Friday, May 12, 2017

El impacto de la conciliación en las familias

EL IMPACTO  DE LA CONCILIACIÓN EN LAS FAMILIAS

Empresa Familiarmente Responsable EFR


LUIS JULIÁN SALAS RODAS

Sociólogo.  Especialista y Magíster en Ciencias Sociales
Magíster en Ciencias de la Educación: opción Desarrollo Social
Ex director ejecutivo de la Fundación Bien Humano


MARÍA AMALIA TRUJILLO JARAMILLO

Psicóloga. Especialista en familia
  
Medellín - Colombia
   
“No es la crisis de la familia la que genera los problemas de nuestra civilización. Son los cambios en las estructuras económica y sociales las que le quitan  como agente de  socialización y formación”
Roberto Lerner

 PARA REFLEXIONAR

¿Qué  tipos de familia  son las que tenemos hoy  en la empresa?

¿Qué  familias son las que soñamos?

¿Cuáles son los efectos  de la reducida presencia de los progenitores sobre el bienestar de los hijos (bienestar físico, emocional, rendimiento escolar, relacionamiento social)?

El tiempo de calidad: ¿solución o excusa? 
                                                
Familiarización y desfamiliarización de la crianza y el cuidado de los hijos

No pretendemos dar a conocer un estudio  sobre la familia en Colombia sino  los  cambios y transformaciones que esta ha tenido en la contemporaneidad, y  los retos  de la conciliación para lograr que la familia cumpla sus funciones y  responsabilidades así como  el papel que esta juega en  la construcción de seres íntegros, éticos y responsables.

Para poder  dar respuestas  y construir una cultura de conciliación  y equilibrio en la vida personal, familiar, laboral  se hace necesario reflexionar lo que entendemos por familia, sus funciones, características y problemáticas, de forma que podamos comprender que el diseño e implementación de estas medidas no solo  impactará a las personas sino  también a las familias  como una responsabilidad  social pero también como el stakeholder que esta  representa para las empresas.  Sabemos que las   medidas EFR como calidad de empleo,  flexibilidad temporal y espacial  y apoyo a la familia  tienen un alto impacto en las familias, y que  al conocer las realidades  de ellas  y sus  necesidades; es importante pensar y reflexionar cuáles están dirigidas al colectivo  de la familia como sujeto de derechos y que  fomentan el ejercicio de la parentalidad,  establecimiento de vínculos sanos y positivos, la crianza humanizada, la  prevención de violencia intrafamiliar, la prevención del embarazo adolescente, el alcoholismo y la drogadicción, entre  otras.

Todos los seres humanos reconocemos en la familia uno de los principales motivos de existencia humana, otros como la fuente de felicidad, otros  como una dimensión   importante en la realización de sí mismos.  En el estudio sobre Valores, Representaciones y Capital Social en Antioquia, 2013,  al indagar sobre la importancia de la familia se concluye que:

Independientemente de cualquier consideración teórica o normativa, la familia es la institución en la que más confían los habitantes de Antioquia. Los datos apenas difieren en pocos puntos porcentuales entre la metodología de encuestas y la metodología experimental. La familia goza de más confianza que cualquier grupo informal o formal de la sociedad civil y mucha más confianza que cualquier entidad estatal, por lo cual puede afirmarse –sin lugar a dudas– que es parte fundamental de la estructura básica de la sociedad antioqueña… La familia también es –en Antioquia– el principal medio de socialización de las personas. Cada habitante del departamento se relaciona en promedio con 6.4 familiares, diferentes a los que viven con él en el mismo hogar, una cifra que excede en dos enteros al grupo que le sigue en importancia que son los vecinos. (Pág.: 52, 54).

Es por ello que nuestra primera reflexión se dirige a poder conocer los cambios y transformaciones que  la familia ha tenido, especialmente en la contemporaneidad para poder  comprenderla y establecer  con claridad, acierto y coherencia las necesidades de conciliación.  Es evidente que la familia, en la primera década del milenio es permeada por factores de diversa índole que repercuten en toda su organización y en sus interacciones eco sistémicas, entre ellas la empresa, pero también la economía, el contexto, las políticas sociales, educativas y religiosas.  La familia ha sido, sin duda, uno de los actores sociales que ha vivido las transformaciones más profundas; cambios que oscilan en la descomposición- recomposición de formas  familiares, como expresión de la fragmentación de la sociedad colombiana, de los procesos de inclusión – exclusión, de violencia, desplazamiento, migración, de la fragilidad de los vínculos  afectivos  y de cambios  progresivos en las relaciones de  género, especialmente de la mujer  lo que ha incidido en la evolución de la familia. Sin duda  estos  cambios  han llegado a  las empresas y se expresan  a nivel privado en  problema de  rupturas de pareja, suicidios,  enfermedades,  fracasos escolares, embarazo adolescentes, problemas  alimenticios, consumo de drogas, abuso sexual, violencia intrafamiliar y endeudamientos. Estos  cambios en el “mundo privado”  trascienden en la empresa  en conflictos laborales, desmotivación, bajo rendimiento, productividad, ausentismo, poco compromiso, estrés e infelicidad. La OIT señala que La tensión entre vida familiar y laboral puede generar un menor rendimiento en el puesto de trabajo, insatisfacción e incremento de la rotación a nivel de unidades productivas”

Hasta hace unas décadas el modelo tradicional de familia que prevalecía, se   caracterizaba  por una infancia  que se desarrollaba  en el hogar, la madre estaba dedicada  a la crianza, y el cuidado de los hijos y el hogar, la alimentación, las tareas escolares, el cuidado y por otro lado el padre estaba en el mundo laboral y público encargado de la solvencia económica y el ejercicio de su profesión con poca o nula presencia en la familia. Uno de los cambios sociales  de los años  60 fue la incorporación de la mujer al mundo profesional y laboral por lo cual  el mundo familiar, privado y público empezó  a transformarse tanto para las mujeres como para los hombres. La mujer empezó a  combinar los nuevos roles profesionales y laborales con el cuidado de la familia, sin embargo los hombres  apenas empiezan a combinar estos roles y todavía social y culturalmente  los hombres no  han asumido en  igualdad de condiciones las tareas  y responsabilidades del mundo familiar  reconociendo que laboralmente persisten prácticas en las que  este cambio  cultural no  responden  a la nueva realidad de la familia. Padres y madres vivencian grandes dificultades para ejercer sus  funciones parentales y dar el soporte psicológico y emocional que  requieren los hijos y lograr su estabilidad y adaptación.   

Los  procesos de urbanización e industrialización, al pasar de una económica agrícola a una industrial y  en la actualidad  a  una económica  globalizada caracterizada por el consumismo, el capitalismo  y el modelo neo-liberal, y  la revolución en las comunicaciones con el uso y consumo de la televisión, computador, internet, el celular y las redes sociales  y en Colombia,  fenómenos como el narcotráfico y el dinero fácil, la Constitución Política de 1991 y  un nuevo contexto jurídico; han transformado a la familia  no solo en su estructura sino también en su funcionamiento, características y  dinámicas que se evidencian  en la reducción de la  tasa de natalidad y mortalidad infantil y en general de la población,   la pérdida de fuerza de la familia  nuclear y extensa, el aumento de divorcios y rupturas de pareja así como una recomposición de esta;  al hogar llegan nuevas imágenes familiares, valores sexuales, estilos de vida y  hábitos que antes no habían sido confrontados por las generaciones y  los miembros de la familia. 

Estos cambios han diluido, extinguido e incluso reducido las funciones que tradicionalmente cumplía  la familia; funciones como la procreación, el cuidado de sus miembros, la educación, la inserción en la sociedad, el mantenimiento económico del hogar, la preparación de alimentos, la producción y adquisición de bienes, son funciones que  la familia  ha empezado a encomendar a otras instancias; sin embargo hay dos funciones que consideramos que son indelegables y sobre las cuales invitamos al mundo empresarial  para que a través del modelo de conciliación EFR podamos  contribuir  a que la familia  las ejerza sin necesidad de  delegarlas, mejorando la calidad de vida y el bienestar de la familia y por supuesto de sus miembros. Estas funciones hacen referencia al soporte emocional, acompañamiento psicoafectivo y socialización; los cuales  son  esenciales para  el desarrollo de una personalidad sana, estable y feliz.  La familia  transmite  a los niños  los valores y normas sociales, que le permitirán   vivir  integrado socialmente, enfrentarse  equilibradamente a una sociedad competitiva, cambiante y conflictiva, relacionarse y establecer vínculos afectivos sólidos y adaptados. El vínculo afectivo es lo que nos une, nos conecta, nos proporciona seguridad e identidad, nos liga de por vida a la familia y a la parentela.  Cuando el vínculo afectivo no se instala de forma adecuada  se presentan situaciones de sobreprotección, abandono, negligencia, indiferencia, indulgencia y violencia en la relación padres-.hijos, situaciones que afectan  de manera negativa la oportunidad y la calidad de los cuidados en la infancia.

