Tuesday, January 16, 2018

Las mascotas como hijos… y los hijos como mascotas: un nuevo fenómeno sociocultural


LAS MASCOTAS COMO HIJOS…  Y LOS HIJOS COMO MASCOTAS: UN NUEVO FENÓMENO SOCIOCULTURAL

Luis Julián Salas Rodas
Sociólogo
Especialista y Magíster en Ciencias Sociales
Magíster en Ciencias de la Educación

               @luisJulianSalas                      
Medellín – Colombia

Definición de mascota: Mascota es un término que procede del francés y que se utiliza para nombrar al animal de compañía. Estos animales, por lo tanto, acompañan a los seres humanos en su vida cotidiana, por lo que no son destinados al trabajo ni tampoco sacrificados para que se conviertan en alimento. (Https://definición.de/mascota).



Las mascotas como hijos

Pinocho Salas… así, tal cual, escribió el veterinario en el carné de vacunas de mi perro pastor ovejero australiano.   ¿Cómo así que Salas?, le pregunté y respondió: es para diferenciarlo de otros perros. ¿Y cuántos perros de nombre Pinocho ha vacunado?  Solo el suyo, me contestó. Yo le puse el nombre de Pinocho más no le di mi apellido, en consecuencia el carné solo debe  llevar su nombre, sin mi apellido por cuanto Pinocho es una mascota, la última de siete perros que me han acompaño en el curso de mi vida, y no mi hijo.  Esta práctica de asignar el apellido del dueño al nombre de la mascota se ha vuelto habitual en los consultorios y clínicas veterinarias, lo mismo que ponerle  nombre de personas a las mascotas por parte de sus dueños



Pinocho

Cuando la especie humana, en el período neolítico, hace 8.000 A.C,  dejó de ser  nómada, cazadora y recolectora para convertirse en sedentaria y agricultora inició el proceso de domesticación de las plantas y animales:

La domesticación  es el proceso  por el cual una población de una determinada especie animal o vegetal pierde, adquiere o desarrolla ciertos caracteres morfológicos, fisiológicos o de comportamiento, los cuales son heredables y, además, son el resultado de una interacción prolongada y de una selección artificial por parte del ser humano o una selección adaptativa a la convivencia con el ser humano.   Habitualmente la finalidad de la domesticación es obtener determinados beneficios de la especie domesticada aunque en ocasiones se trata de un proceso espontáneo resultante de un beneficio mutuo.  (https://es.wikipedia.org/domesticación de animales).

En este texto consideraremos como mascotas a: perros, gatos, minicerdos, pájaros, peces, conejos y hamsters. Las especies exóticas, cuya tenencia es prohibida por  Ley, no se consideran mascotas domésticas.

 



Como vemos las mascotas, como animales domésticos, están presentes desde hace muchos siglos en la vida de las sociedades, no son un hecho reciente. Entonces, ¿a qué debemos, en el presente, este “boom” exaltado e idealizado de las mascotas en la publicidad, los medios de comunicación y las redes sociales? La convergencia de tres factores explica este fenómeno socio cultural:

El posicionamiento y movilización del movimiento de liberación y defensa animal en el mundo:  

Este colectivo internacional de activistas se opone al empleo de animales en todo tipo de aprovechamiento humano sea este productivo o no.  Manifiestan que al ser los animales seres sintientes  de emociones, sufrimientos y necesidades son, por tanto, sujetos de derechos.  En los animalistas existen diferencias de criterio y enfoque en cuanto a su consideración y tratamiento. Los liberacionistas luchan por la abolición de todo tipo de explotación mientras que los defensores abogan por que se brinden condiciones de bienestar a los animales.  Es un debate tanto ético como legal. Desde la ética la discusión se plantea desde la tesis del Especismo, del sicólogo Richard D. Ryder, en la cual predomina la cosmovisión antropocéntrica del mundo sobre los demás seres vivos. Desde lo legal el debate se funda en que sólo los seres humanos son sujetos de derechos y responsabilidades en cuanto tienen capacidad de pensar, razonar y son conscientes de sus actos y comportamientos, mientras que los animales solo son sintientes y no pueden, por sí mismos o por decisiones de terceros asumir responsabilidades jurídicas y morales por sus actos y comportamientos.  Sin embargo, tanto abolicionistas como liberacionistas propugnan por el reconocimiento del estatus de ser sujetos de derechos bajo el concepto de Derecho No Humano, es decir, una titularidad que no implica asumir obligaciones o responsabilidades.  La oposición de los animalistas se concretan en el rechazo a su empleo como fuente de alimento, experimentación científica y médica, el entretenimiento en circos, zoológicos, peleas de gallos, corrida de toros, actividades de caza y pesca, el uso de piel, plumas, lana y pelo para confección de vestidos en la industria de la moda.

