November 15, 2018

Familia y cultura en Colombia: 1968-2018 50 años de vigencia de un tema



FAMILIA Y CULTURA EN COLOMBIA: 1968-2018 50 AÑOS DE VIGENCIA DE UN TEMA

Luis Julián Salas Rodas

Sociólogo
Especialista y Magíster en Ciencias Sociales
Magíster en Ciencias de la Educación
Blog en Google: familia y otros
Luijus34@gmail.com
Twitter: @LuisJulianSalas 

Medellín - Colombia



Tres son los objetivos  de este ensayo argumentativo: 1) dar cuenta de los cincuenta años de la obra cumbre de la antropóloga colombiana Virginia Gutiérrez de Pineda: Familia Y Cultura en Colombia; 2) comentar algunos cambios, transformaciones y permanencias  de las familias durante este período de tiempo,  3) rendir homenaje a su vida, memoria y obra científica.

Antecedentes y contexto

Familia y Cultura en Colombia: tipologías, funciones y dinámica de la familia. Manifestaciones múltiples a través del mosaico cultural y estructuras sociales, fue la obra cumbre de la antropóloga y etnóloga colombiana, profesora emérita de la Universidad Nacional de Colombia, Virginia Gutiérrez de Pineda. (Q.E.P.D.). En la presentación que en 1968, año de su publicación, el antropólogo Miguel Fornaguera señaló:

En ella por primera vez en Colombia se desarrolla el tema de la familia de manera científica y sistemática, buscando establecer un marco teórico general, dentro del cual  se incorpora y organiza la rica variedad de formas familiares que presenta la realidad de nuestra vida colectiva. A las versiones monolíticas, estereotipadas e ideales de “una familia colombiana” la autora contrapone el variadísimo mosaico tipológico desarrollado bajo la influencia de subculturas regionales, áreas urbanas y rurales, clases sociales, formas de tenencia y propiedad, etapas del ciclo vital de la institución, etc. Sin proponérselo, sin ánimo polémico, mostrando la escueta y compleja realidad, la autora destruye una gran cantidad de mitos interpretativos y actuantes, creados en Colombia alrededor de esta institución fundamental.

Ciertas y aún vigentes las palabras del antropólogo Fornaguera, quien en 1968, fungía como Director de Investigaciones de la Facultad de Ciencias Humanas de la Universidad Nacional de Colombia, acerca de la importancia y los alcances de la publicación de la doctora Virginia.

En 1993 el antropólogo Hernán Henao Delgado (Q.E.P.D.) alumno de la Doctora Virginia era Director del Instituto de Estudios Regionales de la Universidad de Antioquia, Iner, hizo posible la tercera edición de Familia y Cultura en Colombia. 25 años después  de su primera publicación  el antropólogo Henao escribió en el prólogo los siguientes comentarios:

Hoy,  más que ayer, las palabras de Fornaguera tienen validez- Porque en este libro se encuentra una guía teórica y metodológica para comprender el polimorfismo familiar característico del país.
El mapa de la familia en Colombia – porque no puede hablarse de familia colombiana- tiene en las ciudades una complejidad que ya insinuaba la autora al enseñar el peso de las uniones consensuales como respuesta a los patrones cerrados impuestos por la Iglesia y el estado de la época.    
   
Las imágenes culturales con las cuales, aún hoy, se tipifican las regiones, se definen con precisión en esta obra. En ella se dibujan los rasgos característicos de los hombres y las mujeres de los distintos complejos culturales colombianos.

Este libro sugiere también a las nuevas generaciones de investigadores sociales caminos para abordar el trabajo en zonas de frontera cultural, que el país representa tanto los nuevos territorios que se han incorporado a la economía y a la política –Urabá, Magdalena Medio, Orinoquia, Amazonia, Pacífico – como los centros urbanos en donde las tipologías se entrecruzan para producir el resultado polifórmico antes enunciado.

Pero existe además un énfasis en la obra de la autora que no se ha resaltado hasta ahora: los estudios de género. Ella es pionera, tanto nacional como internacionalmente, en esta problemática, porque mucho antes de que el movimiento feminista pusiera el dedo en la llaga de la opresión masculina, Virginia estaba formulando tesis sobre las variantes del machismo en Colombia, sobre los cambios por regiones en las actitudes de las mujeres respecto a su función materna y sus demandas eróticas y afectivas. Las imágenes del hombre y la mujer recogen sus estudios de los complejos culturales regionales. La reconstitución familiar la lleva a repensar los estatus y roles del padre, la madre y el hijo en el contexto de la familia padastral y las familias superpuestas. La familia sin hijos, como opción homo y heterosexual, la ha obligado a tocar las fibras más sensibles del mundo cultural urbano en conformación en el país.

La socióloga,  antropóloga, alumna y colega de la profesora Virginia escribió, también, del libro Familia y Cultura en Colombia:

En este contexto y con rigor metodológico, Virginia Gutiérrez de Pineda muestra por primera vez que el país tenía no una familia, sino una variedad de tipos de familiares que clasifica y describe con minuciosidad, para concluir que cada variedad tipológica responde a la interdependencia con contextos  ambientales, sociales, económicos, religiosos, culturales y psicológicos de características específicas en cada “complejo cultural”, delimitados y dibujados por ella en el mapa de Colombia, para luego seguir clasificando con más detalle sus particularidades en los diversos estratos socioeconómicos de cada región. Es un trabajo de filigrana que exige una mente curiosa, atenta y reflexiva, además de una inmensa capacidad organizativa. (2).