Hito  en la  evolución de la familia.
  
La Des-familiarización

La des-familiarización es el resultado histórico de los procesos de modernización y urbanización de las sociedades que han conllevado la pérdida de funciones y responsabilidades de la familia tradicional en la crianza, formación y cuidados de sus miembros.

Reiteramos nuestra convicción de que son los padres y madres, las personas más importantes y decisivas en la formación de los infantes. Ellos y ellas, y no otras personas, crean y mantienen los vínculos emocionales y afectivos con sus hijos e hijas. Su presencia y permanencia determinan la socialización primaria, la identidad, la confianza básica, la autoestima, y la estabilidad emocional y afectiva de ellos.  Su ausencia  o su presencia conflictiva generan trastornos y problemas que más tarde se reflejarán en las relaciones y vínculos con la sociedad.  Afirmamos la prelación de un cuidado con afecto y amor  sobre un cuidado retribuido en dinero y como la precaria situación de cuidado de los niños/niñas, personas enfermas o discapacitadas y adultos/as mayores, particularmente de familias de menores ingresos, genera mayores riesgos para su salud, integridad física, emocional y psíquica. Además, la falta de educación temprana perjudica el posterior rendimiento y/o deserción escolar.

La familia es “agente que cuida y de cuidado”.  La familia, independiente de su conformación y organización, es el único grupo humano que permanece y nos acompaña en todas las etapas del curso de la vida, todos los otros grupos y organizaciones son temporales.  La familia y el parentesco crean vínculos emocionales, afectivos, legales y solidarios que no pueden ser asumidos ni  sustituidos  por el Estado, la sociedad o el mercado. Los vínculos parento-filiales y filiales  son de por vida. Se puede ser ex pareja, ex conyugue pero nunca ex  padre, ex hijo o ex hermano. Reiteramos  el derecho constitucional de los niños y niñas  a tener una familia y a no ser separados de ella.  

La revolución tecnológica e informática

La revolución informática nos enfrenta  a una paradoja propia de la época;  la manera como ésta promueve nuevas formas de ser y el papel mediático y socializador que cumplen en el entorno familiar y como ello influyen en la estructura y  el funcionamiento familiar, generando ventajas en el cuidado parental, las tareas domésticas, las conexiones globales, pero al mismo tiempo crea referentes emocionales y afectivos, que distorsionan los vínculos y prioriza las relaciones con las web, las redes sociales, el sexo, la pornografía virtual, el acoso electrónico, entre otros. Y por supuesto encontramos a pesar de las bondades en el avance tecnológico, muchos de nuestros niños, niñas, jóvenes y dependientes se encuentran cada vez más solos y pasan más tiempo bajo el cuidado de otras personas  que  no son justamente los padres y madres por lo cual el cuidado, la crianza, la educación y acompañamiento  cada vez está más relegado  a otras instancias. Es por ello que recalcamos lo importante que es la familia como la  primera entidad de protección, atención, desarrollo y cuidado de los niños; en la familia se construyen  las primeras relaciones de las personas, es soporte afectivo y emocional, transmite  pautas de comportamiento, la red primaria para la educación y la inserción en la sociedad, garantiza la confianza, la  autonomía, la identidad y seguridad en sí mismo.

La crianza  y los cuidados en los tiempos de la virtualidad

Hacia finales del siglo XX los agentes del proceso de socialización de la niñez eran la familia, la escuela, los pares y los medios de comunicación (TV, radio, prensa y cine).  En la actualidad debemos sumar  el Internet,  las redes sociales, los videojuegos, las consolas, los computadores, las tabletas  y los teléfonos móviles.  Para las nuevas generaciones pareciera ser que no  existiese diferencia entre la virtualidad y la realidad.  ¿La virtualidad es la realidad para ellos? Las nuevas tecnologías de la información y la comunicación, TICS, han transformado los vínculos y las relaciones entre  las personas. Las exigencias de la conectividad permanente han conllevado a que se preste más importancia al ausente que al presente, han cambiado la cotidianidad de la vida familiar, social y laboral.  Niños, niñas y jóvenes dedican más tiempo y prestan más atención a los contenidos, lenguajes e imágenes que les ofrece la virtualidad, pues mediante ella tienen la posibilidad de socializar no solo con sus pares generacionales sino con personas de todas las edades y lugares. Internet es una oportunidad para ampliar las fronteras de la educación, los conocimientos, y las interacciones humanas pero es, al tiempo,  un riesgo para la formación humana y axiológica de ellos y ellas. El peligro ya no está solo en la calle, ha ingresado a las pantallas y teclados hogareños. El enemigo no es la tecnología, que siempre termina imponiéndose, sino, los tipos y la calidad de los  contenidos a los que acceden los hijos.

Retos y oportunidades

ü  Para poder crear una cultura socio laboral   basada en la  conciliación de la vida personal, familiar y laboral es necesario conocer cuáles son las necesidades de las personas y las familias de los colaboradores; ¿cómo viven?, ¿quiénes son su familia?, ¿cuántos son niños/as?, ¿qué tipo de problemáticas  vivencian?, ¿qué hacen en el tiempo libre,  estudian?,  qué enfermedades sufren?, ¿cómo resuelven sus conflictos?, ¿quiénes  conforman la familia?, ¿en qué etapa del ciclo vital  se encuentran?, ¿quién cuida a los niños?; entre otras de las muchas  preguntas que debemos hacernos para conocer la realidad social y comprender las necesidades de conciliación  familia y trabajo y que correspondan  con la realidad de las familias  y la sociedad

ü  Aceptar que los valores familiares  competen  a todos, empleados y empleadores, que para que la familia  pueda cumplir  su función y se rediman  los valores familiares  se requiere tiempo para compartir en pareja y con los hijos, pero también se requiere de procesos formativos y reflexivos para ejercer la paternidad y maternidad, una parentalidad positiva permite la  construcción de vínculos  afectivos  con el nuevo ser que inciden posteriormente en el desarrollo de competencias sociales y laborales. La  ausencia o presencia  de estas  nos invitan  a pensar  en la historia de vida y en la relaciones  con sus progenitores.  Al Estado y la sociedad le competen apoyar, preparar  y acompañar a las familias para que ellas puedan asumir las responsabilidades y compromisos que conlleva la crianza


ü  EL alcoholismo, drogadicción, violencia intrafamiliar, pérdida de valores, vínculos afectivos frágiles son  productos no calculados de la ausencia de políticas de bienestar social para una sociedad que ha tenido  cambios y trasformaciones  abruptas por razones internas y externas. .  En la medida  en que padres y madres  puedan ejercer  la parentalidad  y la empresa contribuya  a ello no solo  con políticas de flexibilidad , sino  también  con procesos  formativos  y reflexivos, habrá un mayor retorno  de capital humano  e impactos positivos en la competitividad, productividad y en la calidad de vida. 

ü  A lo largo de toda la vida, cualquier persona necesitará apoyos para el ejercicio de sus funciones en el marco familiar, tanto en su infancia, como en la adultez, o vejez y en  los distintos aspectos, incluyendo la educación, la conciliación de la vida familiar y laboral, la vivienda, la economía y el trabajo.  En la medida  en que padres y madres  puedan ejercer  la parentalidad  y la empresa contribuya  a ello no solo  con políticas de flexibilidad , sino  también  con procesos  formativos  y reflexivos, acciones de promoción y prevención, habrá un mayor retorno  de capital humano  e impactos positivos en la competitividad, productividad y  la calidad de vida. La familia,  como un valor que apoya o sustenta la empresa.

ü  La tradicional familia nuclear de hombre proveedor y mujer cuidadora ya no es el único referente de las formas de organización familiar.  Los hombres y mujeres jóvenes  de hoy, que han hecho ruptura con el pasado, cuando son pareja desempeñan el doble rol de proveedores y cuidadores. Autoridad, responsabilidades y decisiones son compartidas. Es este un desarrollo cualitativo muy significativo en la convivencia humana. Sin embargo aún subsiste, opera  y coexiste la cultura y la conducta patriarcal que impone restricciones a la libertad, a la expresión y a la disposición del cuerpo de la mujer.  El trabajo por lograr la  equidad de género debe seguir persistiendo.
ü  Proponer la eliminación del modelo de escuela de padres, que parte de la premisa que padres y madres saben poco y se equivocan en la crianza de los hijos, e implementar el modelo de las escuelas de familia donde se convoca a todos los miembros, padres, madres, hijos y parientes al dialogo, la reflexión participativa y al encuentro generacional.