Los perros y los gatos son las mascotas más populares por cuanto son las que más se asemejan, en su conducta y emociones, a los seres humanos. Los perros, descendientes de los lobos, gustan de vivir en manada y su instinto los lleva a aceptar la jerarquía y el dominio del más fuerte, sumisión que aceptas doblando la cola entre las patas y tirándose boca arriba en el suelo. Para el perro domesticado el amo sustituye al macho dominante, llamado también macho alfa. El amo es su jefe, su líder, su padre, su hermano, es decir, la familia humana es sustitutiva de su manada perruna. Si el amo no actúa como tal, entonces la mascota llega a convertirse en el amo tirano de la familia. El perro, como ser sintiente, tiene una gran capacidad tanto para interpretar los estados emocionales de los humanos como para expresar los propios mediante ladridos, gruñidos, aullidos,  gemidos, saltos, movimiento de la cola y de las orejas. O sea que humano y canino, mediante los sentidos, gestos y palabras, tienen los medios necesarios para interactuar y comunicarse.

Los cambios en la estructura, composición y estilo de vida de las familias


La domesticación de animales aconteció en sociedades rurales donde la vivienda de las personas y los sitios de estancia de los animales colindaban en estrecha cercanía. La familia era, al mismo tiempo, unidad de producción y consumo, por cuanto ella era propietaria de la tierra, sus productos y animales. Los miembros de la familia constituían la fuerza de trabajo en la pequeña propiedad campesina. El desarrollo del capitalismo hizo que los campesinos migraran a las ciudades para convertirse en trabajadores asalariados de las fábricas. De la familia extensa rural, donde convivían varias generaciones, se pasó a la familia nuclear urbana, donde conviven dos generaciones. Las condiciones de la vivienda urbana ya no se prestaban para la cría y comercialización de animales como acontecía en el campo. Los perros, los gatos, los pájaros y los peces pasaron a ser las mascotas, de tiempo completo, de las familias.

Decíamos antes que las mascotas han sido acompañantes de la vida personal y familiar de los seres humanos desde hace varios miles de años. No es un asunto reciente. Lo reciente es el fenómeno, creciente y acelerado, de su “humanización” que ha llevado a considerarlos por varios colectivos de la sociedad, ya reseñados, al mismo nivel y estatus de los hijos, es decir, miembros de la familia.  La “familia multiespecie” es el nombre que los defensores de los animales han propuesto para considerar a las mascotas integrantes plenos y con derechos de una familia.  En otras palabras quieren significar que la organización, estructura (límites, jerarquía, roles, normas,  composición y dinámica de una familia que acoge o adopta una mascota gira en función de ella.  La tenencia o no de una mascota se convierte, entonces, en el atributo esencial que define la organización familiar independiente si es extensa, nuclear: biogenética, biparental o poligenética, ampliada, monoparental, homoparental, hogar unipersonal o pareja sin hijos.  (www.profamilia.org.co/docs). La cercanía y el trato con la mascota resulta ser, en la familia multiespecie,  el principal factor de cohesión emocional de los miembros.

Y son  las parejas de jóvenes milenios, sin hijos biológicos o adoptados,, denominados, en inglés pet parents, en donde se viene dando una mayor tenencia de mascotas. Según un estudio del Observatorio Nacional de Política de Familia, del Departamento Nacional de Planeación de Colombia, 2015, los hogares sin hijos han aumentado del 9.0% en 1993 a 14.3% en 2014- Por su parte  la Encuesta Nacional de Demografía y Salud en 2015 mostró que del total de hogares encuestados, el 11.2% son unipersonales, frente a un 9.5% en 2010.   Los estudios evidencian, pues, un aumento de las parejas sin hijos y de los hogares unipersonales como resultado de los cambios demográficos y de los estilos de vida personal y familiar.