Previo al libro de Familia y Cultura en Colombia, investigación que inicio en 1965,  la profesora Virginia publicó, en 1963 el texto: La Familia en Colombia. Trasfondo Histórico. De este libro dice la autora que surgió cuando:

Yo empecé a preguntar por qué esta diversidad. Por qué Antioquia es así, por qué Santander es asá. Por qué no puedo compararlo con Nariño y con Boyacá. Por qué la Costa es diferente. Entonces me dije, eso tiene que tener un origen y me fui a los archivos y empecé a rastrear la familia india, la familia negra y la familia blanca y luego la inculturación de los tres.

Vino en seguida el cuestionamiento por el presente, por las características de cada región…que factores intervinientes están pesando en cada región. La religión, la economía, la educación, para conformar unidades opuestas y distintas…Esas regiones no resultan de intuiciones mías sino  de muestreos y de cifras estadísticas complementarias. (1).

Mientras en la investigación de La Familia en Colombia. Trasfondo Histórico la profesora Virginia se basó en fuentes documentales, secundarias, de los cronistas españoles y los archivos históricos para estudiar los orígenes y sistemas de la familia india o americana y la hispánica,  la negra y el mestizaje, en la investigación de Familia y Cultura en Colombia ella fue al terreno, a los sitios de vida de las familias, contactó las fuentes primarias, hizo empleo de muestreos representativos,  aplicó  cuestionarios, y  usó diferentes herramientas metodológicas, cuantitativas y cualitativas, así como  técnicas de inmersión etnográfica que le posibilitaron contrastar la evidencia empírica encontrada con la construcción teórica de los Complejos Culturales. Dos investigaciones que se complementan, dos momentos distintos, de un solo plan de estudio y de trabajo frente al tema de familia.

Permanencias y nuevas realidades políticas, familiares, sociales y culturales

Cincuenta años, cinco décadas, han transcurrido desde la primera edición del libro Familia y Cultura en Colombia.  Muchos, variados, profundos y diversos cambios han atravesado las familias, urbanas y rurales, del país Transformaciones resultado de, también, cambios en los órdenes político, económico, social y cultural de la sociedad, el Estado colombiano y del mundo. En los años sesenta del siglo XX imperaba el régimen político bipartidista de liberales y conservadores del Frente nacional  que pacificó al país de la violencia política de los años 40 y 50 pero que dio origen a los movimientos guerrilleros que persistieron durante las cinco décadas siguientes y que junto con los grupos paramilitares y agentes del Estado dieron origen al desplazamiento forzado  y de refugiados de millones de personas y familias del país.

El modelo hegemónico y mayoritario de la familia nuclear, papá, mamá e hijos, herencia histórica del régimen patriarcal occidental fue cuestionado desde los movimientos feministas y derogado desde la Ley, aunque subsiste en las creencias y mentalidades de personas y sectores de la sociedad. La industrialización, la migración campo-ciudad, la larga permanencia del conflicto armado, entre otras causas, han dado como resultado que el 79% de la población del país viva en los centros urbanos que representan tan solo el 15% del territorio nacional mientras que el 15% de la población reside en el 85% del territorio, es decir en la ruralidad. Hoy existen alrededor de 14.000.000 de hogares y 49.000.000 de habitantes mientras que en 1968 vivían alrededor de 20.000.000 millones. En cincuenta años el país duplicó su población.  La tasas global de fecundidad pasó de siete hijos por mujer se pasó a dos hijos dando como resultado variaciones significativas en los aspectos demográficos de la población y el tamaño de las familias: efectos, además, de las políticas y programas de planificación familiar. (Encuesta Nacional de Demografía y Salud (ENDS). 2015). 

Con la denominación de la categoría de Complejo Cultural Virginia Gutiérrez describió y analizó, desde una perspectiva e inmersión etnográfica, cuatro Complejos Culturales: el andino o americano; el santandereano o neo-hispánico; el negroide o litoral fluvio  minero; y el antioqueño o de montaña. (La doctora Virginia señala en el prólogo de la investigación la ausencia de otras zonas del país que no pudo estudiar por problemas de orden público como los departamentos de Tolima, Huila, Meta y lo que en esos años se llamaban los Territorios Nacionales).  En cada uno de dichos Complejos la autora estudió y dio cuenta del hábitat, las instituciones, la economía, la religión, el status y función,  y la tipología familiar. La tesis planteada y demostrada era que Colombia al ser un país de regiones y diverso en lo social y cultural lo era también en la estructura, funcionamiento y tipología familiar.