La gran tarea que tenemos como sociedad y Estado es  repotenciar  en las familias el desempeño de las funciones de protección, afectiva y de socialización, así como reducir toda forma de abuso, maltrato y violencia;  es una nueva “familiarización” de la crianza y los  cuidados de la infancia revalorando el papel de  las mujeres e incorporando  la participación de  los hombres. Otorgar un nuevo significado al papel de los padres dentro de la familia, como personas afectivas, interesadas en y capaces de asumir responsabilidades familiares: crianza de hijos e hijas, cuidado de ancianos/as y familiares enfermos, tareas domésticas

Tuesday, April 26, 2016

Entre el final de la madurez y el principio de la vejez: memorias y reflexiones de un pre-jubilado


ENTRE EL FINAL DE LA MADUREZ Y EL PRINCIPIO DE LA VEJEZ: MEMORIAS Y REFLEXIONES DE UN PRE-JUBILADO

Por
Luis Julián Salas Rodas
Sociólogo
Especialista y Magíster en Ciencias Sociales
Magíster en Ciencias de la Educación
Ex-Director Ejecutivo de la Fundación Bien Humano
Luijus34@gmail.com


La vigésimo segunda edición del diccionario de la de la Real Academia Española  da, entre otras, las siguientes acepciones al concepto de generación: “Conjunto de todos los vivientes coetáneos”. “Conjunto de personas que por haber nacido en fechas próximas, y recibido educación e influjos culturales y sociales semejantes, se comportan de manera afín o comparable en algunos sentidos”..

Las generaciones son la confluencia de factores biológicos, sociales y culturales que determinan cohortes de intereses y características comunes.  Los hermanos, los compañeros de clase en el colegio hacen parte de nuestra generación.  Son Los sicólogos sociales y los mercadólogos  quienes más han insistido en investigar esos intereses y características comunes, con el triple propósito de incrementar nuestros hábitos de consumo, hacernos gastar los ahorros y mantenernos endeudados; para ello nos han clasificado en cinco tipologías, así:

Generación del silencio: nacidos entre 1925-1945

Generación de los Baby Boomers: nacidos entre 1946-1964

Generación X: nacidos entre 1965-1979

Generación Y o Generación  Milenios: nacidos entre 1980-2000

Generación Z:   nacidos del  2000 en adelante

Que los seres humanos podamos agruparnos y convivir en generaciones lo evidencia este feliz encuentro de amigos y amigas donde representamos las tres primeras generaciones; pero así como las generaciones se encuentran también pueden no encontrarse y surgen las brechas generacionales. Brechas de ese tipo hallamos en la familia y en los espacios laborales, educativos  y públicos. De 20 años entre una y otra generación hemos pasado a períodos de 10 años. Y como van las cosas llegaremos pronto a períodos de 5 años entre una y otra generación. Las brechas se acortan en años pero se profundizan en  mentalidades, creencias, actitudes, valores y comportamientos radicalmente contrapuestos entre las generaciones. No se trata de afirmar que generación es mejor que otra sino en reconocer y aceptar que son diferentes porque corresponden a épocas distintas, a contextos sociales, culturales y tecnológicos diferentes, no comparables. Como se dice por ahí “los hijos pertenecen más a la generación de sus pares  que a la generación de sus padres”.

Pertenezco, como no, a la generación de los Baby Boomers, marcados por la Guerra Fría, los casetes y los acetatos de vinilo. Comprometidos con el trabajo, orientados al logro, a la búsqueda de la independencia, la seguridad, la certidumbre y las tradiciones y con posición económica asegurada. Ubicados en la sutil frontera entre final de la madurez y el principio de la vejez, o sea ya jubilados o pronto a jubilarnos y con preocupación creciente por los sucesos inexorables de la enfermedad, la vejez y la muerte. Dice, también, el diccionario de la Real Academia Española de la Lengua que la madurez es “el período de la vida en que se ha alcanzado la plenitud vital y aún no se ha llegado a la vejez”.  La madurez se asocia al buen juicio, a la prudencia, a la sensatez; pero no siempre la edad cronológica coincide con la madurez: hay jóvenes responsables como hay adultos inmaduros. Parto del juicio de que en mí caso si coincide la edad cronológica con el período final de mi madurez.  De la vejez que se avizora, por el momento, mejor no hablar…
      
A mis, 26 años, recién cumplidos, ingresé a la Fundación Bien Humano. Cuando repaso las fotos de entonces veo a un joven delgado, con abundante cabellera negra, profusa barba y piel lozana. Me veo, sin presumir, que era hasta bonito. Hoy ante el paso de los años soy ya merecedor de la amable deferencia de las mujeres jóvenes que me  ceden su puesto en el metro.  Favor que acepto siempre con verdadera humildad, entendiendo por humildad la conciencia de mis propias limitaciones y debilidades. También soy blanco de los repartidores callejeros, del centro de la ciudad, que pregonan y reparten volantes ofreciendo crédito para jubilados. Siempre he pensado y dicho que una persona tiene tres edades: la que figura en la cédula de ciudadanía, la que uno siente que tiene y aquella que los demás le ponen, y es por ésta última que las mujeres me ceden el puesto y en la calle me ofrecen acceso al  crédito y compra de las deudas.

29 años de mi vida, cinco como profesional tallerista y 24 como director ejecutivo ha transcurrido en esta noble y muy querida fundación; en sentido estricto la mitad de mis 58 años de vida. En estos últimos meses, con ocasión del anuncio de mi retiro, he reflexionado las razones del porqué de tan larga  y continua permanencia. Los Baby Boomers nos identificamos con la aspiración de un trabajo estable y continuo en una misma organización, y en pensar y planear la jubilación desde la edad de adulto joven. A diferencia de los milenios y la generación Z que gozan y viven el presente despreocupados por tiempos futuros.

A  los Baby Boomers nos tocó ser migrantes digitales y no nativos como sí lo son los Milenios y la Generación Z. Al llegar a la dirección de la Fundación no habían computadores, solo unos teléfonos fijos, una calculadora eléctrica, una máquina de escribir Olivetti, esas de notaría, y una máquina eléctrica de escribir IBM para uso exclusivo de la secretaria, quien pasaba las notas e informes; Aún se escribían y enviaban telegramas vía Telecom; el presupuesto anual de ingresos y gastos lo realizaba con calculadora en papel cuadriculado doble pliego, con regla y dos lápices: el negro y el rojo. ¡Pura carpintería! Encima del escritorio, hoy cubículo… que palabra tan fea, siempre había un tarrito con muchos lápices amarillos afilados, el sacapuntas al lado, porque escribíamos a mano  La llegada del primer computador fue todo un acontecimiento institucional. Tocó empezar a lo Coquito la alfabetización digital la cual confieso, con humildad y sin pena, no ha culminará. Las presentaciones se hacían en pliegos de papel periódico, con marcadores, los cuales se enrollaban, se cargaban bajo el brazo, para luego desplegarlas, sujetadas con ganchos metálicos, en un trípode de madera inestable, sometidos a la ocurrencia de la descolgada de los pliegos de los ganchos o la caída estrepitosa del trípode. Todo un desastre. Escasos y caros eran los retroproyectores de acetatos. No existían los videos, sólo filminas. Muy reciente fue la llegada del power point y el prezi para descrestar en las presentaciones que caben en una pequeña memoria USB. ¡Una maravilla!  Todo esto que fue realidad para mi generación hoy es arcaico y risible para los milenios y la generación Z. La ventaja que tenemos los Baby Boomers sobre las dos últimas generaciones es que podemos vivir en lo mejor de dos mundos: el análogo y el digital.  Por ejemplo: no necesitamos de las presentaciones virtuales para dar una conferencia o dictar una clase, y a diferencia de los teléfonos celulares donde, a todo tiempo, se caen las llamadas, en los viejos teléfono fijos de malaquita negra nunca, que sepamos, se nos caían las llamadas o teníamos que volver a marcar o reiniciar una llamada.  Otro ejemplo: podemos leer libros virtuales en pantalla sin dejar nuestra querencia por el libro físico por el tacto, el olor al papel, a las bibliotecas.   

Hoy es impensable el trabajo sin el concurso de la informática, los computadores, los imprescindibles asesores en sistemas, los celulares, las redes sociales y el internet. Se va la energía eléctrica o cae la red y de inmediato  el trabajo se detiene, colapsa.  Nos volvimos adicto-dependientes del hardware y el software en todos los aspectos de la vida, no solo el laboral. La tecnología siempre se impone y estériles resultan los intentos individuales de oponerse al cambio.