El argumento de los partidarios de la familia multiespecie es que no hay distinción en los vínculos afectivos y emocionales entre las mascotas y las personas, por lo tanto debe reconocerse a las mascotas como miembros plenos, y con derechos,  de las familias. (Consideraciones sobre la familia multiespecie, María Helena Costa Carvalho de Araújo. Http://eventos.livera.com.br/trabalho)

 
Y si le damos ese estatus de reconocimiento, entonces, tendríamos que incluir a la familia multiespecie como otra forma de expresión de organización de la diversidad familiar. No es lo mismo ser padre o madre de un hijo biológico o adoptado que comprar o adoptar una mascota. El hijo biológico implica asumir el embarazo, el parto, y la  lactancia; la adopción implica someterse a trámites, pruebas legales y tiempos de espera. Situaciones que no afrontan las personas que compran una mascota o la adoptan, y por lo tanto es más fácil y cómodo la tenencia de una mascota que la responsabilidad de criar, formar, socializar y educar a un hijo, sea este biológico o adoptado.

Un asunto es la aceptación social y otro muy distinto el reconocimiento legal. Conceder pleno derecho a las mascotas en este aspecto implica aceptar hechos jurídicos como, por ejemplo, la tenencia, la manutención  y el régimen de visitas de la mascota cuando hay divorcio o separación de la pareja. El debate está abierto y aún no hay consenso en su aceptación plena por parte de los estudiosos del tema de familia. (Ver en Google: ¿la familia multiespecie:¿otro tipo de familia?).

Bueno, pero lo cierto es que  no todas las personas y familias, que hemos tenido, y  tienen una mascota la consideren y la traten como un miembro más de la familia, tal como pregonan los partidarios de la familia multiespecie.  Eso no significa que no la valoren, dejen de cuidarla o que la maltraten; significa que le dan el trato adecuado que se merece un animal doméstico cuya función es brindar compañía, solo compañía, y no el de suplir, con ella, vacíos afectivos o apegos emocionales en remplazo de vínculos humanos no deseados.  Apegos excesivos e inadecuados adiestramientos que llevan a las mascotas, en su proceso de humanización, a padecer trastornos cognitivos y de comportamiento, similares a  los humanos.  Dichos trastornos son el objeto de conocimiento y tratamiento de la zoopsiquiatría, una nueva especialidad de la medicina veterinaria. (Ver: Asociación Latinoamericana de Zoopsiquiatria: www.avlz.blogspot.com).

Mediante los sentidos percibimos estímulos del medio, que nos causan reacciones psicofisiológicas en el cuerpo  y que generan sentimientos en la mente  y motivan las conductas, en cuanto seres sintientes, tanto a humanos como a animales. Las emociones, son la materia prima de las vivencias, de las experiencias y de los recuerdos de adquirimos y nos marcan en el curso de nuestras vidas.  Y las emociones son un componente del afecto que es el que nos lleva a interesarnos, a vincularnos y a apegarnos  ya sea a una persona, animal o cosa. Y, como ya escribimos, el proceso evolutivo de interacción y la convivencia entre las mascotas y los humanos los ha hecho susceptibles, a ambos, el intercambio de emociones y afectos.

Y la sociología de las emociones es también, otra nueva área de estudio y de conocimiento, que parte de la premisa que tanto el pensamiento como la conducta humana varían de acuerdo con la expresión de nuestras emociones. Tehodore D. Kemper, Arlie R. Hochschied y Tomas Scheff son tres de los autores más representativos. La sociología de las emociones se ocupa del miedo, el enojo, la  alegría, la tristeza, la soledad, el odio, la venganza, la frustración, los  sentimientos y las pasiones  que las personas manifiestan en sus vínculos y  relaciones. Y dado que las mascotas tienen relación y generan vínculos emocionales con las personas, son parte de sus vivencias cotidianas, deberían ser incluidas como objeto de estudio de este reciente campo de la sociología por cuanto los fenómenos emocionales son, también, fenómenos sociológicos. (www.emotionresearchlab.com).

La tenencia de mascotas de razas finas, de buen aspecto y con pedigree  proporcionan, también,    a sus dueños ganancias emocionales secundarias  por cuanto gracias a su presencia  llaman la atención de otras personas en la calle y en los espacios públicos. Los elogios por las características físicas de las mascotas, por parte de terceros, las perciben sus amos como un incremento de su autoestima personal, estatus y  reconocimiento social. De esa manera la atención por la mascota suele derivar en conversación y socialización del dueño con dichas personas. Retroalimentación que refuerza las razones y motivaciones por la  tenencia de una mascota.