La categoría de los Complejos Culturales Familiares sustentada por la profesora Virginia desde la investigación social, en los años sesenta del siglo XX,  fue precursora del reconocimiento jurídico y político que la Constitución de 1991 hizo de Colombia como un Estado-Nación pluriétnico y multicultural donde la mezcla, el mestizaje,  de tres culturas: indígenas, europeos y africanos asentadas en distintas regiones del territorio conformaron un país diverso en todas las expresiones de la vida humana y social. La profesora Virginia tiene el mérito de haber sido la primera estudiosa en demostrar, con rigurosa evidencia científica desde la antropología, la sociología y la etnografía, que la formación histórica de la familia en Colombia no obedecía a un único modelo hegemónico de corte católico, apostólico y romano, imperante en todo el territorio, tal  como afirmaban, en su época, eminentes jerarcas y  laicos católicos sino que tenía origen, como ya lo mencionamos,  en la diversidad de estructuras, composición y tipologías familiares de acuerdo con la región que se habitaba. Regiones muy delimitadas geográficamente y con pocas vías de comunicación terrestre entre sí por los obstáculos que imponía la agreste naturaleza de entonces. Este reconocimiento al valor y riqueza de la socio diversidad y multiculturalidad de las poblaciones en sus formas de vida, habla, acentos, tradiciones, costumbres, hábitos alimenticios, pautas de crianza, sistemas de creencias y régimen económico, fue la base al posterior  reconocimiento, también, de los derechos políticos y a la permanencia en los territorios ancestrales de las etnias indígenas, los afrodescendientes, los raizales y el pueblo Rom, en Colombia, en la Constitución de 1991.

En el caso específico  del complejo cultural  de montaña o antioqueño lo caracterizaba, así, la doctora Virginia:

La institución religiosa alcanza en este complejo su plenitud máxima, como posición en la sociedad y proyección ética sobre el individuo y la estructuración familiar. La unidad doméstica se configura con base en el matrimonio, siendo este complejo el que suministra más altos porcentajes de nupcialidad, mínimos de relaciones de relaciones consensuales y lógicamente los más altos índices de legitimidad. Las uniones de facto, marcadamente escasas, aparecen  en las zonas urbanas y en los linderos del complejo con otras subculturas. La familia presenta un marcado sabor patriarcal, y fuerte nexos familiares en la unidad extensa unilineal uterina. (Op.Cit. Pág.: XXXIII).

En el 2013 la Gobernación de Antioquia, la Universidad EAFIT y la firma encuestadora INVAMER realizaron el estudio: valores, representaciones y capital social en Antioquia. En dicho estudio se indagó a 2.400  personas, de 9 subregiones, del departamento su percepción respecto a la familia como institución llegando a la siguiente conclusión:

Independientemente de cualquier consideración teórica o normativa, la familia es la institución en la que más confían los habitantes de Antioquia. Los datos apenas difieren en pocos puntos porcentuales entre la metodología de encuestas y la metodología experimental. La familia goza de más confianza que cualquier grupo informal o formal de la sociedad civil y mucha más confianza que cualquier entidad estatal, por lo cual puede afirmarse ­­-sin lugar a dudas- que es parte fundamental de la estructura básica de la sociedad antioqueña (…) La familia, en Antioquia, también es  también es el principal medio de socialización de las personas. Cada habitante del departamento se relaciona en promedio con 6.4 familiares, diferentes a los que viven con él en el mismo hogar.  (3).

La referencia, arriba citada, da cuenta de que a pesar del tiempo transcurrido, 45 años, y los cambios en la familia del complejo cultural de la montaña o antioqueño, las personas de este departamento la siguen percibiendo y valorándola en forma positiva.

UBICACIÓN GEOGRÁFICA DE LOS COMPLEJOS CULTURALES
1965 – 1968



Fue ella quien acuño el concepto de polimorfismo familiar varia denominar las distintas formas de organización familiar  que puedan darse en una sociedad. Concepto que no ha perdido vigencia. Todo lo contrario, por cuanto sigue denominando las dinámicas de cambio de las familias del país en las distintas regiones y centros urbanos, tal como lo registra la investigación de la Encuesta de Demografía y Salud, ya citada:

En cuanto a los tipos de familia, un tercio del total de los hogares del país (33.2%) se conforma por familias nucleares biparentales (ambos padres e hijos), 12.6% por nucleares monoparentales (falta el padre o la madre) y 9.8% de ellas por parejas sin hijos; 12,8% son ocupados por familias extensas biparentales (pareja, más hijos sol o casados y otros parientes); 2.9% pertenecen a parejas sin hijos junto con otros parientes y 4.5% de los hogares del país vive el jefe con otros parientes. (www.elheraldo.co/12 de diciembre de 2016).
Fuente: Encuesta Nacional de  Demografía y Salud. Profamilia. 2015.

Un fenómeno creciente en los últimos cincuenta años  es el constante aumento de las uniones maritales de hecho o uniones libres de las parejas que no optan por el matrimonio religioso o civil:

El Mapa Mundial de la Familia 2015, un informe elaborado por Child Trends y Social Trends Institute, ratificó los indicadores que ha venido mostrando Colombia desde el 2010 en materia de estructura familiar y que lo dejan como el país con mayor registro de adultos en edad reproductiva, 15 a 49 años,  que viven en unión libre, con un 35%, entre 49 naciones valoradas. Colombia reporta el índice más alto de Suramérica de niños que nacen por fuera del matrimonio, con un 84% (…) también presenta los porcentajes más altos de la región de niños que viven con un solo padre (27% y sin sus padres (11%) y el más bajo en cuanto a niños que viven con sus dos padres (62%)

En 1968, con la Ley 75, se creó, en la administración del presidente Carlos Lleras Restrepo, el Instituto Colombiano de Bienestar Familiar ICBF, con el propósito de atender a “la niñez desamparada” bajo la modalidad de Hogares Infantiles y los casos de demanda de paternidad. En la actualidad la atención a la Primera Infancia es una política pública reconocida por la Ley.