Los Baby Boomers ya casi no recordamos como, con las uñas y pocas herramientas, hacíamos el trabajo que había que hacer. La tecnología y el desarrollo de las comunicaciones nos ha facilitado la vida diaria; también ha creado nuevos problemas pero no sustituye en el campo social el trabajo directo con las comunidades, el cara a cara, la “tirada de infantería”, la presencia en el terreno, el compartir el tinto, gaseosa, el pan y el tamal con la población de los barrios y veredas. La realidad virtual  no remplaza la realidad real y menos en el trabajo social con la gente.  Antes que excluyentes deberían complementarse más  La paradoja de las llamadas tecnologías de la información y comunicación TICS, es que acercan a los lejanos y distancian a los cercanos. Lo mejor de ser un Baby Boomers, obvio hay excepciones, es que podemos conectarnos y desconectarnos sin entrar en situación de pánico ansioso. Podemos estar departiendo en una tertulia con los celulares apagados lo que es imposible para los milenios y la Generación Z.  Es la diferencia entre tener amigos de verdad y no solo contactos mediáticos. Y a medida que envejecemos los amigos, los de siempre, pasan a ser muy pero muy importantes. ¿Acaso seremos la generación de Baby Boomers  los últimos militantes idealistas que dedican su vida laboral y profesional a una sola institución?  Lo que si es cierto es que el calor de una pantalla digital no se equiparará, nunca, al calor de un ser humano de carne y hueso. 
          
No voy a negar que algunos motivos de mi larga permanencia obedecen a la certeza y tranquilidad que da un trabajo estable y a término indefinido,( en una sociedad donde este tipo de modalidad laboral no es un derecho  sino un escaso privilegio de una minoría), a las rutinas preestablecidas y al confort monótono pero seguro que nos ofrece la cotidianidad. Todo lo anterior es cierto, como también lo es, en mi caso, que tanto el cargo de profesional tallerista como el de director ejecutivo me dieron la oportunidad de ejercer a plenitud mi amada profesión de sociólogo. Profesión elegida que le causó mucho llanto y decepción a mi padre, el cual su muerte prematura no me dio la oportunidad de demostrarle lo equivocado de su juicio y la sin razón de su tristeza.

Las grandes transformaciones colectivas de una sociedad no la hacen, como todavía ilusamente creen, oenegeros y ONG mesiánicas. No. Los verdaderos y durables cambios de una sociedad ocurren por la educación, la  formación, la movilización  y la actividad política de la ciudadanía. Lo que sí está al alcance personal e institucional, de onegeros y ONG, es proporcionar, a nivel micro, cambios positivos de actitud y de comportamiento que mejoren la calidad de vida y el ejercicio pleno de los derechos de determinadas personas, familias y comunidades; Las ONG no están para disputar el poder político del Estado y los partidos, ni tampoco para competir con el sector privado en la generación de utilidades, ni mucho menos para enriquecer o dar prestigio y estatus a sus directivos. Las verdaderas ONG se crean para fomentar valores como la  solidaridad, la cooperación, la justicia y la equidad; tal como hemos podido comprobar en el cumplimiento misional de la Fundación Bien Humano durante sus 82 años de vida institucional. Para reafirmar lo dicho retomó esta vivencia personal que relaté en el discurso de la celebración de los 70 años de la Fundación y que guardo para siempre en mi memoria:

“Al tercer año de mi vinculación a la fundación, cuando era  profesionales tallerista, empezaron las dudas, las vacilaciones acerca del sentido y la utilidad de mi trabajo educativo, promocional y preventivo con los padres y madres de familia.  Todos los viernes, durante 4 meses debía dictar un curso, de tres a cinco de la tarde, en un precario salón comunal, en el sector de la Avanzada, en la comuna nororiental de Medellín, Allí donde el viento aún se devuelve, 20 minutos a pie por unas empinadas y peligrosas escaleras, desde el barrio Santo Domingo Savio y luego de una hora y cuarto de recorrido en bus desde el viejo Guayaquil. Ni en la imaginación más visionaria estaba la idea de que algún día la distancia sería acortada en tiempo por el servicio de un metrocable.  Los viernes en la tarde, precisamente, se agudizaba la crisis y el deseo de renunciar.  Al final del cuarto mes, al terminar una sesión del curso se me acercó un niño, de aproximadamente 10 años, el cual había esperado a que yo estuviera solo, a darme las gracias.  Le pregunté gracias porque o de que y el me respondió: Profe, es que  desde que mi mamá asiste a sus clases ya  me quiere más, porque ya no me grita ni me pega y yo vi que ella cambio mucho gracias a sus clases…” Sobra decirles que mis dudas se esfumaron en el acto; que allí con el testimonio libre y espontáneo de ese niño comprendí que mi trabajo en la fundación tenía sentido, que valía la pena el esfuerzo del viaje en bus, de la subida y bajada a pie por esas tortuosas escaleras (y en esa afortunada  ocasión la felicidad fue mayor por cuanto el niño me acompaño a tomar el bus de regreso por las desalineadas escaleras). Lo maravilloso fue que había logrado cambiar la relación agresiva de una madre con su hijo, Había hecho posible la felicidad y el bienestar de un niño”.  Y hoy les confieso, después de tantos años, que en los inevitables y recurrentes momentos de soledad y desesperanza como director, traía a mi mente la sonrisa, la cara alegre de ese niño para animarme, para continuar la tarea, para recargar energías y no desfallecer en el desempeño del cargo.

Comprobé que el cambio humano si era posible si partía del conocimiento de la realidad, de los  principios esenciales, de un adecuado proceso en el tiempo, de una convicción ética. Pude evidenciarlo también con la realización del proyecto de alfabetización de adultos: Leer y Escribir la Realidad para Ser Libres, mi ferviente apostolado, donde el propósito no era sólo restituir el derecho negado a la educación sino, además, reparar la injusticia de la exclusión personal, familiar y social al restablecer el valor de la dignidad humana al iletrado. Alfabetizar a un adulto es hacer efectiva la ciudadanía  y ese logró lo alcanzaron 2.300 personas mientras estuve como director. Transcribo algunos de sus testimonios

“Ya aprendí a leer y a escribir, ya no me dejo tumbar de la señora de la señora cuando me apunta lo fiáo  y me hace la cuenta”-

“Ya puedo pasar más tiempo con mis nietos, porque ya me los dejan, porque ya les puedo ayudar con las tareas, porque estamos en el mismo grado”.

“Ya sé que dice un papel que tengo que firmar, es más ya sé firmar y eso me daba mucha pena”.

“Ya puedo moverme en el centro y salir porqué sé que dicen los buses”.

“ya no peleo tanto, ni grito tanto a mis hijos porque aprendí a hablar con ellos y a solucionar las cosas por las buenas”.

“Ahora ya voy a participar de las elecciones de la junta de acción comunal del barrio y hasta de pronto, vaya a la escuela a votar por el alcalde”

Desde que aprendí a leer y a escribir me matriculo en todos los programas que llegan al barrio: cursos de cocina, croché, decoración de fiestas y piñatas”

Ya aprendí a leer y a escribir, por fin puedo leer la Biblia sin tener que rogar a nadie para que me ayude”.

“Ya puedo hacer los derechos de petición para que me den la ayuda de desplazados, ahora ya si me llegará a tiempo”. 

Ante la evidencia conmovedora de estos testimonios están de más  los costosos estudios de impacto que la academia y los calificados expertos  imponen a los proyectos de intervención social como prueba del cambio.  Al dar la oportunidad de alfabetizarse a un  padre o a una madre no solo se elevan su nivel educativo, mejoran con ello la posibilidad de tener mayores ingresos, es otra la imagen y valoración de su desempeño ante los hijos; como  es otra la valoración de la importancia de  la escolarización de los hijos en vez de vender confites en las esquinas.

La tarea de restituir el derecho a la educación a la población adulta mayor de 15 años en el país es aún inconclusa.  En Medellín, la ciudad más innovadora del mundo, hay todavía cerca de 90.000 iletrados, en el resto del departamento de Antioquia son 250.000 y en Colombia alrededor de 3.000.000. Una total vergüenza para el Estado y la sociedad colombiana.  En Colombia no es solo la infancia quien sufre desnutrición, abandono y maltrato por parte de las familias y la sociedad; también padecen de estos males miles de adultos mayores.  Así como existe la brecha generacional, la hay, además, entre la realidad y el Estado Social de Derecho promulgado en la constitución política para todos los grupos poblacionales.
   