Y esos fuertes lazos emocionales que establecen ciertas personas con las mascotas es lo que permite que exista el negocio, en países desarrollados por su alto costo, de la clonación de mascotas, o sea la posibilidad de tener, por siempre, una copia del ejemplar original tomando y conservando una muestra de su ADN. La clonación nos evita, pues,  la aflicción y el duelo por la muerte de la mascota; pero no siempre son tan fuertes los lazos emocionales con las mascotas y estas son maltratadas y abandonadas por sus dueños por diversos motivos y circunstancias como embarazo no deseado, cambio de residencia, crecimiento, imposibilidad de sostenerla y terminan en la calle o en el mejor de los casos en albergues esperando una persona o familia adoptante. En defensa de las mascotas hay que decir que no son ellas las que abandonan a sus dueños o maltratan a sus cachorros sino al contrario, los humanos son quienes  abandonan y maltratan  tanto a las mascotas como a sus propios vástagos. 


La manifestación de emociones y el establecimiento de vínculos afectivos es una de las características de la familia humana pero ella sola no la define por cuanto la familia humana cumple, además, otras funciones como la conformación de redes parentales, la reproducción de la especie, la socialización y crianza de los hijos, la supervivencia económica, la regulación y educación sexual, y la protección ante riesgos y amenazas del entorno. La familia humana es, también, agencia de formación de ser humano y de ciudadanía, sujeto activo y colectivo de derechos y da origen a responsabilidades y obligaciones entre sus miembros debido al parentesco.

La familia multiespecie pretende ser reconocida como otra forma de organización familiar con el único argumento de la manifestación de emociones y el establecimiento de vínculos afectivos entre los seres humanos y las mascotas domésticas. La familia humana es una realidad muy compleja y dinámica. Aceptar que la familia humana pueda convertirse en una familia multiespecie por la pertenencia o no de una mascota es negar las otras características que la define y la configuran. 

Solo humanos conforman la familia humana. El que las mascotas domésticas sean seres acompañantes no las convierte en el miembro no humano de la familia. Los hombres se reproducen con mujeres, los perros con perras y los gatos con gatas. No es posible genéticamente el cruce de ADN entre estas especies, como tampoco lo es establecer parentescos y linajes entre todos ellos.   



La familia Pinzón – Fernando Botero, 1989

El hecho que las mascotas sean incluidas en las pinturas artísticas y en las fotos y retratos  como integrantes de la familia refuerza por asociación, en el imaginario colectivo, la idea y pretensión del reconocimiento de la familia multiespecie como otra forma de organización familiar.

La economía del cuidado de las mascotas

La incidencia política, la difusión masiva en los medios de comunicación y  las redes sociales de la humanización de las mascotas ha incentivado la producción distribución y consumo de bienes y servicios dirigidos a su bienestar configurando toda una “economía del cuidado” que mueve miles de millones de dólares en todo el mundo. El blog PetFood Latinoamérica afirma: según estadísticas recientes, los gastos en salud, alimentos y entretenimiento para mascotas podrían llegar tan solo en Estados Unidos llegar a más de 69.000 mil millones de dólares. De esta cantidad, US28.300 millones, cifras del2016, van directamente a la industria de alimentos para mascotas.


(www.petfoodlatinoamerica.com).  El mismo blog informa que un estudio del mercado de las mascotas en América latina realizado por la firma Monitor sitúa a Colombia, después de Brasil, México y Chile como el cuarto país con más crecimiento de la industria de las mascotas, con un crecimiento anual del 13%. Andrés Vargas, jefe del proyecto ExpoPet Colombia dice: Una persona puede estar gastando en promedio al mes $300.000 en la comida, $100.000 veterinario, $300.000 en peluquería, SPA y en artículos varios $150.000.  ( www.petfoodlatinoamerica.com). Y según datos de B&Óptimos y Fenalco, en Colombia se estima que hay 10 millones de perros y 4 millones de gatos que son alimentados diariamente con concentrados. (www.dinero.com/empresas/ la comida para perros se vende como pan caliente).

Por tener un origen de cazadores la carne era la alimentación natural de caninos y  felinos, por eso poseen colmillos, superiores e inferiores, para desgarrar los alimentos.  La humanización de las mascotas alteró la nutrición de ellos al cambiar la carne y los huesos por los concentrados, saborizados, húmedos o secos.  Y este cambio ha traído problemas de salud para estas mascotas en su pelaje y sistema digestivo. Obvio que resulta más cómodo abrir una bolsa o una lata que la cocción de la carne y su hueso. Un éxito de la industria mundial de los concentrados al lograr remplazar la carne por los gránulos y los huesos por la carnaza y dejar sin uso, para la alimentación, los colmillos.