En 1989, con la expedición del Decreto 2737, se crean las Comisarias de Familia con el fin de atender la problemática de la violencia intrafamiliar, de pareja.  El maltrato y el abuso sexual. Si bien el Estado y la sociedad colombiana dispone, ya, de una institucionalidad y normatividad, en estos temas la problemática sigue activa de lo cual dan cuenta las estadísticas oficiales. Hoy como ayer la violencia y la agresión se siguen presentando en las relaciones familiares con mayor frecuencia e intensidad que la violencia social y política. No ha sido posible desterrarla de la mentalidad, de las creencias y de las pautas de crianza. La violencia como forma de resolver los conflictos interpersonales e intrafamiliares sigue anclada y legitimada en la cultura.

Un hecho positivo de estos últimos cincuenta años  ha sido la participación, el avance de las conquistas y derechos de la mujer en la familia, la sociedad, la educación y los ámbitos laboral  y político. La Ley eliminó todas las formas legales y jurídicas de discriminación a la mujer. Los movimientos feministas, las organizaciones comunitarias de mujeres,  y los aportes de la academia en los estudios de género han contribuido, sin duda, al cambio favorable de la percepción e inclusión de las mujeres. La reducción del analfabetismo y el acceso masivo de las mujeres a todos los niveles de la educación formal son hechos notorios e importantes del cambio social en el país. Sin embargo, aún persisten creencias y prácticas discriminatorias y machistas que ponen obstáculos y ejercen violencia contra ellas.   A diferencia de hace cincuenta años cuando no se hablaba del enfoque de género y del enfoque de los Derechos Humanos nuevos discursos y prácticas cuestionan el ejercicio autocrático del poder en las familias con el propósito de construir nuevas relaciones de respeto, de igualdad y democracia entre sus integrantes. Se aboga por la “democracia en la familia y la familia en la democracia” para superar las situaciones de discriminación, exclusión y arbitrariedad heredadas del antiguo régimen patriarcal, el cual era avalado por el Código Civil de 1873, la iglesia católica y las costumbres sociales.
   
Un hito histórico para las familias del país fue el reconocimiento de ellas como Sujeto Político en la Constitución de 1991, lo que no había en la Constitución de 1886. Este reconocimiento hizo obligatorio para el Estado la protección integral, la cual se desarrolla, con la promulgación de leyes como la  Ley 294 de 1996 de Violencia Intrafamiliar, luego, en la Leyes 1361 de 2009 y en la 1857 de 2017.  La Ley 1361 le concede a las familias otro reconocimiento: el de Sujeto Colectivo de Derechos y Obligaciones. 19 derechos para las familias y 10 deberes, para el Estado y la sociedad y de acuerdo al principio de corresponsabilidad, otorgan esta Ley a las familias; también obliga a los entes territoriales a formular políticas públicas para apoyar y fortalecer a las familias en sus jurisdicciones.  Sin embargo, aún no todos los entes territoriales han acatado el mandato de la Ley  y lo que es más grave y preocupante es que las familias siguen desconociendo los derechos otorgados, no los reclaman por cuanto no han tomado conciencia del alcance que pueden tener si obran como Sujeto Colectivo de Derechos y Obligaciones. Para ello es indispensable que dejen de ser percibidas como objeto de la beneficencia, la caridad, la filantropía y la asistencia permanente del Estado, la sociedad, la cooperación internacional, las ONG  y las iglesias. Se requiere un cambio radical en la mirada y las acciones de los actores sociales y políticos frente a las familias por cuanto ellas deben pasar de ser el sujeto pasivo de las intervenciones a constituirse en el sujeto activo de su propio destino, es decir, asumirse como actor social y político con capacidad propia de agencia, representación, interlocución y decisión. Para el logro de este propósito es menester que las políticas públicas, de apoyo y fortalecimiento, posibiliten y motiven este cambio. Es menester, también, insistir en afianzar el enfoque de los Derechos Humanos como salvaguarda de la dignidad humana y de la vida digna, enfoque que debe articular y conciliar la unidad persona-familia en el sentido de hacer compatibles los derechos individuales de las familias con los derechos colectivos de las familias. La Constitución de 1991  reconoció a los niños, niñas, adolescentes, mujeres y personas mayores derechos específicos, los cuales se han ejercido mediante la formulación y ejecución de políticas públicas lideradas por los entes territoriales del Estado. De lo que se trata es articular estas políticas con los lineamientos ordenados por las Leyes 1361 de 2009 y 1857 de 2017 y con las políticas departamentales y municipales de familia.

Hace cincuenta años no existía la concepción neoliberal del Estado y la sociedad que hoy rige el desarrollo del capitalismo a nivel global.  Un paradigma que apela a la exaltación, a ultranza, del individualismo, de la competencia en contra de la colaboración y la solidaridad que brindan las  relaciones familiares y comunitarias. El neoliberalismo ha hecho del Mercado el lugar, máximo, de satisfacción, de los deseos, del éxito, del reconocimiento, de la acumulación de riqueza de los individuos en desmedro de otro tipo de esfuerzos cooperativos y de vínculos estrechos entre las personas. La ideología neoliberal hace creer al individuo que sus logros de vida pueden darse apelando, de manera preferente, a su propia gestión, a sus propias capacidades biológicas e intelectuales sin tener que depender de ningún grupo humano o institución del Estado.