Y así podría relatar testimonios de cambios positivos en proyectos como el de Familia Siglo XXI, hacia la construcción de una vida diferente; desactivación de la agresividad intrafamiliar, somos familia, Con-sentimiento: prevención de embarazo en adolescentes; convivencia y democracia en la escuela, laboratorio pedagógico de familias y, mi otro apostolado,  la creación del fondo de empleados de las ONG  FEDONG, que ha permitido extender los beneficios del ahorro y crédito a los empleados y sus familias, dejando de ser, las entidades afiliadas al fondo, “farol de la calle y oscuridad de la casa”. Paradoja de las organizaciones sociales que dedican todos sus esfuerzos y atención al servicio de las comunidades y descuidan, poco les importa la calidad de vida de sus empleados y sus familias-

La posibilidad de incidir en el cambio, de acompañar, de empoderar, de aportar al cambio en las condiciones de vida de la gente es la razón de ser de las organizaciones del sector social.  Y cuando uno ha elegido una profesión social y humanística lo que uno busca, amén de conseguir un medió de vida legal y digno, un salario en dinero, es también percibir un salario emocional, es tener la oportunidad de ver, de sentir que se concreta y que permanecen los efectos positivos del cambio en las personas, familias y comunidades. Me llevo la satisfacción, el sano orgullo de haber hecho posible una mejor vida para la gente en el cumplimiento de la misión institucional de la fundación. Guardo en mi memoria el ejemplo de vida de muchos colegas, directores y directoras de ONG, quienes trabajaron con vocación, mística, entusiasmo y profesionalismo al frente de sus instituciones.

En el balance personal de pérdidas y ganancias de mi paso de 29 años en esta fundación pesan más los buenos recuerdos, los momentos de logro al vencer obstáculos y dificultades.  Me llevo, además, la amistad y el reconocimiento de personas como ustedes, que en este largo camino han compartido ideales, esfuerzos, logros, causas pérdidas, enojos de impotencia y frustraciones de resultados no conseguidos.  Muchas veces quise  tirar la toalla ante el nudo de los problemas pero siempre venía un soplo animante para superar los escollos y persistir. En este balance final las ganancias fueron superiores a las pérdidas.  Buenos, muy buenos recuerdos almaceno en mi memoria, los cuales  espero que en el avance de mi vejez el mal del alzhéimer o la demencia senil no llegue a quitármelos.

Permanencia y cambio  son factores claves en la sostenibilidad de una organización. Permanencia de los ideales, de los principios, de la buenas prácticas, de las lecciones aprendidas, de la coherencia programática, de la reputación institucional; cambio para enderezar el rumbo, para conocer otras miradas, otras experiencias, para emular a los que saben, para no perder vigencia.  El cambio por el cambio no es sostenible, la permanencia por la permanencia es la muerte.  Es mal indicio cuando un director se vuelve defensor de su obra, cuando no quiere ya salir de su zona de confort, cuando elude nuevos retos. Se perjudica  él y perjudica la organización. Y para no llegar a esta situación tan perniciosa es menester el cambio, el retiro a tiempo.

Me voy con la certeza de percibir en la conciencia colectiva de la sociedad colombiana la importancia de reconocer y generar acciones para el fortalecimiento de las familias como actor social, como sujeto colectivo de derechos y principal agente de formación del ser humano. Conciencia colectiva que percibía como débil o inexistente hace 29 años.  He sido testigo de los cambios en la ley y en la cultura, de las transformaciones en las tipologías, estructura y funciones de las familias, baste citar el reconocimiento jurídico del matrimonio igualitario y la adopción por parejas del mismo sexo.  Por fin, de los fines, ya se comprende que no es posible atender y trabajar solo con niñas, niños,  y adolescentes sin el concurso y compromiso de las familias; que el mandato constitucional de la corresponsabilidad entre el Estado, la familia y la sociedad es imprescindible para el bienestar y el desarrollo de todos los grupos y minorías poblacionales. Y si la familia es imprescindible lo es también el trabajo presente y futuro de la Fundación Bien Humano.  Los jóvenes milenios y los adolescentes de la generación Z sí que la requieren…
   
Me voy con la convicción de que cumplí e hice cumplir, con celo amante,  los principios orientadores de la misión institucional de la fundación:

  • El respeto a la dignidad humana
  • El respeto por la diversidad sociocultural de las familias  y comunidades
  • La valoración del saber y la experiencia de los participantes
  • La opción preferencial por la población más vulnerable
  • La coherencia, ética y transparencia en la gestión organizacional
  • La autonomía  programática y conceptual
  • La búsqueda del trabajo interinstitucional y en alianza
  • La calidad de vida y el desarrollo humano de sus empleados y familias.                   

Las despedidas formales son la oportunidad de practicar la virtud del agradecimiento. Con el riesgo de omitir personas quiero manifestar,  reconocer  la confianza y el apoyo de aquellos que  creyeron en mí, en mis capacidades, que me dieron su mano: A Inés Elvira Gautier Restrepo, quien como jefe abrió la puerta para mi ingreso en la fundación. Al doctor Juan Guillermo Jaramillo, presidente de la junta directiva, por su genuino interés en el bienestar de las familias; a Fernando Restrepo, Marco Antonio Arango y Ricardo Gómez, compañeros de pupitre del colegio y de  junta directiva,  quienes, como yo, hacen profesión de nuestro espíritu ignaciano; a Andrea Londoño Y Eulalia Córdoba por impulsar la introducción de las ticks  y el mercadeo en la institución; a  Blanca Inés Jiménez, Olga Lucía López, María Eugenia Agudelo y Alfredo de los Ríos por compartir sus conocimientos en el comité de familia; a Oscar Navarro por su generosidad sin límites, a Margarita López, mi leal y eficiente secretaria durante 20 años; a Horacio Alzate por su contribución a los procesos de formalización internos, a Luz Amparo Gallón por su eficiente asesoría contable y A Beatriz Restrepo, Beatriz White y Margarita Fernandez por la escucha atenta y la conversación fluida en temas sociales y gremiales del tercer sector. A Ligia Galvis,  por compartir su saber y experiencia en temas de familia. A los socios y socias que nos acompañaron y ya partieron al descanso eterno: Hernán Henao Delgado, quien siempre nos ilumino con sus profundo conocimiento de la familia; María Inés Restrepo Santamaría, nuestra directora del periódico Generación quien siempre nos enseñaba tips de redacción y ortografía y  Beatriz María Molina Vélez, pionera de la terapia familiar en Colombia y miembro permanente del comité de familia de la Fundación, y, por supuesto,  muy especialmente, a todo el equipo de trabajo de la Fundación: Rubén Darío Cano, Sandra Durán, Juan Eugenio Cardona, Samuel Tobón, Hadassa Echeverri, Alba Lucía Toro, Catalina Velilla, Juan Osorio, Gabriel Fernando Zapata y Rosa Ángela Úsuga por estar siempre ahí, conmigo, dando lo mejor de sí, y por su comprobado sentido de pertenencia y compañerismo que hicieron más fácil y amable mi larga estancia en la dirección.
    
Agradezco en el alma  su presencia en este acto y espero que mi retiro de la fundación no sea el motivo para no  seguir contando con la amistad y la compañía de todos ustedes en mí vejez.

Luis Julián Salas Rodas


Medellín, 14 de marzo de 2016

Saturday, October 03, 2015

De la patria potestad a la autoridad parental: el fin legal y cultural del régimen patriarcal

DE LA PATRIA POTESTAD A LA AUTORIDAD PARENTAL: El  FIN LEGAL Y CULTURAL DEL RÉGIMEN PATRIARCAL



Luis Julián Salas Rodas
Sociólogo
Especialista y Magíster en Ciencias Sociales
Magíster en Ciencias de la Educación
Director Ejecutivo de la Fundación Bien Humano
Medellín – Colombia



  
Del origen y evolución del Páter Familias

En reciente sentencia de la Sala Penal de la Corte Constitucional de Colombia, los honorables magistrados se pronunciaron a favor del derecho de los padres y madres pueden revisar los correos electrónicos y las redes sociales de sus hijos menores, sin su autorización, sin que esto implique violar su derecho a la privacidad.  El asunto generó debate público en los medios y editoriales de los periódicos El Tiempo y el Espectador en el sentido de considerar el fallo violatorio del derecho a la privacidad de niños, niñas y adolescentes.

La institución jurídica de la patria potestad nos viene del derecho romano.  En el imperio romano sólo el varón, mayor de edad, era considerado ciudadano.  Las mujeres, los hijos menores y los esclavos no tenían tal condición. La familia era considerada como un ámbito totalmente privado e íntimo donde el hombre, como su cabeza, podía ejercer un poder absoluto sobre sus subordinados.

