Friday, October 09, 2009


AL MAESTRO, COLEGA Y AMIGO : Hernán Henao Delgado
En conmemoración de los 10 años de su muerte: 1999 - 2009


Luis Julián Salas Rodas

Sociólogo
Especialista y Magister en Ciencias Sociales 
Magister en Ciencias de la Educación
Director Ejecutivo de la Fundación Bien Humano
www.bienhumano.org


La muerte definitiva sobreviene cuando ya nadie nos recuerda. De los millones y millones de seres humanos que han pisado y pisarán el planeta tierra, nuestro único hogar en el universo conocido, sólo unos miles tendrán sitio en los anales de arqueología y de la historia. ¿Por qué esos miles logran permanecer en la memoria y los millones no? ¿Qué hace que una persona, de carne, huesos, emociones, afectos y pensamientos, perviva en la memoria colectiva y otros no? Variados los motivos e innumerables las razones para que tal hecho ocurra o no. Se podría alegar que la búsqueda y logro de la riqueza material, de la fama, del poder o de la belleza física del cuerpo es una vía segura para que un biógrafo se interese y consigne en un texto la historia de vida de ese personaje y así perdure en el trasegar de las generaciones. Pocas veces se obtiene la riqueza material sin impedir que otros también puedan acumularla y disfrutarla. La fama es casi siempre una estela efímera que no pasa del cuarto de hora. El poder implica, en todos los casos, la imposición de una voluntad sobre el otro y los riesgos de su abuso; y en cuanto a la belleza física del cuerpo ésta solo alcanza trascendencia en la obra de arte gracias al talento y al trabajo de un artista. La sociedad, la cultura, la parentela y los medios de comunicación nos hacen creer que la felicidad y el bienestar residen en ser rico, célebre, poderoso o bello; y una vez creído el cuento iniciamos una incesante carrera y en ella dilapidamos el tiempo, el bien más escaso e irrecuperable, afectamos la salud, el soporte biológico de la vida humana, y dejamos de lado lo más importante: el disfrute y conservación de los vínculos afectivos de los seres que en verdad nos aman y que no nos olvidarán.

En el afán de perpetuar recordatorio de una “vida memorable” acudimos a varias fórmulas: erigir en un espacio público una estatua, dar su nombre a un edificio o un intercambio vial, establecer un premio anual o crear una fundación. Todas las fórmulas son válidas dependiendo de la iniciativa, voluntad y recursos con que dispongan los memorialistas, pero, con el paso del tiempo, la estatua puede ser desmontada o decapitada, el edificio demolido, el premio dejar de concederse y la fundación liquidarse por agotamiento de su patrimonio. ¿Qué queda, en últimas, de una “vida memorable” cuando su recordatorio se extingue? Muy poco o casi nada.

De acuerdo con las predicciones de los astrónomos llegarán las épocas en que el núcleo interno de la tierra se enfríe, el sol agote su energía nuclear y se convierta en una estrella enana, la Vía Láctea, nuestra galaxia, choque con otras. Catástrofes universales que harán de este pequeño rincón que nos alberga, nuevamente, minúsculas partículas de polvo cósmico. Dramáticas las predicciones pero extinguida la vida y su sustento físico se perderá todo rastro de la civilización humana. Llegará, porque llegará, el fin de los tiempos y seremos, ahí sí, olvido, de verdad, como en el poema de Borges. Sin la certeza de la fecha exacta de esos acontecimientos aterradores, y esperemos que sean muy lejanos para que no nos toquen, tenemos el deber ético, el llamado de conciencia y el regocijo de conservar en la memoria, de invocar el recuerdo de aquellas personas que partieron antes y que en el cruce de caminos de la vida tuvimos la oportunidad y el privilegio de su amistad, de su inteligencia, de su carisma, y de su ejemplo. Valores que encarnaba Hernán Henao Delgado y lo recordamos por ellos y no por haber poseído una riqueza material, que no la tuvo ni le interesó tenerla; o por la fama, que le era indiferente, o por el poder, que si en algún momento lo detentó nunca abusó de él. La de Hernán no fue una “vida memorable” sino una vida para emular y no olvidar.

El día y la hora de su muerte habíamos concertado una reunión, en su despacho del INER, con el equipo de investigación del proyecto sobre el Sistema Progresivo Penitenciario Alternativo, a realizar para el Instituto Nacional Penitenciario y Carcelario INPEC, entre el INER y la Fundación Bienestar Humano. ¡Vaya ironía del destino! Queriendo conocer más del mundo de la ilegalidad y la delincuencia, ésta le segó la vida. El retardo, por minutos, del inicio de la reunión, nos evitó ser testigos presenciales de su asesinato. Vivimos, eso sí, los angustiosos momentos posteriores del llanto, de incredulidad, rabia y desconcierto colectivo. El impacto de una muerte cruel y repentina, como fue la de Hernán, nos lleva, en un primer momento, a sobrevalorar las cualidades o méritos del difunto. El paso inexorable del tiempo, que todo lo decanta, es un buen indicador para saber si los juicios iniciales emitidos fueron válidos y justos o resultado del impacto emocional. Permítanme leer de nuevo las notas que escribí sobre Hernán, recién fallecido, en la edición N° 80 del periódico Generación de la Fundación Bienestar Humano:

