Thursday, December 28, 2017

INÉS ELVIRA GAUTIER RESTREPO: UNA VIDA DEDICADA AL TRABAJO SOCIAL Y A LAS FAMILIAS DE COLOMBIA, 1932 – 2017






INÉS ELVIRA GAUTIER RESTREPO: UNA VIDA DEDICADA AL TRABAJO SOCIAL Y A LAS FAMILIAS DE COLOMBIA,  1932 – 2017

Luis Julián Salas Rodas
Sociólogo
Especialista y Magíster en Ciencias Sociales
Magíster en Ciencias de la Educación

Familiayotros.blogspot.com.co
@LuisJulianSalas

Medellín – Colombia



Ana Restrepo de Gautier, madre de Inés Elvira, fue fundadora, con otro grupo de señoras católicas de la sociedad de Medellín, del Comité de Damas de la Caridad, en 1934, con la misión de atender las necesidades materiales y espirituales de las personas y las familias en sus domicilios, bajo los preceptos de San Vicente de Paúl, patrono universal de la caridad. Bajo la guía de las obras de misericordia las Damas desplegaron durante 35 años un trabajo de atención integral a alrededor de 5.000 familias en el barrio Las Estancias de la zona centro-oriental de la ciudad. En su mejor época las Damas constituyeron una red de 360 mujeres,  cada una de ellas responsables de atender entre 10 y 15 familias en sus domicilios. Lo que hoy se conoce como Gestores Sociales de los programas gubernamentales de erradicación de la pobreza extrema ya lo hacían, a su manera y con mucha mística, estas comprometidas Damas. 

Inés Elvira fue la segunda hija del matrimonio de Augusto Gautier, ciudadano puertorriqueño, y la antioqueña Ana Restrepo. Lo que se hereda no se hurta, dice, con sabiduría un adagio popular, y en Inés Elvira se hizo visible, en todo el curso de su vida, el legado del servicio social de su señora madre por las personas y las familias más vulnerables y necesitadas. Fue así como se matriculó como una de las primeras alumnas del programa de Servicio Social de la Universidad Pontificia Bolivariana UPB en la década de los años cincuenta del pasado siglo. Enseñanzas académicas que supo poner en práctica con la comunidad y las familias del barrio Las Estancias, sede operativa de la Sociedad de Damas de la Caridad. Y al tiempo que ejercía su labor social en dicho barrio se desempeñaba como profesora de cátedra en la Facultad de Trabajo Social de la UPB, actividades que compartió con otra reconocida  pionera del  trabajo social en Antioquia: Cecilia Ángel Restrepo. Ésta doble función posibilitó convertir al barrio Las Estancias en el centro de prácticas de las alumnas de la facultad y, además, de un espacio para el ejercicio profesional de las graduadas. De esa forma, la Sociedad  de Damas de la Caridad fue de las primeras entidades sin ánimo de lucro de Medellín en contar con trabajadoras sociales tituladas, y no solo con mujeres voluntarias como era costumbre de la época  El concurso de la academia en la gestión social permitió a las Damas hacer la transición de una entidad asistencial a una especializada en prestación de servicios.

Fueron pasando los años y a mediados de los años sesenta del siglo XX  la Sociedad de Damas de la Caridad se enfrentaron a dos grandes amenazas que intentaron vulnerar la a autonomía programática, administrativa y financiera de la entidad: el control de la comunidad de los padres lazaristas y los conflictos del cura párroco por no permitírsele ser parte de la junta directiva. La primera  amenaza la resolvieron creando otra organización: la Fundación para el Bienestar Humano FBH a la que transfirieron los activos y el patrimonio, decisión que causo división entre las socias por cuanto unas se adhirieron a la Fundación y otras siguieron perteneciendo a la Sociedad de Damas de la Caridad. La segunda amenaza, que dividió a la comunidad entre partidarias de las Damas y partidarias del cura párroco, párroco  que por cierto después colgó los hábitos,  la resolvieron dando fin a los programas en Las Estancias y vendiendo las instalaciones al municipio de Medellín. Éstas trascendentales decisiones, asumidas frente a la jerarquía eclesiástica, fueron lideradas por la templanza y el carácter tanto de Inés Elvira como de su y su señora madre, decisiones que no fueron fáciles de tomar, que generaron oposición y enemistad personal entre las socias pero que era lo que tocaba hacer y el tiempo, que siempre es el mejor juez, les dio a ambas la razón.