La variedad de marcas de concentrados ocupa, cada vez más, espacio en los almacenes de grandes superficies. Por igual surgen tiendas especializadas, en barrios de todos los estratos socioeconómicos, en todo tipo de artículos para el bienestar de las mascotas: champús, jabones, huesos de carnaza,  juguetes, ropa, collares, sujetadores, nidos, chips electrónicos, etc.  Y qué decir de la oferta de servicios: guarderías, hoteles de vacaciones, spa, transporte, peluquería, pedicure, paseo diario, emergencia veterinaria, pompas fúnebres. En ingles se denomina Pet Friendly la tendencia de aceptar e incluir a las mascotas en todos los espacios y lugares humanos: restaurantes, medios de transporte y sitios de trabajo. El poder estar con la mascota en la jornada de trabajo es ya una realidad aceptada por empresas privadas y oficinas públicas. El alcalde de la ciudad de Medellín-Colombia adoptó dos perros del albergue municipal para tenerlos como mascotas permanentes en su despacho, al tiempo que motiva a los empleados municipales a imitarlo. Y si las mascotas pueden estar en el lugar de trabajo, entonces, en igualdad de condiciones, los empleados municipales también podrían llevar a sus hijos pequeños a sus puestos de trabajo como acompañantes cuando no tienen quien los cuiden en casa.

La humanización de las mascotas raya en lo absurdo, diría en lo ridículo, con la práctica de vestirlas a semejanza de los humanos atentando contra su imagen, identidad, bienestar y salud; práctica que resulta masiva en los desfiles y caminatas que suelen organizar los colectivos amigos de las mascotas.

La economía del cuidado es, pues, un negocio, tanto global como local que genera miles de empleos y millones de ingresos. Y los propietarios de la economía del cuidado descubrieron que el fomento a la  humanización de las mascotas se retribuye en mayores ventas y ganancias. De ahí que no sea gratuito el apoyo a todo tipo de campañas y actividades que emprenden los colectivos animalistas. Generosas pautas publicitarias son dadas en medios de comunicación, en apoyos a caminatas y desfiles de mascotas con sus dueños, en donación de concentrados para mascotas abandonadas y en el patrocinio de ferias de alimentos en todo el mundo, ver: (www.petfairasia.com; www.globalpetexpo.org; www.superzoo.org).

Y… los hijos como mascotas:

En el pasado cuando las familias eran numerosas en el número de hijos y parientes a las mascotas se les veía y trataba como tales, no como hijos. La numerosa prole demandaba mucha atención y gastos a sus padres para destinar un presupuesto específico al cuidado de las mascotas, no hacían parte de la canasta familiar. Aún la industria alimenticia para mascotas, que conocemos hoy, estaba poco desarrollada y dicho mercado todavía era pequeño. Las mascotas, los perros sobre todo, eran alimentados con vísceras de carne y restos de la comida, y huesos crudos para ruñir, que por cierto, disfrutaban mucho. Se les llevaba poco al veterinario y a excepción de la vacuna contra la rabia no era costumbre ponerles otros tipo de vacunas para prevenir enfermedades.  No abundaban, como hoy,  los caninos y sus dueños en las calles, parques y zonas verdes de las ciudades.

Como ya vimos,  los cambios sociales, económicos, culturales y demográficos incidieron en la vida cotidiana de las familias, siendo la disminución en las tasas de fecundidad, el uso de anticonceptivos por parte de las mujeres y la reducción en  el número de hijos, la postergación o ausencia de ellos y la aparición de nuevas formas de organización familiar, entre otros,  hechos relevantes.

Tener hijos era el mandato religioso y cultural bajo la hegemonía de la familia nuclear. No tenerlos era considerado una desgracia por cuanto se consideraban una bendición y la alegría de la familia, siendo la madre la destinada a su crianza y cuidado y el padre a la proveeduría. Con el acceso a generalizado de la mujer a todos los niveles de la educación formal y a los métodos de planificación familiar la edad para ser madre se fue postergando y la prioridad por la maternidad se fue remplazando por la obtención de un título, una profesión y un empleo que posibilitara la autonomía económica. La cultura y la tradición ordenaban la permanencia de la mujer soltera en su familia de origen.  El matrimonio o la unión libre eran los medios legítimos y aprobados por la sociedad para salir de ella. Con la preparación académica y un empleo estable la mujer soltera cambio esa cultura y tradición patriarcal.  Vivir y disfrutar la vida, con empleo e ingresos estables, sin las responsabilidades que implican la crianza, la formación y los gastos de los hijos fue otro cambio cultural posible para muchos hombres y mujeres de las nuevas generaciones.