“Difícil expresar con palabras el sentimiento de dolor, de rabia e impotencia por el asesinato atroz del antropólogo Hernán Henao Delgado. Durante 15 años Hernán fue socio activo de la Fundación, hizo parte del comité de familia y de su Junta Directiva. Gracias a su visión, empuje, experiencia, contactos y conocimientos pudimos adelantar importantes investigaciones y proyectos, algunos de ellos en alianza con el Instituto de Estudios Regionales INER y otros con el Centro de Investigaciones Sociales CISH, ambos de la Universidad de Antioquia. Tuve la feliz oportunidad de tratarlo no solo como socio de la Fundación sino como su coordinador de los programas de extensión del INER. Y fue bajo esta doble condición, y en el día a día de la actividad laboral, como pude darme cuenta del cúmulo de virtudes de su personalidad e inteligencia: Su entusiasmo inagotable al concebir ideas y propuestas, el ejercicio sereno de una autoridad amable, su genuino sentido del respeto a la dignidad humana, su sencillez, su buen humor, su permanente sonrisa, su gran capacidad de escucha, su generosidad sin límites, la claridad de su pensamiento y su coherencia con la acción, su facilidad de palabra, su trato cordial con todos y todas; su permanente disposición para ofrecer una oportunidad de trabajo a quien demostrara talento y deseos de vincularse a los proyectos del INER, son, entre muchas otras, las cualidades que distinguían su carácter y las enseñanzas que me dejó como maestro y como jefe”.
Estoy seguro que todas las personas aquí presentes que conocieron y trataron a Hernán comparten la validez y vigencia de mi testimonio. En la íntima o expresa vanidad humana cuántos de nosotros no quisiéramos ser recordados en un acto como éste después de 10 años de fallecer. El merecimiento agradecido de la memoria colectiva solo lo alcanzan aquellos seres que dejan huella, que siguen siendo inspiración, que nos animaron con su ejemplo a ser mejores y no claudicar ante las adversidades.

Su familia, la Universidad de Antioquia, la Corporación Región, la Fundación Bienestar Humano y en particular el Instituto de Estudios Regionales INER, fueron los espacios donde Hernán repartió su tiempo, su quehacer profesional y sus afectos en los últimos años de su vida. Siete años estuvo Hernán al frente de los destinos del INER, pocos pero suficientes para ser pionero en los estudios de desplazamiento forzado en Antioquia y dejar su impronta indeleble en el equipo de trabajo que conformó y que aún está al frente: Lucelly Villegas, su mano derecha y actual directora, María Teresa Arcila, Clara Inés García, María Clara Aramburo, Doralba Gutiérrez, gracias a ustedes, y a los otros profesionales que se vincularon después, por mantener el espíritu de Hernán y por acrecentar los logros académicos y científicos que él soñaba para el INER y que hoy son una realidad en sus primeros 20 años de vida institucional.

La familia fue siempre objeto de estudio e interés profesional para Hernán. Tuvo desde su formación universitaria como maestras, colegas y amigas nada menos que a las antropólogas Virginia Gutiérrez de Pineda y Ligia Echeverri Ángel. Autoras de referencia obligada por sus aportes investigativos en el tema. Este año conmemoramos una década del fallecimiento de Virginia. Para ella va también nuestra afectuosa recordación. De su insigne maestra logró que la editorial de la Universidad de Antioquia publicara, por primera vez en la Universidad, en 1994, su libro más conocido y renombrado: Familia y Cultura en Colombia, texto de una profundidad etnográfica aún no superada en Colombia y en Iberoamérica. En el prólogo del libro titulado por Hernán: Virginia Gutiérrez de Pineda: una vida y una obra para la ciencia social, refiere la siguiente anécdota de ella:

“Empezando mi primera investigación, sobre, Organización Social en la Guajira, me encontraba una tarde en la casa de una de las mujeres más importantes de la zona de Maicao, Cristina, recién casada, me contaba con orgullo que su esposo había pagado por ella una dote de cientos de vacunos, mulares, caprinos, más collares, piedras de tume, bolívares, etc.; Y mientras hacía alarde de ello, yo como mujer de otra cultura me sentía triste y adolorida de que todavía en el país existiera la compra de mujeres. Cuando ella terminó quedó esperando mis elogios, pero yo, que todavía no conocía esa cultura a fondo, ni el significado profundo de lo que oía, guardé profundo silencio. Entonces me preguntó: Virginia, ¿Y tú cuánto costaste? ¡Nada! Le respondí orgullosa e indignada, y ella sintió una gran lástima por mí: “Pobrecita, no le costaste ni siquiera unas chivas a Roberto (su esposo)”. Después de este suceso se distanció la comunicación entre nosotras. Más tarde sabiendo más, comprendí que cada una de nosotras veía las cosas desde su cultura y que en este sentido tenía mucho que aprender”.[1]