Decisión y templanza del carácter que Inés Elvira mostró, recién cumplido, sus 16 años cuando se fugó de la casa para casarse a escondidas, en Pereira, con Álvaro Restrepo Vélez, con quien tuvo dos hijos, Diego y Pablo, y compartió 35 años de feliz matrimonio hasta la muerte prematura de Álvaro a los 51 años de edad. Su esposo Álvaro fue abogado, viceministro de Desarrollo Económico, vicepresidente financiero de Fabricato y profesor universitario de sociología e historia de la literatura universal  pero ante todo era un intelectual de vasta cultura  y autor de varios de poesía. Uno de sus ocho poemas de juventud lo tituló  Romance de luna y agua escribió:

Inés Elvira Gautier
Suspiro de luna y agua
Resplandor de claras luces
En tu mirar de gitana
Resonar de castañuelas
En tu sonrisa dorada-
Alma que sueña cantando.
Canto que sueñas en su alma.
Dos trenzas que son dos sueños
En una noche estrellada.
Estatua de Andalucía,
Color de mañana clara.
En tu acento soñador
Se oye cantar la alborada.
Fandangos y serranillas
Del Marqués de Santillana
Se concentraron en ti.
Inés Elvira Gautier
Suspiro de luna y agua
 
Decisión y templanza, tanto de la madre como de la hija,  que compaginaban con la franqueza y la ausencia de temor para  sostener y defender argumentos cuando  discrepaban de una posición o tema determinado. La fortaleza del carácter  es una virtud que se aprecia socialmente  pero que genera rechazo e inconformidad en las personas que de ella carecen. Tanto madre como hija siempre expresaron lo que opinaban y sentían. El silencio nunca fue la forma de responder ante algo o alguien con quien no se estaba de acuerdo. Y al ser madre e hija tan parecidas en el carácter no faltó ocasión para el  desencuentro, pero nunca para el disgusto.
 
La partida del barrio Las Estancias no fue el fin de la F BH sino la oportunidad para iniciar una nueva etapa de vida institucional en el trabajo con y para las familias del país: el de la promoción, prevención y educación familiar. En 1972 Inés Elvira asume la presidencia de la junta directiva de la Fundación y en 1975 asume la dirección ejecutiva donde lidera, con un equipo de expertos, el Primer Plan de Trabajo con La Familia y dedica a su desarrollo todo el potencial humano y económico de la Fundación  bajo la siguiente hipótesis de trabajo:

Adquirir conocimientos es uno de los elementos que incrementa la posibilidad de generar cambios positivos de actitud y de comportamientos en las personas. Por lo tanto si se facilita el acceso, a padres y madres de familia, a los conocimientos relativos al ciclo vital humano, se les dará oportunidad para que cambien o mejoren su desempeño como formadores de los hijos.
 
Hoy todos sabemos y reconocemos la importancia de una buena Primaria Infancia en la vida de las personas, tanto que ya es una política pública estatal; y lo es porque en la Primera Infancia se dan o no las bases del desarrollo de la personalidad, de la inteligencia, de la socialización y del cuerpo, pero en años pasados no era así.

Hace más de cuatro décadas bajo el liderazgo de Inés Elvira Gautier Restrepo, desde la dirección ejecutiva de la FBH, se dio inició al programa educativo preventivo Vivamos en Familia con énfasis en la infancia y la interrelación padres-hijos. Vivamos en Familia fue un programa innovador que, vía presencial, distancia y radio, cubrió 512 municipios, zona rural y urbana, en los 32 departamentos del país, siendo adoptado por el Ministerio de Educación Nacional en los años 80, como base para las Escuelas de Padres de las instituciones educativas públicas. Alrededor de 65 mil educadores y educadoras participaron del programa como agentes multiplicadores. En 1987 ideó y puso en ejecución la campaña radial Vivamos en familia cuyo contenido consistía en mensajes promocionales de corta duración acerca de la mejor forma de educar a niños, niñas y adolescentes. Tanto la serie radial como la campaña Vivamos en Familia se alcanzó a transmitir en 863 emisoras parroquiales y comunitarias de Colombia. Todo lo anterior fue posible gracias a la visión, inteligencia, compromiso  y entusiasmo de Inés Elvira, acompañada por la junta directiva y un equipo de expertos en temas de familia. Un trabajo que sigue siendo válido y prioritario para la sociedad y las familias de la patria. Acciones que han merecido el reconocimiento nacional al serle otorgado el premio nacional de solidaridad por parte de la Fundación Alejandro Ángel  Escobaren 1989, el premio más importante que se concede en Colombia a una entidad sin ánimo de lucro. 

En 1984, a mis 26 años, ocurrió el encuentro mi encuentro con Inés Elvira cuando fui seleccionado y contratado como profesional orientador de grupos de la Fundación para el Bienestar Humano. Durante cinco años tuve la oportunidad de trabajar con numerosos grupos de padres, madres, educadores, y normalistas tanto de las zonas urbanas como las más alejadas veredas del país. Ese tiempo  fueron los más  maravillosos años de  escuela y formación de mi vida profesional como sociólogo. Bajo la tutela entusiasta y comprometida  de Inés Elvira  un equipo de 9 profesionales de las ciencias sociales y humanas compartimos conocimientos, aprendizajes y prácticas en el área de la interrelación padres-hijos. Para ello nos valíamos de las ayudas y recursos didácticos más innovadores de esos tiempos: las filminas, las carteleras, los casetes y las grabadoras portátiles. Lejos estaban aún los días de la  internet, de la virtualidad, del computador, del power point, del whatsapp, del smarthphone, de la  redes sociales. Una época donde los informes se escribían a mano, en lápiz y papel, para luego ser transcritos a máquina por la secretaria.
  