El psicólogo, Doctor en Ciencias Sociales y profesor de la Universidad de Antioquia Mauricio Bedoya Hernández expresa al respecto:

El sujeto contemporáneo producido por el neoliberalismo es aquel que debe saber que cuenta con unos recursos humanos que lo habilitan para generar ingresos, pero, al mismo tiempo, reconoce que está sometido, como cualquier empresa, a los riesgos e incertidumbres inherentes al mercado; en consecuencia, es un sujeto que debe hacer gestión de sus capacidades y asumir costos y los riesgos psíquicos y materiales de su supervivencia, convirtiéndose en empresario de sí mismo y desresponsabilizando al Estado. (4).

El  aumento de los hogares unipersonales, en todos los países occidentales, es muestra que la vida personal puede prescindir de la vida familiar cotidiana así se mantengan, con poca frecuencia y baja intensidad, relaciones y comunicación con la familia de origen. Más, sin embargo, persiste en el imaginario popular la  familia nuclear como la idealización de la familia completa y anhelada mientras que la realidad, la academia y las altas cortes nos señalan las estructuras, composición y dinámicas de las nuevas formas de organización familiar.  Subyace en las propuestas oficiales la tendencia a hacer visibles, en las familias, concepciones y prácticas de lo que la socióloga, investigadora y experta en temas de familia, María  Cristina Palacio Valencia ha denominado la nostalgia restaurativa y adaptativa de la familia. (5).

En los cuatro Complejos Culturales que la antropóloga Virginia Gutiérrez dio cuenta, en la década de los años sesenta del siglo XX, se denota el peso que aún tenía la vida familiar en las creencias, actitudes y conductas de las personas. El peso de las tradiciones, las costumbres y normas se hacía sentir en el mantenimiento de los vínculos afectivos y emocionales. Tener y hacer parte activa  de una familia era fundamental para la aceptación social y el desempeño laboral de las personas. Hoy como resultado de la asunción por parte de las instituciones de tareas y funciones antes de desempeño exclusivo de las familias y de la exaltación de la ideología neoliberal,  algunas de las funciones a ellas asignadas se han despontenciado. Unas para bien y otras no tanto. Las funciones de socialización primaria, de expresión emocional y de vínculos afectivos estables se han debilitado. Cuando  situaciones de maltrato, abuso, violencia y de agresión, física y sicológica, se instalan en la comunicación, en la la cotidianidad y en  las relaciones intrafamiliares la familia deja de ser un entorno protector de sus  integrantes para convertirse en un entorno destructor de los mismos. Los adelantos tecnológicos de la virtualidad y la influencia de las redes sociales han impactado el funcionamiento y la dinámica de  las familias de una manera imprevista y apenas nos estamos ajustando y tomando medidas ante estas nuevas realidades.

Otro cambio notable, desde 1968 hasta el presente, ha sido la pérdida de poder e influencia de la iglesia católica en la vida social, personal y familiar como lo hacía y se reconocía en el pasado. Desde el púlpito y desde la jerarquía eclesiástica la iglesia católica impartía normas, regulaba conductas y determinaba directrices públicas en concordancia con su moral religiosa y el Estado confesional regido por la Constitución de 1886, donde sólo se reconocía como legal el matrimonio católico, por cuanto no podían los creyentes de esta religión casarse por lo civil sin renunciar a su fe, so pena de excomunión, (Ley 14 de 1887), y no era posible el divorcio sino la nulidad del matrimonio. El madresolterismo que antes era  condenada por la iglesia católica y la sociedad, la que era vista como una patología socia hoy, dentro del concepto de libre desarrollo de la personalidad y las técnicas de reproducción in vitro, es considerada como una opción de vida que no implica estigma o disfuncionalidad. El paso de un Estado confesional a uno laico, dado por la modernidad y la reforma al concordato con el Estado Vaticano de 1973 (que permitió que los católicos se casaran por lo civil sin renegar de su fe, además de permitir el divorcio civil), y la Constitución Política de 1991 influyeron, en forma decisiva en dicho cambio. Sin embargo la pérdida del estatus social y político de la iglesia católica ha visto la aparición, y consolidación, de nuevas iglesias cristianas y evangélicas, que a tenor del principio constitucional de la libertad de cultos, han prosperado en las creencias y prácticas religiosas de las personas y familias del país.

El decreto 2820 de 1974 reconoció iguales derechos para hombres y mujeres y eliminó la institución de la  potestad marital, heredada del régimen de la familia patriarcal romana, que obligaba a la mujer obediencia y sumisión  al esposo, dando a ambos la custodia compartida de la patria potestad sobre los hijos.
   
Con relación a las políticas sociales del Estado para las familias ha habido avances objetivos que antes no se tenían.: un avance el apoyo del cuidado y atención de la infancia para los padres y madres trabajadoras. Un avance la garantía de la gratuidad de la educación primaria y secundaria oficial que antes debían pagar las familias. Un avance la cobertura y el acceso a los sistemas de salud y seguridad social. Un avance la política de subsidios a los servicios públicos domiciliarios de las familias de estratos bajos. Un avance la extensión de acceso  a la vivienda de interés social  con subsidio a la cuota inicial y la tasa de interés. 