En su calidad de Director Académico del II Congreso Latinoamericano de Familia Siglo XXI, realizado en Medellín en 1998, escribió Hernán estas palabras en homenaje a Virginia, nombrada presidenta honoraria del congreso:

“Maestra, usted nos hace un gran honor al presidir estas sesiones. Pero más que eso, con su halo nos sigue comunicando esa energía que nos llevó a dedicarle el resto de nuestras vidas a los mismos propósitos suyos, esperando que la historia no nos olvide muy pronto, no tanto por lo que pensamos y dijimos sino por lo que quisimos seguir construyendo”.[2]

Virginia, Ligia, Hernán, antropólogos de vocación y profesión: Cierto, no lo sabemos todo de la cultura y el comportamiento humano… Siempre tenemos mucho que aprender y aún no los hemos olvidado porque nos han dado ejemplo y porque mantenemos el deseo y la voluntad de seguir construyendo.

Siendo la razón de ser de la Fundación Bienestar Humano el trabajo con las familias, este año cumplimos 75 de vida institucional, Hernán se sintió muy a gusto en ella. En la Junta Directiva, en el comité de familia y en los empleados de la Fundación, él continúa presente; su hálito, sus conocimientos sobre el ser y el devenir de las familias siguen siendo para nosotros cantera de nuevas iniciativas y proyectos. Sus reflexiones en torno a la figura, función e imagen del Padre nos permitieron comprender mejor su papel e incrementar la participación masculina en los cursos y talleres. En asocio de la Fundación y del Comité Interinstitucional de Familia CIF, los aportes de Hernán fueron decisivos para la expedición de los acuerdos 47 y 59 de 1993 del Concejo de Medellín que sentaron, por primera vez, las bases para la formulación de una política de Atención a Integral a la Familia. Siempre nos es grato su recuerdo y nos sentimos muy agradecidos y orgullosos de haber contado con su vinculación y compromiso como socio activo. Gracias a su invitación a hacer parte de la Fundación es que continúan como socias la terapeuta familiar Olga Lucía López Jaramillo y la trabajadora social Blanca Inés Jiménez Zuluaga, reconocidas profesoras de la Universidad de Antioquia e investigadoras en el tema de familia. En el centro documental de la Fundación tenemos reseñado gran parte de la producción intelectual de Hernán para consulta y estudio de los interesados.

A quienes ejercemos cargos de dirección en las organizaciones se nos insiste en hacer realidad el paradigma del trabajo interinstitucional, intersectorial y en alianza; este paradigma se formaliza en convenios y contratos llenos de cláusulas y pólizas de cumplimientos, requisitos de ley necesarios para salvaguardar el buen uso de los dineros públicos y privados. La confianza, base del capital social es también la esencia de las relaciones humanas. La integridad y transparencia de la personalidad de Hernán y su oficio innato de tejedor social facilitaban llegar pronto a la firma de acuerdos y a la resolución de conflictos o malentendidos. Cualidades escasas pero deseables si queremos generar más sinergias y efectos positivos en los procesos sociales. Un motivo más para admirarlo y extrañarlo.

De estar físicamente con nosotros Hernán cumpliría 64 años. Estaría pensionado más no jubilado. Sin el agobio de las tareas administrativas y los requerimientos laborales tendría más tiempo para leer, escribir, publicar, tejer redes sociales, acercar voluntades y ejercer de abuelo consentidor. Su producción intelectual continuaría imparable y su familia y amigos nos sentiríamos muy alegres de seguir departiendo y aprendiendo de él. La ingratitud humana, que a veces parece no tener límites, nos priva en muchas ocasiones de expresar en vida lo que pensamos y sentimos de las personas significativas que están a nuestro alrededor. No fue así con Hernán y por eso no hay lugar a la culpa o al remordimiento.

Los que hemos afrontado la pérdida temprana de un ser querido sabemos que el dolor intenso y la profunda tristeza que dicha pérdida nos causa se mitiga, con el tiempo, por los bellos y buenos recuerdos propios, así como los que después nos dan a conocer de él amigos, colegas y compañeros que hicieron parte, también, de su vida, como ha sido en el día de hoy. Dora, Marcela, Natalia sabemos y fuimos testigos del genuino y cálido amor que Hernán les profesaba, gracias por compartir este rito recordatorio de HERNÁN quien aún no ha muerto en forma definitiva entre nosotros. Sólo nos siguen causando rabia y dolor lo absurdo, la impunidad y la injusticia de su asesinato.

Medellín, 30 de abril de 2009

[1] Herrera, Marta Cecilia y otro. Virginia Gutiérrez de Pineda: una vida de pasión, investigación y docencia. Boletín Cultural y Bibliográfico Nº 10. Volumen 24. Biblioteca Luis Ángel Arango. Bogotá, 1987
[2] Segundo Congreso Latinoamericano de Familia Siglo XXI: Hacia la convergencia entre el Pensamiento y la Acción. Memorias. Tomo II. Alcaldía de Medellín. 1999. Pág: 22

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