos porque yo entré a estudiar y hasta me han hecho llorar porque a veces me dicen cosas muy malucas, pero siento que he aprendido muchas cosas, a leer bien a sumar y a restar, por ejemplo yo trabajo por catálogos y revistas y ya se hacer los pedidos y colocar bien los números para hacer las cuentas” (LAURA ROSA ZAPATA VANEGAS, GRUPO POPULAR 1 ALTOS DE LA TORRE MARZO 2014)

2.      “Yo he recordado lo poquito que había aprendido en la escuela cuando era niña, además he aprendido muchas otras cosas como escuchar a mis compañeros y sobre todo hablar en público, ya ni me da pena salir al tablero porque uno aprende que todos nos equivocamos, hasta los profesores y que lo importante es intentarlo una y otra vez” (BLANCA INES FIGUEROA, GRUPO POPULAR 1 ALTOS DE LA TORRE MARZO 2014)

3.      “A mí me ha servido para conocer a las personas porque cuando alguien sabe se ríe del que no sabe y termina engañándolo y todo eso, pero las personas que se ríen de uno porque uno no sabe son hasta ignorantes porque unos sabemos unas cosas y otros saben otras diferentes pero todos somos iguales” (ALCIDES DE JESÚS CASTAÑO CASTAÑO, GRUPO POPULAR 1 ALTOS DE LA TORRE MARZO 2014)

4.      “Este proyecto me enseñó sobretodo que todas las personas valemos y que podemos alcanzar las metas que queramos si le ponemos ganas y mucha paciencia porque yo era una que no creía en mí y que pensé que a mi edad ya no se podía y vea profesora con usted aprendí a leer y a escribir que era mi más grande sueño y eso me ha servido porque mis nietos pasan más tiempo conmigo haciendo tareas y nos ayudamos entre todos” (LIBIA ROSA GARCÍA DE BRAN, GRUPO BRISAS DEL JARDÍN MARZO 2014)

5.      “A  mí el médico me decía que dejara de ser boba que no me esforzara las vistas porque yo no iba a aprender a leer y a escribir nunca y que eso solo me iba a poner más ciega, pero vea profesora como es la vida, dejé de ir a donde ese médico y creí en mí y en ustedes y ahora sé leer y escribir, no todo, pero si muchas palabras y eso me ha ayudado porque ya puedo leer el letrero de los buses y los almacenes y las tiendas y hasta leer cosas como lecturas de cuentos y las hojitas que le entregan a uno en el centro” (MARÍA GILMA RAMIREZ, GRUPO BRISAS DEL JARDÍN MARZO 2014)

6.      “Yo creo que yo era la más indisciplinada del grupo pero era porque siempre venía al estudio con mucha alegría, yo no sé decirle todo lo que aprendí pero sí me ha servido para mucho porque esto me llena de felicidad y olvido los problemas y vea, ya no me da miedo decir las cosas y defender mis derechos porque me separé de mi marido que me dejó los ojos colombinos, colombinos y ahora soy otra y quiero ponerme a  trabajar y he vuelto a nacer” (LUZ DARY CORTES CONTRERAS, GRUPO BRISAS DEL JARDÍN MARZO 2014)

7.      “Yo no veo la hora de que sea sábado para venir a estudiar, me levanto temprano, hago mis cosas y salgo a estudiar y el día se me va cortico, al principio entré a estudiar pues, porque quería entretenerme pero con solo la primer clase ya quería seguir volviendo, creo que cada vez me vuelvo mejor persona y escucho más a los otros y comprendo que somos diferentes y que cada quién tiene que decidir por ella misma y que no hay edad para el estudio ni para alcanzar los sueños” (MARTA MORENO, GRUPO MANGOS MARZO 2014)

8.      “Mis nietecitos estás felices todos me revisan las tareas, mamita venga yo veo cómo le está yendo, mamita venga yo veo qué le están enseñando y mis hijos se sienten muy orgullosos de mí y me apoyan, mire los cuadernos que me compraron (pasta dura, hojas con bordes de color rosado) yo estoy feliz porque se mantienen más pendiente de mí y puedo repasar con ellos todos los días, estoy feliz” (HERMINIA ECHEVERRY, GRUPO MANGOS MARZO 2014)

9.      “Haber participado en el proyecto me ha servido para muchas cosas, yo creo que lo primero es que ahora por lo menos hablo… (pausa) y eso es una ventaja porque yo no hablaba nada (pausa) lo otro es que he recordado muchas cositas y aprendido otras cosas que a la edad de uno no se imaginaba (pausa) y que todos somos diferentes y que tenemos muchos derechos pero que como no los reclamamos no nos lo entregan” (LEONISA ARANGO, GRUPO MANGOS MARZO 2014).


 
Estudiantes del grupo Santo Domingo Savio, durante evento de entrega de certificados
 
      Estudiantes del proyecto en evento de entrega de certificados


Luis Julián Salas Rodas
Director Ejecutivo
Fundación Bien Humano