Hoy las familias están en la agenda pública, se hacen visibles, son del interés de los actores sociales y políticos. El Estado las considera como medio y objetivo en los programas de superación de la pobreza y la cohesión social. Existe una política pública de apoyo y fortalecimiento reconocida por el Estado a cargo del Ministerio de Salud y Protección Social y una Ley, la 1361 de 2009, que obliga a los entes territoriales a formular la política pública de familia en sus jurisdicciones bajo el reconocimiento de Sujeto Colectivo de Derechos y Obligaciones. (6).

La familia sigue siendo el primer grupo social de formación y socialización del ser humano, con capacidad de agencia y de transformación social si el Estado y la sociedad las apoyan y acompañan  siguiendo el principio constitucional de corresponsabilidad. La propuesta, de iniciativa parlamentaria, de crear el Ministerio de Familia va en el mismo sentido de reconocer su importancia en el diseño, implementación y consecución de mayores recursos. (Ver en Google: ¿Qué puede y no puede hacer un Ministerio de Familia por las Familias de Colombia?).
       
Sin caer, tampoco, en la ideología del familismo, en el sentido que las familias no son ni la salvadoras ni las destructoras de la sociedad si es conveniente su fortalecimiento como contrapeso a las acciones de la ideología neoliberal que privilegia el individualismo y el despliegue máximo delas capacidades al servicio de los intereses del mercado. Los valores humanos de la solidaridad, la colaboración y la afectividad que se dan en las familias como, capacidad de agencia y formación del ser humano deben seguir promoviéndose para contrarrestar la influencia, de carácter hegemónica, que pregona la ideología neoliberal. Y esta importante tarea debe hacerse, de manera preferente, en los tiempos de la infancia y  adolescencia de los hijos.

Situación y perspectivas de la investigación en familia

De la producción investigativa de la doctora Virginia la profesora Ximena Pachón, de la Universidad Nacional escribió:

Cuando se explora la obra de Virginia Gutiérrez de Pineda asombran muchas cosas, pero tal vez es la “exuberancia” la característica que más llama la atención. Exuberancia en cuanto al monto de su producción, la que fue infatigable desde el principio hasta el fin. Exuberancia que surge igualmente de cada una de sus obras, mirada aisladamente. Dentro de su vasta producción no existe ninguna obra que se refiera a un aspecto pequeño, que esté circunscrita  a un espacio geográfico de dimensiones reducidas o que abarque un lapso de tiempo reducido. Su visión siempre fue macro, abarcó todo el país, o máximo se circunscribió a una región específica, como fue el caso de Santander. Pero en estos casos, el número de variables que tomaba, el cúmulo de información que recogía, que sistematizaba y analizaba era tal, que convertía sus estudios en empresas de grandes dimensiones.  (7).

Si bien la academia y los centros de investigación social no han dejado de realizar estudios, cuantitativos y cualitativos, acerca de los cambios y las dinámicas de las familias del país, estos estudios se han circunscritos a regiones, centros urbanos y localidades, y a asuntos específicos y puntuales. No hay una línea interdisciplinaria, continua y permanente de investigación en familia en el país.  La verdad es que desde la publicación de Familia y Cultura en Colombia, en 1968, no se ha realizado en Colombia una investigación sobre las familias  del alcance, la profundidad y el impacto del realizado por la doctora Virginia Gutiérrez de Pineda. Sin embargo es de destacar la ejecución de tres investigaciones, en una alianza de universidades públicas, coordinada, por la trabajadora social y profesora especial de la Universidad Nacional Yolanda Puyana Villamizar: Padres y Madres en cinco ciudades colombianas: Cambios permanentes, (2003): Familias colombianas y migración internacional: entre la distancia y la proximidad (2013); y la organización social del cuidado en cinco ciudades colombianas (2018). Otras investigaciones importantes de mencionar fueron las realizadas por la socióloga Ligia Echeverri Ángel, en 1984, sobre La familia de  hecho en Colombia: constitución, características y consecuencias socio jurídicas; y,  La nupcialidad en Colombia,  de las sociólogas Lucero Zamudio y Norma Rubiano, en 1991

Después de Familia y Cultura en Colombia la doctora Virginia publicó otros estudios importantes tales como: Estructura función y cambio de la familia en Colombia, 2 volúmenes en 1975; El gamín: su albergue social y su familia, en 1978; Honor, familia y sociedad en la estructura patriarcal. El caso de Santander, en asocio con Patricia Vila; y Miscegenación y cultura en la Colombia colonial 1750 – 1810, 2 volúmenes,  en asocio con su esposo Roberto Pineda Giraldo, en 1999.