En un primer momento la patria potestad es la expresión del poder del padre sobre la persona y los bienes del hijo.  Respecto de la persona, el padre poseía el derecho de vida y muerte, de imponer castigos físicos, seleccionar esposa para el hijo o casar a sus nietas, tenía la autoridad para decretar el divorcio de sus hijos e hijas, podía cederlos en adopción o venderlos.  Con relación a los bienes, el padre era el dueño absoluto de todos los bienes y peculios del hijo y de sus ganancias… Las características relevantes de la figura en su primera etapa son la idea de pertenecía absoluta, de posesión y propiedad del padre sobre los hijos y su permanencia en el tiempo.  El poder era absoluto durante la vida del Páter familias. Así mismo el hijo reconocía de manera natural al padre como su dueño y señor por ser la expresión de la experiencia y la sabiduría.  El dominio sobre la mujer era perpetuo, mientras que el hijo varón, a la muerte de su padre, asumía la función de Páter familias”  (Los niñas, los niños y los adolescentes: titulares de derechos.  Ligia Galvis Ortiz. Ediciones Aurora.  Bogotá. 2006.  Pág. 91)

En la Roma antigua la potestad marital y la patria potestad configuraban el “el orden arbitrario” del Páter Familias; bajo tales instituciones no era posible una vida familiar fundada en el afecto, la convivencia y la solidaridad.  Cierto es que con la caída del imperio romano en el siglo V d.c y el posterior desarrollo de las sociedades occidentales la institución del Páter Familias tuvo cambios que modificaron el poder omnímodo y absoluto del hombre; sin embargo la cultura judeo-cristiana siguió dándole al varón un rol preponderante tanto en la vida pública como en la privada.  Hubo de transcurrir varios siglos antes que los movimientos sociales y culturales cuestionaran el patriarcalismo y exigieran cambios en la ley y las instituciones frente a los derechos de las mujeres, los niños, niñas y adolescentes. 

La institución de la patria potestad en Colombia

 “Según el artículo 288 del Código Civil, la patria potestad “es el conjunto de derechos y obligaciones que la ley reconoce a los padres sobre sus hijos no emancipados, para facilitar a aquellos el cumplimiento de los deberes que su calidad les impone”.

“A su vez, el artículo 14 del Código de la Infancia y la Adolescencia complementa la institución jurídica de la patria potestad establecida en el Código Civil, consagrando la responsabilidad parental, compartida y solidaría, en la que se condensan las obligaciones de los padres inherentes a la orientación, cuidado, acompañamiento y crianza de los niños, las niñas y los adolescentes durante su proceso de formación, y proscribe todo acto de violencia física o psicológica en el ejercicio de esa responsabilidad o los “... actos que impidan el ejercicio de sus derechos”.

“Frente al tema de la patria potestad, la Corte Constitucional en sentencia C-1003/07[5] manifestó”:
“En armonía con la citada disposición, esta corporación ha considerado que la patria potestad, mejor denominada potestad parental, tiene la función especialísima de garantizar el cumplimiento de los deberes de los padres mediante el ejercicio de determinados derechos sobre la persona de sus hijos (permiso para salir del país, representación del menor, etc.) y sobre sus bienes (usufructo legal y administración del patrimonio). Igualmente ha considerado, que el ejercicio de la potestad parental tiene como finalidad el bienestar emocional y material de los menores no emancipados, y en consecuencia, el incumplimiento de los deberes de los padres puede conducir a su pérdida o suspensión.

En efecto, la patria potestad hace referencia a un régimen paterno-filial de protección del hijo menor no emancipado, en cabeza de sus padres, que no deriva del matrimonio de éstos pues surge por ministerio de la ley independientemente a la existencia de dicho vínculo”.

“En efecto, enuncia como características de la patria potestad las siguientes”:

- “Se aplica excesivamente como un régimen de protección a hijos menores no emancipados.

- Es obligatoria e irrenunciable pues los padres tienen la patria potestad, salvo que la ley los prive de ella o los excluya de su ejercicio.

- Es personal e intransmisible porque son los padres quienes deberán ejercerla a no ser que la misma ley los excluya de su ejercicio.

- Es indisponible, porque el ejercicio de la patria potestad no puede ser atribuido, modificado, regulado ni extinguido por la propia voluntad privada sino en los casos en que la misma ley lo permita.
- Constituye una labor gratuita, porque es un deber de los padres.

- La patria potestad debe ser ejercida personalmente por el padre o por la madre”.


La ley también ha establecido las causales por las cuales el Estado puede privar a los padres del ejercicio de la patria potestad: por maltrato del hijo, por abandono, por abuso sexual, y por imposición de pena privativa de la libertad superior a un año y por delitos cometidos por el hijo adolescente. La suspensión de la patria potestad no exime a los padres de sus responsabilidades.

La ley 1080 de 2006 conocida como el Código de Infancia y Adolescencia extendió el concepto de custodia y cuidado personal de los padres y madres hacia los hijos:

Los niños, las niñas y los adolescentes tienen derecho a que sus padres en forma permanente y solidaria asuman directa y oportunamente su custodia para su desarrollo integral. La obligación de cuidado personal se extiende además a quienes convivan con ellos en los ámbitos familiar, social o institucional, o a sus representantes legales.
 
La derogación de la potestad marital: el desmonte parcial del régimen patriarcal

Fue el movimiento feminista quien más cuestionó, y sigue cuestionando el régimen patriarcal en el mundo occidental.  Conquistas como el derecho al sufragio, el acceso a la educación, a la igualdad salarial y a la participación política son resultado de sus actividades políticas. La potestad marital daba al esposo el poder de fijar el domicilio y administrar los bienes de la esposa, la cual se obligaba a firmarse con el apellido del marido para oficializar su estado civil de casada. La ley 28 de 1932 y el decreto ley de 1974 derogaron las normas del código civil que hacían  de la mujer casada una persona incapaz. La mujer pudo, en consecuencia, administrar sus bienes y compartir con el hombre la administración del hogar y de los hijos; sin embargo una cosa es los cambios en la ley y otra muy distinta la permanencia de los imaginarios y las creencias  en las instituciones, las personas y los colectivos sociales. En la religión católica el rito del matrimonio mantiene los símbolos del régimen patriarcal: el vestido blanco de la novia que representa la virginidad, el padre que entrega su hija a otro hombre y el arreglo de flores que porta la novia como símbolo del yugo y sumisión al esposo.  Una inquietud: ¿si ya se reconoce la igualdad jurídica en derechos y responsabilidades de los conyugues, no deberían ambos portar el yugo?  ¿Por qué se mantiene la tradición que sea sólo la mujer?  La derogación legal de la potestad marital fue un gran avance jurídico y social.  Es un hecho irreversible; más aún subsiste en ciertas sociedades y grupos la creencia  de la supremacía del hombre sobre la mujer, de que ésta le pertenece, que es de su propiedad.  Y es la permanencia de ésta creencia la que autoriza al hombre a ejercer violencia física y sicológica sobre su conyugue o compañera, violencia que puede llevar a la celotipia, al asesinato  bajo el argumento de que… “si no puede seguir siendo mía no será de otro”.      

Los niños, niñas y adolescentes como sujetos titulares de derechos 

Si bien la figura de la patria potestad tiene sus orígenes en la institución de del Páter Familias romano el desarrollo histórico de la civilización humana ha cambiado sus alcances por cuanto ya no hay un poder omnímodo ni absoluto, se han establecido límites y responsabilidades pero subsiste, eso sí, un concepto del poder y de su ejercicio bajo el principio del “interés superior del niño o de la niña”.   Y si estamos hablando del desarrollo histórico de la humanidad debemos, también, referirnos al discurso ético, político y legal de los derechos de la infancia.  En 1959 las Naciones Unidas promulgan la Declaración de los Derechos del Niño, en 1989 la Asamblea general de las Naciones Unidas promulga la Convención de los Derechos del Niño.  Se entiende por niño todo ser humano menor de 18 años. (Tanto la Declaración como la Convención no asumieron un lenguaje incluyente de género). En Colombia la ley 12 de 1991 adopta dicha Convención y la constitución política de ese año acoge el principio de que los derechos de los niños priman sobre los demás. El alcance planetario de dichos documentos radica en el reconocimiento de niños, niñas y adolescentes como personas y sujetos titulares y activos de derechos, es decir con capacidad de ejercerlos. Por primera vez en la historia humana se hacen visibles para el derecho y las políticas públicas ya no serán vistos y considerados como objeto de la caridad y la beneficencia estatal y  privada.  La perspectiva y el enfoque de los derechos implica que de acuerdo con la edad, las oportunidades brindadas y el desarrollo de sus capacidades pueden ir ejerciendo, con autonomía, sus derechos a la par que asumen, también, responsabilidades, es decir, toman conciencia y asumen las consecuencias de sus actos y decisiones. Son el Estado, la sociedad y la familia quienes tienen la responsabilidad de proveerles un ambiente habilitante para el pleno ejercicio de los derechos.