Vida sin hijos, sólo o en pareja, sí, pero con vínculos afectivos y emocionales con mascotas. Ellas se adaptan a la convivencia humana con facilidad por cuanto los miles de año de evolución a su lado los han predispuesto para ello. Como ellos somos mamíferos, poseemos instintos, sentidos, capacidad de expresión  emocional, y necesidad de vínculos y relacionamiento.  A diferencia de las mascotas que se adiestran, en especial los perros, los seres humanos requieren un proceso largo de crianza, formación y educación para el logro de la autonomía y emancipación de sus padres, proceso que demanda tiempo, atención, cuidados y responsabilidades y erogaciones económicas permanentes; mientras las mascotas están destinadas a una vida de dependencia, obediencia,  sumisión y complacencia a los gustos y deseos de sus amos a cambio de su manutención. Y esa manutención se refuerza con demostraciones de apego y afecto de las mascotas a sus propietarios. Los hijos decepcionan, se rebelan, suelen ser ingratos, displicentes y altaneros. Las mascotas no. Hay, pues, muchas razones objetivas que llevan a las personas y las parejas a preferir la compañía incondicional de una mascota a la compleja convivencia con un hijo.

Cuando las parejas jóvenes sienten que ya han alcanzado un buen nivel de vida, de ingresos y de estabilidad económica deciden que ya es el momento para tener hijos y los desean a su imagen y semejanza, de la misma manera como eligieron y adiestraron a su mascota. Suelen decir que la tenencia de una mascota es como una preparación para la llegada de un hijo (¿?).  El fenómeno es más evidente gracias a los métodos de la fecundación asistida y la maternidad subrogada donde hay la posibilidad de perfilar las características fenotípicas del futuro hijo; hijo que es visto como otro logro a mostrar a su familias y círculo de allegados. Para estas personas hijo y mascota se equiparan, y son acogidos por igual, en sus mentes y corazones.

Y surgen inevitables  paralelos entre la atención excesiva a las mascotas y la atención excesiva a los hijos, en especial cuando se es hijo único. La atención excesiva se manifiesta en actitudes y comportamientos  hipervigilantes de los padres y los amos frente a la conducta de los hijos y las mascotas que pueden devenir en sobreprotección, en una compulsiva compra y dotación  de objetos y servicios con el fin de proporcionar un pretendido estado de bienestar material tanto a las mascotas como a los hijos.

El hijo como mascota, expresión de un nuevo fenómeno sociocultural, se concibe como la supeditación de este a los deseos e ideales de perfección del padre, de la madre o ambos. Una supeditación que afecta el libre desarrolo de la personalidad, inhibe la autonomía, exacerba la rebeldía o la sumisión, que, en últimas, conlleva al deterioro de las relaciones y los vinculos afectivos parento-filiales. Y la única manera de prevenir esta situación, tóxica y extrema, es tener claro y distinguir entre la vida y necesidades de los hijos y la vida y necesidades de las mascotas. 

El Derecho Animal como una extensión del Derecho Humano

Bajo el principio del libre desarrollo de la personalidad nada impide que consideremos y tratemos a las mascotas como hijos y a los hijos como mascotas. El asunto se complica cuando se pretende dar un estatus legal a dicha condición, es decir, que la tenencia de las mascotas cause efectos jurídicos respecto a derechos y responsabilidades.  La Ley 1774 de 2016, la que compartimos en todos sus aspectos, castiga el maltrato animal por cuanto los considera como seres sintientes sujetos de sufrimiento y dolor y no ya como bienes muebles o cosas. Tres principios orientan dicha Ley: la protección al animal, el bienestar animal y la solidaridad social.   Proteger, brindar bienestar y expresar solidaridad  a los animales son los principios que orientan esta Ley. Y esta Ley está en concordancia con las políticas públicas de bienestar animal adoptadas por varios municipios del país como Medellín, quien es reconocido por su liderazgo y logros concretos en esta materia y de muchas ONG y colectivos defensoras de los animales. (www.elmundo.com/noticia/ bienestar animal en Medellín/diez años de política pública). (Http://defenzoores.co).