Están en mora las universidades, los centros de investigación y Colciencias en emprender, en alianza, en cofinanciación y bajo un enfoque interdisciplinario, una investigación de corte nacional que permita una comprensión científica y global de las permanencias y transformaciones de las familias del país en los últimos cincuenta años. Disponemos, es cierto, la Encuesta  Nacional de Demografía y Salud, ENDS, que cada cinco años, desde 1990, realiza la ONG Profamilia, con el apoyo de otras entidades nacionales e internacionales, pero no es suficiente por cuanto la Encuesta no contempla  todas las dimensiones relevantes que se requieren para el fin propuesto. De gran interés  sería conocer los cambios y reconfiguraciones en los Complejos Culturales a la luz de los procesos de desarrollo del país, las consecuencias  del conflicto armado, sus víctimas, los delitos de lesa humanidad, los cultivos ilícitos, el desplazamiento de millones de personas de sus territorios de origen a otros territorios y muchas otras circunstancias y acontecimientos de orden nacional e internacional que han tenido influencia en la cotidianidad de las familias. Solo la investigación social, permanente, y pertinente, da la posibilidad de conocer las nuevas realidades de las familias para poder contextualizar las políticas públicas, los programas de intervención y la legislación. En este sentido celebramos la iniciativa de la Fundación Antonio Restrepo Barco  al establecer el premio anual, en dinero, a los investigadores en familia del país.

Palabras finales…

Virginia Gutiérrez de Pineda fue pionera en los estudios científicos de la familia en Colombia. Ella trazó caminos, oriento rumbos, dio líneas de acción, influyó en los decisores, públicos y privados, del trabajo con las familias. Fue maestra de maestros. Su legado intelectual sigue vigente y sus textos continúan siendo fuente de consulta obligada. Rememorar su vida y obra, veinte años después de su fallecimiento, es un gesto de gratitud y de aliento para quienes seguimos creyendo y apostando en la importancia de las familias en la vida de las personas, las comunidades y la sociedad. Tuve el privilegio y la oportunidad de conocerla y tratarla en los últimos años de su vida gracias al profesor Hernán Henao Delgado (+), quien fue su alumno en la carrera de antropología en la Universidad Nacional.

En el Boletín Cultural y Bibliográfico Nª 10 del Banco de la República encontramos la siguiente anécdota de los inicios del ejercicio profesional de la doctora Virginia que ilustra su talante humano: 
 
Empezando mi primera investigación sobre Organización Social en la Guajira, en 1947, me encontraba una tarde en la casa de una de las mujeres más importantes de la zona de Maicao. Cristina, recién casada, me contaba con orgullo que su esposo había pagado por ella una dote de cientos de vacunos, mulares, caprinos, más collares, piedras de time, bolívares, etc. Y mientras hacía alarde de ello, yo como mujer de otra cultura me sentía triste y adolorida de que todavía en el país a compra de mujeres. Cuando ella terminó quedo esperando mis elogios, pero yo, que todavía no conocía esa cultura a fondo, ni el significado profundo de lo que oía, guarde profundo silencio. Entonces me preguntó: Virginia, ¿y tú cuanto costaste? ¡Nada! Le respondí orgullosa e indignada, y ella sintió una gran lástima por mí: “pobrecita, no le costaste ni siquiera unas chivas a Roberto (su esposo)”. Después de este suceso se distanció la comunicación entre nosotras. Más tarde sabiendo más, comprendí que cada una de nosotras veía las cosas desde su cultura y que en este sentido tenía mucho que aprender”. (8).

Esta lección temprana de su  ejercicio profesional sigue vigente para todos los que nos dedicamos al estudio y trabajo con las familias. Para comprender los valores, las creencias, costumbres y vivencias de las familias con las cuales interactuamos debemos distanciarnos de nuestras propias creencias, costumbres y vivencias que hacen parte tanto de nuestra familia actual como de nuestra familia de origen.

Retomo las siguientes palabras de la doctora Virginia escribió en el prólogo de Familia y Cultura en Colombia:

Quiero inquietar a otras mentalidades, a otras técnicas y otras disciplinas, para avanzar en este estudio. La institución de la familia constituye un campo desde el cuál se divisan y dentro del cual se proyectan todas las instituciones de la comunidad en sus fallas y en sus aciertos. Focaliza más que ninguna las incidencias del devenir social y cultural patrio y los problemas del morbo social, conformando un punto clave en su cambio.

En el recuento de lo acontecido en las familias colombianas de los últimos cincuenta años se evidencia que la legislación, la normatividad jurídica y la adecuación institucional y política son siempre reactivas y posteriores a la dinámica de los cambios familiares, económicos, sociales y culturales. Toma tiempo interpretar, incorporar y conciliar desde el Estado las transformaciones de la sociedad. Igual puede afirmarse de la resistencia de grupos sociales conservadores al cambio en las creencias, las mentalidades y a la deconstrucción de imaginarios y concepciones del pasado.  Nos volvemos a referir a la categoría de La nostalgia restaurativa de la familia nuclear, de la familia de Nazaret que pervive aún, en muchas personas, contrastando con la realidad de las nuevas formas de organización familiar, de los nuevos discursos y prácticas de vida cotidiana familiar que ya no responden a ese modelo que una vez fue hegemónico. Fuerzas de permanencia, formas transitorias y  corrientes de cambio se dan, en forma simultánea, en los procesos y dinámicas familiares.