Al igual que con las creencias supérstites de la potestad marital el ejercicio histórico de la patria potestad ha legitimado en la sociedad y la cultura la creencia que los hijos son propiedad de sus padres o madres, o de quien haga sus veces.  Y en el ejercicio de esa propiedad es válido el uso del poder arbitrario, los abusos, el maltrato,  el castigo físico  y la práctica del incesto.  La importancia de la perspectiva y aplicación del paradigma de los niños, niñas y adolescentes como sujetos activos y titulares de derechos es que los obliga a ir deconstruyendo dicha creencia y a aceptar que los hijos en su proceso de autonomía y autodeterminación pueden pensar, sentir, actuar y decidir en forma distinta a sus progenitores y cuidadores. Los estudios y las estadísticas evidencian que es el hombre el que más violenta a su esposa o compañera pero es ella, a su vez, la que más castiga a los hijos menores. Como vimos el movimiento feminista logró la emancipación del hombre y la derogatoria de la potestad marital pero nada hemos escuchado y leído acerca de su posición frente a la patria potestad. ¿Están de acuerdo con su permanencia? ¿Le introducirían cambios? 

La democracia política y la democracia en las familias 

De la Grecia Antigua nos viene el concepto de Democracia, Demos “pueblo” y Kratos “poder y gobierno”.

“En la actualidad, se entiende que la democracia es un sistema que permite organizar un conjunto de individuos, en el cual el poder no radica en una sola persona sino que se distribuye entre todos los ciudadanos. Por lo tanto, las decisiones se toman según la opinión de la mayoría. También se entiende como democracia al conjunto de reglas que determinan la conducta para una convivencia ordenada política y socialmente. Se podría decir que se trata de un estilo de vida cuyas bases se encuentran en el respeto a la dignidad humana, a la libertad y a los derechos de todos y cada uno de los miembros.

En la práctica, la democracia es una modalidad de gobierno y de organización de un Estado. Por medio de mecanismos de participación directa o indirecta, el pueblo  selecciona a sus  representantes. Se dice que la democracia constituye una opción de alcance social donde para la Ley todos los ciudadanos y ciudadanas gozan de libertad y poseen los mismos derechos, y las relaciones sociales se establecen de acuerdo a mecanismos contractuales”.

Se afirma que la democracia es el mal menor de los regímenes políticos de un Estado.  El presidente norteamericano Abraham Lincoln la definía como “el gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo”.

La unidad de inteligencia del periódico inglés The Economist construyó un índice de democracia para determinar el tipo de democracia en el mundo.  El último índice es del 2012 y corresponde a 167 países el cual mide cinco categorías: proceso electoral y pluralismo, libertades civiles, funcionamiento del gobierno, participación política y cultura política.  El puntaje asignado va de un máximo de 10 a un mínimo de 1. La tabla la encabeza Noruega con 9.80 y la cierra Corea del Norte con 1.08. La clasificación por países es la siguiente:

·         Países con democracia plena: 25
·         Países con democracia imperfectas: 55
·         Países con regímenes híbridos: 35
·         Países con  regímenes autoritarios: 52

Colombia, en el puesto 57, está clasificada como un país de democracia imperfecta.  A las categorías arriba señaladas debemos sumar fenómenos como la corrupción, la pobreza, la desigualdad económica, un conflicto armado prolongado y la ausencia y debilidad de instituciones políticas incluyentes nos mantienen como un país de democracia  imperfecta.

(https://es.wikipedia.org/wiki/%C3%8Dndice_de_democracia)

Y en lo que respecta a la democracia en las familias ¿cómo estamos?  Lo primero que hay que decir es que no contamos, a diferencia del concepto de democracia, con una definición única y universalmente aceptada de familia.  El concepto es polisémico y varía desde la disciplina científica que se aborda, los ordenamientos legales de cada país y las doctrinas religiosas y políticas.  Y mucho menos contamos con la posibilidad de tener un índice de democracia familiar.

El régimen patriarcal es la antípoda de un régimen democrático. El desmonte del primero hace posible el despliegue del segundo. En 1994 fue declarado por las Naciones Unidas como año internacional de la familia.  Los derechos de la familia y la familia como espacio de construcción de la democracia fueron dos importantes temas de la convocatoria la cual dio inicio al debate y revisión de la pervivencia de las prácticas autoritarias en las familias. ¿Cómo conciliar los derechos de las personas con los derechos de la familia? ¿Cómo mantener la unidad persona-familia? ¿Cómo resignificar los conceptos de poder y autoridad en las relaciones de pareja y en las relaciones parento-filiales? ¿Qué aportes puede hacer la familia en la formación de ciudadanía y en la promoción de los valores democráticos?  ¿Cómo compaginar la titularidad de los derechos de niños, niñas y adolescentes con las atribuciones legales de la patria potestad? ¿Cómo concebir la autoridad en la familia sin el uso del poder y el castigo? Los anteriores interrogantes siguen vigentes y no hay respuestas plenas.  La constitución y la ley no admiten ya la presencia de actos de violencia entre los miembros de la familia por considerar que atentan contra su armonía y bienestar. Las comisarías de familia son la respuesta institucional del Estado colombiano para atender y tratar los casos de violencia intrafamiliar.

La concreción de la democracia en la familia implica un nuevo concepto de autoridad y de poder que respeta la dignidad humana de todos sus integrantes.  Ya no se trata de obedecer y cumplir órdenes sino de asumir responsabilidades en correspondencia al ejercicio de los derechos otorgados. Responsabilidad en vez de deber; deber es lo que tengo que hacer porque otro me manda.

La democracia en la familia implica dejar de lado las relaciones jerárquicas entre los miembros para establecer relaciones más horizontales; no implica la ausencia de normas y límites sino la construcción consensuada y el respeto a los acuerdos. En la familia democrática no tiene cabida el autoritarismo ni las respuestas de “se hace así porque yo lo digo y soy su mamá. Dialogar, escuchar, concertar, negociar son los verbos que se conjugan, día a día, en una familia democrática.  En ella priman razones, argumentos y motivaciones no imposiciones ni arbitrariedades. La constitución de una familia democrática requiere, por supuesto, de sanos vínculos afectivos y emocionales, siendo los padres, madres o quienes hagan sus veces los que están llamados a dar el ejemplo.

Reafirmamos que un serio impedimento para construir la democracia en la familia es la creencia  de padres y madres de que los hijos son de su propiedad: “Es mi hijo porque lo parí con el dolor de mis entrañas y yo veré como lo educo” es la justificación para sentirse dueño del hijo. La sobrevivencia de esta creencia, herencia del Páter Familias, es un factor que legitima la violencia e impide el reconocimiento de la titularidad de los derechos de niños, niñas y adolescentes.

Así, pues, que la democracia política está en relación directa con la democracia en la familia. Sin las vivencias y experiencias democráticas familiares es muy difícil para las personas entender, proponer y defender un sistema de gobierno democrático.  Hacer de la familia  la primera escuela de la convivencia democrática de los seres humanos es avanzar en el logro de un país con una democracia plena.

El concepto de la autoridad parental en la familia democrática

La figura jurídica de la patria potestad esta revestida del concepto de que el padre y la madre tienen derechos  sobre los hijos los cuales autorizan ejercer poder y autoridad sobre los hijos.  ¿Si los seres humanos, según la Declaración Universal de los Derechos Humanos, nacemos libres e iguales en dignidad y en derechos como aceptar que unas personas tienen derecho sobre la vida y destino de otras personas? Como el ordenamiento jurídico colombiano reconoce la validez de la patria potestad, es ahí donde la Corte Constitucional fundamenta la autorización de los padres y madres a revisar el contenido de las redes sociales de los hijos. Quienes interpretan, siempre, el principio del interés superior del niño son adultos.  Es la hegemonía de la visión adultocéntrica sobre la vida de los niños, niñas y adolescentes. Hay implícita, en la patria potestad, una pretensión de mantener una relación dominante-dominado que no posibilita el reconocimiento y el respeto mutuo entre las personas como sujetos titulares de derechos. De lo que se trata es de compaginar las normas jurídicas con los postulados de la Convención de los Derechos del Niño.