Pero un asunto es declarar a los animales como seres sintientes y otro muy distinto equipararlos a las personas. Tres casos ilustrativos: uno fue la concesión de Habeas Corpus, por parte de la Corte Suprema de Justicia, para Chucho, un oso de anteojos que fue trasladado de la Reserva Natural Río blanco de Manizales al Zoológico de Barranquilla para dar fin a su vida solitaria y tener la posibilidad de una compañera de sum misma especie. En este caso la Corte le dio al oso el amparo de la a libertad que se le concede a una persona ante la inminencia de su cautiverio y ordenó, de nuevo, su traslado a la Reserva. El otro caso fue el interponer una tutela a Negro, un perro, reclamando atención médica que se hallaba en condición de indigencia y abandono. Y el tercer caso la sentencia emitida por la Corte Constitucional que reconoció al río Atrato y su cuenca como una entidad sujeta de derechos a la protección.

La acción de la Corte Suprema se enmarca en una nueva jurisprudencia que extiende los principios jurídicos de los seres humanos a los seres sintientes, en la perspectiva  de que los derechos son para todos los seres vivos. Generalmente el ejercicio de un derecho implica asumir una responsabilidad a su titular, responsabilidad significa tener conciencia, asumir una obligación ante sí mismo, ante terceros o ante la Ley. ¿Los animales, incluidas las mascotas, tienen conciencia y asumen responsabilidad por sus conductas y actos? ¿Cuándo un perro ataca y muerde una persona  responde por los daños infringidos? No. Entonces el Derecho Animal solo puede referirse a la protección ante el maltrato y las condiciones de su bienestar no a la asunción de responsabilidades y obligaciones como el Derecho Humano. (Ver en Google: declaración universal de los derechos de los animales, aprobada por la Organización de las Naciones Unidas, ONU).

Ante la concesión del Habeas Corpus al Oso Chucho abogados Mario Felipe Daza Pérez y David Roa Salguero, instauraron una acción de tutela para tumbar dicho fallo por considerarlo improcedente  e inidóneo:

Instauramos una acción de tutela para garantizar la seguridad y la estabilidad jurídica del país, así como la igualdad y la confianza legítima, manifestó Mario Daza, quien afirma que este mecanismo judicial tiene una naturaleza jurídica y un principio por homine, es decir, son prerrogativas que se otorgan a sujetos con la condición de persona física y de ser humano. En este sentido, según Daza, el fallo de la Sala Civil de la Corte Suprema de Justicia crearía un caos normativo y una alteración del orden jurídico… por su parte David Roa explica que el recurso de Habeas Corpus resulta improcedente porque fue diseñado para los animales racionales, no para los animales no humanos o irracionales. (www.elheraldo.co/entretenimiento).

Luego la Sala de Casación Laboral de la Corte Suprema de Justicia tomo la decisión de derogar la orden de Habeas Corpus emitida por el magistrado Luis Armando Tolosa Villabona, al referir que existen otros mecanismos idóneos para salvaguardar  el bienestar de los animales,   y concedió el amparo al zoológico de Barranquilla ordenando la estancia de Chucho en dicha ciudad y su no traslado a Manizales.  El fallo de la Corte no solo tumbo el Habeas Corpus al oso sino que entreabrió la puerta al reconocimiento de los animales como sujetos titulares de derechos. (Número de providencia: AHC4806-2017). https://www.elheraldo.co/barranquilla/asi-fue-la-llegada-de-chucho-el-oso-de-anteojos-al-zoologico-de-barranquilla-386981

Y en cuanto a Negro, el perro callejero de Bucaramanga, el juez tercero laboral del circuito de Bucaramanga negó la tutela  por cuanto consideró que los animales no tienen derechos fundamentales y por lo tanto no podía emitir una orden para protegerlo. (www.lalibertad.com.co/2017/07/16)