La actividad directa con las familias se complementaba con la  investigación social aplicada para determinar, en la forma lo más científicamente posible, si el trabajo realizado con la familias generaba o no cambios positivos de actitud y de comportamientos entre sus integrantes. Una gestión poco usual en las ONG de la época. Percibir y comprobar  de manera directa la efectividad de esos cambios;  viajar y conocer distintas regiones y poblaciones de la geografía nacional hacía de nuestro trabajo en la FBH una fuente  permanente de  enriquecimiento personal y profesional,  era una especie de reconfortante salario emocional.

1984 fue, también, un año de celebración de los primeros 50 años de existencia de la Fundación para el  Bienestar Humano. Con tres meses apenas de vinculación recibí el encargo de Inés Elvira de ser el maestro de ceremonias del acto solemne de celebración y para tan honroso encargo tuve que acudir a mi tarjeta de crédito, a plazos, para vestirme para la ocasión, con saco, pantalón, camisa, corbata y zapatos nuevos para representar con decoro y dignidad a la Fundación en sus efemérides. Creo que pase la prueba y no defraudé a Inés Elvira por la  confianza depositada en mí, yo un recién llegado a la Fundación.

Y volviendo al tema de la templanza del carácter dio Inés Elvira una lección, de por vida, a una compañera del equipo de profesionales que llegó tarde, sin excusa válida, a un  compromiso con un grupo de padres y madres de familia de una escuela, su tardanza fue sancionada en el acto impidiéndole entrar al salón de clase. Después de tantos años aún la compañera y amiga recuerda, con afecto y gratitud, este hecho que le dejó la impronta, de por vida, de llegar a tiempo a los compromisos adquiridos. 
  
En el mundo laboral abundan los jefes arbitrarios y despóticos que abusan de su poder ante los subordinados y subvaloran o ignoran sus méritos. Escasean los jefes-líderes que con tacto, entereza y prudencia llaman la atención de sus empleados  ante las faltas cometidas pero sin dejar de motivar y reconocer, en justicia, los logros de sus empleados. Inés Elvira siempre hizo parte y dio testimonio de una verdadera jefa-líder. 

Tres años después de mi retiro de la FBH recibí una llamada inesperada de Inés Elvira la cual después del saludo me preguntó: ¿Julián, no te gustaría remplazar a la Reina? A lo que respondí: No entiendo Inés Elvira, ¿Qué me quieres decir? Que me vuelvo a casar y me retiro de la dirección de la FBH y hemos pensado en ti en la junta directiva como mi remplazo. ¿Qué me dices? Qué si, sin dudarlo, le contesté. Nunca estuvo en mis planes ser director de una ONG pero la oportunidad se presentó y acepte ánimo. Bueno y esa respuesta afirmativa fue mi regreso a la FBH en calidad de director ejecutivo, cargo que desempeñe por 24 años consecutivos. En total fueron 29 años de mi vida profesional en esa noble y querida Fundación. A Inés Elvira y a la Fundación les debo  el acercamiento y estudio del tema de familia como objeto de mí que hacer de escritor e investigador.   
  
Asumí, entonces, con entusiasmo, responsabilidad y sentido de pertenencia el legado institucional de doña Ana Restrepo de Gautier, sus compañeras fundadoras, y de Inés Elvira. Años en que siempre tuve presente las enseñanzas de mi maestra Inés Elvira en cuanto a la rectitud, coherencia, transparencia, reputación y eficiencia en la dirección ejecutiva de una ONG.  Pero el legado de Inés Elvira no solo fue su participación activa en la Sociedad de Damas de la Caridad y la Fundación para el Bienestar Humano, hoy Fundación Bien Humano, también lo hizo en otras juntas directivas de ONG de la ciudad como la Asociación Antioqueña de Voluntariado ADEVOL, la Corporación Hogar, Corporación Permanente para la Educación de la familia CEPAS,  Club de la Edad Dorada, y Federación Antioqueña de ONG; fue también voluntaria de la Clínica de Maternidad Luz Castro de Gutiérrez. En el sector público se  desempeñó como secretaria de educación del municipio de Medellín. Inés Elvira Gautier Restrepo, al igual que su señora madre, dedicó su vida profesional  a concretar iniciativas y proyectos de beneficio a las comunidades y familias en las organizaciones del sector social de Antioquia. Un ejemplo de vocación y de servicio generoso. Ellas representaron lo mejor de esas generaciones de personas que dieron sentido a su existencia comprometiéndose a fondo con el cumplimiento de una misión, de una causa social, sin importar desvelos y preocupaciones, sin esperar, tampoco, retribución o agradecimiento. 

Mi gratitud y admiración, por siempre, para Inés Elvira y sus obras. Por la huella que nos dejó que orgullo, que satisfacción tan grande, un privilegio haberla conocido, tratado y aprendido de su ejemplo y enseñanzas. ¡Tuvo ella una  vida provechosa y  bien vivida!