Las familias no son ni las salvadoras, ni las destructoras de la sociedad. Son el resultado  de los hechos y circunstancias del devenir histórico de la sociedad.   Una pregunta: ¿Son, sí o no, las familias las responsables de la socialización primaria, de la crianza, de la formación de los hijos e hijas, del cuidado y cooperación de sus integrantes, de la expresión de la solidaridad, del mantenimiento de  vínculos afectivos? ¿Y, si no es así, a que grupo social o conjunto de instituciones corresponderá el desempeño de estas  funciones indispensables para el orden social y el desarrollo integral de las personas? No hay lugar a equívocos: todas aquellas funciones y responsabilidades que las familias no puedan, no quieran o estén en imposibilidad de cumplir con respecto a la protección cuidado y bienestar de sus integrantes le toca al Estado y a la sociedad asumirlas con grandes costos y repercusiones.  De ahí lo imperioso que es para el Estado y la sociedad apoyar, acompañar y fortalecer, bajo el principio de la corresponsabilidad constitucional, a las familias en el desempeño de sus funciones y responsabilidades.

Retomo, al respecto,  las siguientes palabras que de la doctora Virginia escribió en el prólogo de Familia y Cultura en Colombia:

Quiero inquietar a otras mentalidades, a otras técnicas y otras disciplinas, para avanzar en este estudio. La institución de la familia constituye un campo desde el cuál se divisan y dentro del cual se proyectan todas las instituciones de la comunidad en sus fallas y en sus aciertos. Focaliza más que ninguna las incidencias del devenir social y cultural patrio y los problemas del morbo social, conformando un punto clave en su cambio.

Las razones y motivaciones de la vigencia del tema de familia, tanto hoy como ayer, hacen imprescindible la relectura juiciosa del libro Familia y Cultura en Colombia para las nuevas generaciones de investigadores que se inquietan e  interesan por conocer y profundizar en las vidas de las familias de Colombia.


Reconocimientos

Tuvo en vida la doctora Virginia destacados reconocimientos públicos a su labor y trayectoria  docente e investigativa. Menciono algunos:

El presidente Belisario Betancur Cuartas condecora a la doctora 
Virginia Gutiérrez de Pineda en el marco de la celebración del 
Año Interamericano de la Familia de 1983
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La doctora Virginia Gutiérrez de Pineda, nombrada 
Directora Honoraria del Segundo Congreso Latinoamericano de Familia Siglo XXI,
realizado en Medellín en 1998, un año antes de su fallecimiento. 
A su lado su discípula, la socióloga y antropóloga  Ligia Echeverri Ángel.
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En el 2016 el Banco de la República rindió homenaje 
a la vida y obra de la Doctora Virginia Gutiérrez de Pineda
al colocar su imagen en los nuevos billetes de $10.000
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De izquierda a derecha: las trabajadoras sociales: 
Piedad Estrada, Paola Barreto, Luz Marina Villa de Yarce,
el sociólogo Luis Julián Salas Rodas, la doctora Virginia Gutiérrez de Pineda,
la socióloga Norma Rubiano y el doctor Roberto Pineda Giraldo, esposo de la doctora Virginia. 
Encuentro en la IV Conferencia Iberoamericana sobre Familia 
realizada en Cartagena de Indias en septiembre de 1997.

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Ver entrevista a la antropóloga Virginia Gutiérrez de Pineda: 
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Publicado el 24 may. 2018

BIBLIOGRAFÍA

Gutiérrez de Pineda., Virginia. (1968). Familia y Cultura en Colombia: tipologías, funciones y dinámicas de la familia. Manifestaciones múltiples a través del mosaico cultural y estructuras sociales. Tercera edición. Universidad de Antioquia. Medellín. 1993.

Gutiérrez de Pineda., Virginia. (1963). La familia en Colombia. Trasfondo Histórico. Segunda edición. Ministerio de Cultura. Editorial Universidad de Antioquia. Medellín. 1997.

Encuesta Nacional de Demografía y Salud. (2015). Profamilia. Bogotá.

(1).  Henao, H. (1993). Virginia Gutiérrez de Pineda: una vida y una obra para la ciencia  social. Prólogo a la tercera edición de Familia y Cultura en Colombia. Universidad de Antioquia. Medellín.  Pág.: XXII.

(2).  Echeverri. L. (2014).  Virginia Gutiérrez de Pineda: ve lo que todos han visto pero piensa lo que otros no han pensado. Revista Nómadas. Nª 6.  Universidad Central. Bogotá.
(3). Giraldo, Jorge  y otros. (2013). Valores,  representaciones y capital social en Antioquia 2013. Universidad EAFIT. Medellín.

(4). Bedoya, M. (2018). La gestión de sí mismo. Ética y subjetivación en el neoliberalismo. Editorial Universidad de Antioquia. Medellín.

(5). Palacio. M. (2018).  El tema de familia clave de la política pública en Colombia: algunas reflexiones. Congreso Internacional de Familia. REFMUR. Cartagena de Indias.

(6). Galvis. L. (2011). Pensar la familia hoy. Editorial Aurora. Bogotá.

(7). Pachón. X. (2008). Virginia Gutiérrez de Pineda y su aporte al estudio histórico de la familia en Colombia. Revista Maguare. Nª 19. Universidad Nacional de Colombia. Bogotá.

 (8). Herrera, Marta Cecilia y otro. (1987). Virginia Gutiérrez e Pineda: una vida de pasión, investigación y docencia. Boletín Cultural y Bibliográfico Nª 10. Volumen 24. Biblioteca Luis Ángel Arango. Bogotá.

Blog en Google: Familia y otros: ¿Qué puede y no puede hacer un Ministerio de Familia por las familias de Colombia? Luis Julián Salas Rodas. 2018.

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