El debate jurídico frente al alcance y límites de los derechos de los animales versus la titularidad de los derechos humanos está abierto. La tesis parte de dar un giro de una visión antropocéntrica a una visión ecocéntrica-antrópica donde la especie humana se hace cargo y protege todas las manifestaciones de vida y protección del medio ambiente en el planeta. Es el mismo argumento que predica el papa Francisco de la Casa Común, del cual ya mencionamos. En principio, ninguna oposición a la tesis. El repudio es a todo tipo de violencia y maltrato tanto a humanos como animales o al medio ambiente, no en particular a uno para desentenderse del otro. El bienestar humano y el bienestar animal no tienen por qué ser excluyentes, se complementan pero no son la misma cosa. La tenencia de una mascota, así sea en forma responsable, no es igual al ejercicio de  la patria potestad de un padre y una madre sobre un hijo por cuanto los alcances y límites legales, éticos, afectivos y emocionales son distintos, tal como hemos visto. Lo que molesta e indigna en este asunto es la presión, la influencia indebida de las multinacionales y empresas de la economía del cuidado para profundizar la humanización de las mascotas en los medios de comunicación y las redes y los colectivos sociales con el propósito de incrementar las ventas y aumentar sus ganancias.

La aceptación de una mascota como hijo implica establecer un parentesco, una filiación y ejercer una función materna y paterna que desde lo simbólico y la metáfora pueden aceptarse pero no desde lo legal, porque implicaría equiparar el derecho animal en las mismas condiciones que el derecho humano, lo que traería complejos y graves problemas de todo tipo. Si tal hecho sucediese, entonces, las mascotas tendrían derecho a heredar en igualdad de condiciones que sus “hermanos humanos”, para no incurrir en una práctica excluyente y discriminatoria. ¿Estarían, además, las Comisarias de Familia obligadas por la ley a intervenir en casos de violencia intrafamiliar  en los casos que involucren a las mascotas? En todo caso sería necesario reformar el Código Civil para incluirlas como personas titulares de derechos. Qué al perro se le considere como el mejor amigo del hombre, vaya, y pase  pero otra cosa es pretender que el perro se convierta en  el mejor hijo del hombre... o de la mujer, por supuesto. 

Las mascotas se domestican, los hijos se forman. Las mascotas se mantienen en la dependencia.  Los hijos se emancipan de sus padres para volverse autónomos. Las mascotas viven una vida corta. Los hijos sobreviven a sus padres. Las mascotas no conforman una familia propia. Los hijos sí. En conclusión: las mascotas son las mascotas y los hijos son los hijos.    

   



Este es  AIBO, amigo, compañero  en japonés, es la nueva versión mejorada del perro robot de la empresa Sony. Mide 30 cm, mueve los ojos, la cola, expresa emociones, gracias a cámaras y micrófonos que se accionan desde un Smartphone. A diferencia de la mascota animal, AIBO no se nutre con concentrados sino con recarga de baterías, no requiere ser paseado, vacunado, desparasitado, bañado, o llevado al veterinario zoopsiquiatra, y tampoco ataca o muerde a las personas. Cuando no se quiere saber o interactuar con él, simplemente se desconecta. Está diseñado para Inspirar ternura, encariñarnos y   generar lazos afectivos con él.  Un adelanto tecnológico de la era digital que está en capacidad de remplazar a la mascota de carne y hueso. Por ahora resulta costoso su adquisición: 1.750 dólares  pero si se populariza bajará de precio y se hará accesible para las parejas que no desean hijos y para las personas solas que buscan compañía incondicional. No es el futuro, es el presente que nos ofrece ya la posibilidad de una mascota robot en vez de un hijo o una mascota viva. Es la expresión del afecto humano hacia un objeto programado por algoritmos que pretende gratificarnos emocionalmente sin demandarnos asumir responsabilidades o contraprestaciones. (Ver video en: http://money.cnn.com/video/technology/2017/11/01/sony-dog-robot-aibo-ai-lon-orig.cnnmoney/index.html

¿Será AIBO una amenaza, un riesgo para la economía del cuidado de las mascotas como: los paseadores de perros?


¿O para las tiendas de mascotas?



 
¿O para las guarderías y peluquerías caninas y felinas?


¿O para la industria de alimentos de mascotas vivas?

La historia de la civilización humana da cuenta de la imposición de los cambios tecnológicos y en los estilos de vida y como estos impactan la cotidianidad de las personas y sociedades: a la luz de gas, siguió la luz eléctrica; a la máquina de escribir, el computador; al telégrafo, la internet, a la telefonía fija, la telefonía celular; al coche de caballos, el carro con motor de combustión, y a éste el carro eléctrico. ¿Será que los hijos biológicos y adoptados serán finalmente sustituidos por las mascotas animales y estás, a su vez, por las mascotas digitales En lo que a mí respecta si me ponen  a elegir entre una mascota animal y una digital …me quedo con Pinocho. 

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