Escribe, al respecto, la doctora Ligia Galvis:

“Otro desafío del orden jurídico es la sustitución de la patria potestad por una figura que permita concebir la autoridad con el criterio pedagógico que supone el cuidado y la crianza de los hijos, y no con la idea de poder o derecho del padre y/o la madre sobre los hijos.  Si se habla de autoridad parental, está tiene que concebirse sobre la base de unas relaciones horizontales fundadas en el respeto mutuo entre los padres y los hijos e hijos teniendo en cuenta que los actores de esa relación son todos y todas sujetos titulares en ejercicio pleno de sus derechos.  En este orden de ideas, esa categoría o institución jurídica se concibe como el fortalecimiento permanente del vínculo biológico o legal por medio del cual los hijos reciben el cuidado y atención necesarios para llevar a cabo su propio desarrollo en armonía y felicidad.  Así entendida la autoridad parental es ante todo una guía, formación, orientación y estimulo permanente a los niños, las nñas y los adolescentes para el fortalecimiento continuo de la dignidad, la libertad, la responsabilidad y la autonomía.  El padre, la madre y los maestros son entonces artistas que modelan la libertad desde la dimensión de la razón como elemento equilibrante del deseo y la voluntad, es decir, de la conciencia normativa”.  (Galvis, 2006, pág: 119)

La propuesta de pasar de la figura de la patria potestad al de  la autoridad parental implica no sólo una reforma legal sino, además, una transformación en la cultura y las representaciones sociales de cómo concebir y llevar a  cabo los procesos de formación, crianza y cuidados de niños, niñas y adolescentes; procesos de cambio que son lentos, que no se dan de la noche a la mañana.  De especial importancia, para la consecución de este logro, es el trabajo promocional y preventivo con los padres y madres.  La promoción y la prevención en educación a la  familia nunca han sido prioridad política y económica del Estado colombiano.  Los programas oficiales carecen de continuidad en el tiempo y los recursos asignados son precarios.  El enfoque de las escuelas de padres ha caducado.  El principio que la regia era el de padres que cometían errores en la crianza a los que había que enseñar.  No se valoraba su saber y experiencia.  La propuesta es conformar verdaderas escuelas de familia donde se valore el conocimiento y el deseo de paternar y maternar, que incluya y propicie la participación activa y democrática de todos los miembros de la familia.  Escuelas de familia donde se cuestionen creencias seculares como: “La letra con sangre entra”, “Porque te quiero te aporrio”, “El que bien te quiere te hará sufrir” y otras por el estilo.  

Poder y autoridad son conceptos conexos pero distintos. Poder implica una capacidad de imponer una fuerza, una voluntad a otros u otros. La coacción, la arbitrariedad y la injusticia están asociados al uso autoritario del poder.  La autoridad es una condición validadora que otro o un colectivo le reconocen a una persona o institución.  Se puede ejercer poder legal  sin autoridad en cuyo caso se llega a carecer tanto de de legitimidad como de gobernabilidad.  La legitimidad de la autoridad es un atributo que se gana, que se concede por su buen uso.  El inadecuado desempeño de las funciones paterna y materna conlleva a la pérdida de confianza y autoridad ante los hijos; restablecerlas no es un proceso fácil y muchas veces infructuoso. Aunque suene redundante el ejercicio de la autoridad parental requiere el requisito previo y vigente de una “autoridad” ganada y reconocida por los hijos desde la infancia; sin ello no es posible hacer realidad la guía orientadora de la autoridad parental.    

La propuesta de la autoridad parental conlleva, además, una mirada distinta a la familia, no como la destinataria  de las acciones del Estado y la sociedad, como la receptora de la filantropía, la beneficencia y la caridad de las instituciones públicas y privadas.  Hay que mirarlas y reconocerlas en sus fortalezas y capacidades internas, como actores sociales, como sujeto colectivo de derechos. La iniciativa de la autoridad parental implica un cambio en la conciencia colectiva de la sociedad, en aceptar el ejercicio pleno de la titularidad de los derechos de los niños, niñas y adolescentes, en dejar de lado el uso del poder autoritario, las razones adultocentricas y el deseo de dominación.  La autoridad parental requiere de padres, madres y adultos significativos que sean autenticas figuras de identificación, que enseñen tanto con el ejemplo como con la palabra, que sean coherentes entre el discurso y la acción, que en vez de demandar obediencia y deberes de los hijos eduque en la autonomía y la responsabilidad.  Por conseguir el amor de los padres los hijos internalizan las normas y las reglas, si no se percibe amor  normas  y reglas son rechazadas y se instala el conflicto.

Un cambio significativo que observamos en la actualidad es la de hombres que quieren y practican con responsabilidad su paternidad en las tareas de la crianza, el cuidado y la formación. Desean establecer fuertes vínculos emocionales y afectivos con los hijos, marcando una diferencia notable con anteriores generaciones. No quieren ser meros proveedores genéticos o económicos. Más, sin embargo, vemos con preocupación cómo ciertas prácticas institucionales de programas de atención a la primera infancia des-responsabilizan la autoridad parental al sustituir responsabilidades directas de los padres como la inscripción en el registro civil, cumplir con las citas médicas, los esquemas de vacunación, la higiene y el baño previo al ingreso al centro de desarrollo infantil y a la consecución de colegio a los niños y niñas que entran a la edad escolar. ¿Con ésta última medida no se estará, acaso,  violando el derecho  constitucional de los padres a escoger libremente el tipo de educación de los hijos? La constitución política de 1991 determinó que el Estado, la sociedad y la familia son corresponsables en la atención a la infancia. El principio de corresponsabilidad obliga a los tres agentes, no significa que uno de ellos sustituya o haga suyo las responsabilidades directas de otro.  Tal como se está entendiendo y aplicando implica desvirtuar dicho principio.  La contrapartida de la titularidad de los derechos es asumir responsabilidades.  Derechos sin responsabilidades es puro y craso asistencialismo, del cual ya sabemos los efectos perversos que causa en las personas, familias y colectivos sociales.

La autoridad parental  que se desea es una autoridad que conjugue la amabilidad, la justicia y la democracia.  La autoridad es un atributo indelegable de la persona. Se puede delegar el poder más no la autoridad.  La autoridad se pierde cuando no se sabe ejercer. La legitimidad es también un atributo de la autoridad que se reconoce cuando hay coherencia e integridad en quien la encarna.  La falta de autoridad y el autoritarismo son igualmente nocivos en las relaciones parento-filiales. La autoridad parental desmonta la creencia en padres y madres que es necesario el empleo del poder, la dominación y el castigo para obtener de los hijos obediencia y sumisión. La estrategia de hacerse amigos de los hijos, en la etapa de la crianza, tampoco es el camino adecuado para establecer cercanía, confianza, confidencia y comunicación fluida con los hijos.  Los amigos no se imponen,  se eligen y se convierten en pares equivalentes.  Los hijos no tienen la opción de elegir a sus progenitores o padres adoptivos. Bajo este lineamiento de una pretendida amistad con los hijos no es posible establecer límites y hacerlos cumplir, de esta manera la autoridad parental queda desdibujada. Cuando la crianza y la dependencia económica terminan, por la llegada la vida adulta, ya  es posible una establecer una relación parento-filial basada en los principios de la amistad y el compañerismo.  Antes no es posible, ni conveniente.

La fijación de horarios de entrada y salida de los hijos del hogar es un asunto que compete a la autoridad parental. Dos situaciones se presentan: los padres la imponen o se concertan con los hijos, en una familia democrática, de acuerdo con la edad, la confianza y la responsabilidad; sin embargo el Estado mediante la conocida “ley zanahoria” y por motivos de protección y seguridad ciudadana establece horarios de restricción para menores de edad que permanecen solos en sitios públicos.  En esta situación prima la autoridad del Estado sobre la autoridad de padres y madres.  

Padres y madres indiferentes, indulgentes, sobreprotectores o rechazantes se alejan del concepto de la autoridad parental.  En el pasado la expectativa de los padres con relación al futuro de los hijos eran que fuesen personas de bien y “salieran adelante en la vida”.  Hoy la expectativa es que sean felices pero es un concepto de la felicidad basado en el consumo, en la entrega sin esfuerzo y méritos de objetos y regalos para obtener el beneplácito de los hijos. Pareciera ser que pasamos de una época donde los hijos vivían con miedo a los padres a una época donde son los padres los que temen a los hijos.

 La crianza y formación de los hijos no es una ciencia exacta, es más un asunto de actitud positiva, sentido común, intuición y  manifestación amorosa.  El mundo contemporáneo es de cambios rápidos, muchos de ellos impredecibles. Instituciones como la familia, el matrimonio, la educación de los hijos, las relaciones con los parientes, la conciliación de la vida personal, familiar y laboral  son a la vez, causa y efecto de las transformaciones que vivimos.  Las redes sociales ejercen cada vez más influencia en el sentir, pensar y actuar de los hijos, mientras que la influencia de la familia se ve debilitada.

 Propiciar condiciones, objetivas y subjetivas, para la sustitución de la patria potestad por la autoridad parental es contribuir con el fin definitivo, legal y cultural, del régimen patriarcal y en avanzar en la consolidación de una verdadera “crianza humanizada” donde se respeten y armonicen los derechos tanto de las personas como de la familia. La “crianza humanizada” hace posible la democracia en la familia y ésta la democracia en la sociedad. Requerimos de nuevos padres y madres que estén dispuestos ha hacer ruptura con el pasado