Tuesday, September 27, 2011


Del Comité de Damas de la Caridad a la Fundación Bienestar Humano: 75 años de trabajo con las familias colombianas


Luis Julián Salas Rodas

Sociólogo
Especialista y Magister en Ciencias Sociales 
Magister en Ciencias de la Educación
Director Ejecutivo de la Fundación Bien Humano

www.bienhumano.org

 
El tiempo. El misterio del tiempo. La conciencia de su paso determina todo acontecer en la vida de los seres humanos.  De la cuna a la tumba la sociedad y la cultura definen las tradiciones y los ritos de paso que evidencian las distintas etapas del desarrollo humano.   Etapas que la sicología evolutiva engloba en el  concepto de ciclo vital. Es la finitud de nuestro tiempo personal sobre la tierra la que nos hace valorar lo que hicimos, hacemos, dejamos de hacer o haremos. Del pasado, o sea de lo que hicimos o no, se encarga la memoria, esa facultad de la mente que es vulnerada por la ingratitud, el olvido y la enfermedad del Alzheimer. Lo que hacemos es el dominio del efímero presente.  El futuro, más incierto que cierto, es el tiempo de las probabilidades, de lo que puede ser o no ser.  Es imposible abstraernos del tiempo y aún ni la fe, ni la ciencia, han logrado descifrar su enigma. Las celebraciones, los aniversarios y las conmemoraciones son expresión de eventos significativos de nuestro ciclo vital: los cumpleaños, las graduaciones, los años de matrimonio, la fecha de muerte del ser querido nos recuerdan, siempre,  el transcurso inexorable de los años.


En las sociedades rurales del pasado la comunidad y la familia delimitaban la trama de relaciones de las personas, sus horizontes de vida y la mayoría de los bienes y servicios indispensables para el consumo material. Las personas nacían, se enfermaban y morían en sus casas, acompañados por sus familias. La industrialización y la migración del campo a la ciudad conllevaron la aparición de la división técnica y social del trabajo. Ya no fue posible para la comunidad y la familia el poder satisfacer todas las necesidades de las personas.  La vida urbana implica la existencia de multitud de organizaciones, formales e informales, que regulan nuestra cotidianidad: la empresa, el jardín infantil, la escuela, el colegio, la universidad, las iglesias, los restaurantes, los parques deportivos, las unidades residenciales, el parche de la esquina y los costureros de las señoras son, entre otras muchas, las organizaciones, que regulan, ordenan y dan sentido a la existencia humana.  Los carnets y las tarjetas plásticas que abultan las billeteras no son otra cosa que la evidencia de nuestra vinculación a las organizaciones. Las organizaciones son expresión de la voluntad humana, no de la naturaleza. Si no las creamos, ellas no se crean solas. Sin las organizaciones sería hoy imposible la obtención de bienes y servicios. Las tareas complejas no pueden ser realizadas por individuos aislados, se requiere la cooperación y la asociación de talentos, competencias y habilidades. Leo en un texto de gerencia moderna: “Una organización puede definirse como dos o más personas que colaboran dentro de unos límites definidos para alcanzar una meta común”. Sin organización no hay eficiencia, no hay resultados. Hasta la delincuencia tiene que estar organizada para cumplir con eficacia sus destructivos propósitos contra la sociedad…  Y si las organizaciones son creación humana y si les damos vida propia son también afectadas por el paso del tiempo,  por el ciclo vital, por períodos de auge y decaimiento, y dependiendo de nuestras decisiones y de las contingencias externas sujetas a permanecer por muchos años, a la muerte temprana, súbita, o en definitiva al cierre y la liquidación.

Los inicios de las Damas

El primero de junio de 1934, en Medellín, en la sala de su casa, la señora Mercedes Restrepo de Bernal y un grupo de amigas crea el Comité de Damas de la Caridad con el objetivo de “Ayudar a las personas y familias necesitadas en sus propios domicilios y en general socorrer a los indigentes en toda forma y por cuantos medios sean posibles”.  Las Damas que acompañaron a doña Mercedes como socias fundadoras fueron: Luisa Ángel de Henao, Ana Cárdenas de Molina, Luz Echavarría, Inés Fernández, Maruja Gómez, Ángela Jaramillo, Margarita Jaramillo de Restrepo, Maruja Molina de Tamayo, Ana Restrepo de Gautier, Isabel Restrepo Restrepo, Clementina Trujillo y Maggy Villa de Ortiz.

En su viaje de luna de miel a la ciudad de París doña Mercedes y su esposo el médico Alberto Bernal Nicholls conocieron la obra de las Damas de la Caridad, fundada por San Vicente de Paul en Francia en 1617, con el objetivo de luchar contra la pobreza y otorgar a las mujeres un papel reconocido en la Iglesia Católica y la sociedad. San Vicente vio que era indispensable organizarse para atender la pobreza. Caridad: Sentimiento que impulsa a amar y procurar el bien al prójimo, dice el diccionario Planeta de la lengua española. Y la misericordia, tomado del mismo diccionario, es la compasión que impulsa a ayudar o a perdonar. Como mandato para sus fieles estableció San Vicente el cumplimiento de las obras de misericordia a las que clasificó en corporales y espirituales:

Las corporales:

  • Visitar a los enfermos
  • Dar de comer al hambriento
  • Dar de beber al sediento
  • Visitar a los presos
  • Regalar vestido a los pobres
  • Dar posada al peregrino
  • Dar sepultura a los muertos


Las espirituales:

  • Enseñar al que no sabe
  • Dar buen consejo al que lo necesita
  • Corregir al que se equivoca
  • Consolar al triste
  • Perdonar las ofensas
  • Rogar a Dios por los vivos y los muertos
  • Sufrir con paciencia los defectos del prójimo


Se concebía y se practicaba el sagrado precepto de las obras de misericordia atendiendo por igual las necesidades corporales y las espirituales. Mientras que la acción filantrópica implica el acto de donar sin contacto con el donante, la acción caritativa implica, necesariamente, la relación personal entre el donante y el beneficiario. Para la doctrina protestante sólo la fe en Dios salva las almas, para la doctrina católica además de la fe es necesario hacer el bien a los semejantes para ganar indulgencias a la vida eterna.

A la visita semanal a los enfermos las Damas de la Caridad de Medellín le sumaron otros deberes a ser cumplidos por las socias:

  • Velar porque los niños asistan a las escuelas y al catecismo y que hagan la primera comunión a su debido tiempo.

  • Informarse personalmente y por medio de personas vecinas o conocidas de dicha familia de sus necesidades materiales.

  • Enseñarle a las familias principios de higiene, haciéndolo con la mayor discreción y tacto, viendo que su casa esté limpia y aseada; que si hay niños menores de un año se les dé leche esterilizada, enseñándosela a preparar, y si son mayores se les dé una alimentación apropiada.

  • Llevar a la familia visitada la limosna que haya ordenado la Presidenta.

  • Informar a la Presidenta sobre el estado de la familia a su cuidado. Este informe debe darlo lo más pronto posible, después de su visita; puede hacerlo personalmente o por teléfono.

  • Asistir a reuniones cada vez que lo exija la Presidenta.

  • Dar una limosna mensual para la Sociedad, esta limosna es voluntaria.


La obra  social toma cuerpo:

Dos meses después de la creación del Comité, el día 4 de agosto de 1934, en la casa de la señora Presidenta y fundadora, a las 10:30 de la mañana, Doña Mercedes y su equipo de 12 socias voluntarias informan que eran ya 27 el número de familias socorridas con los bonos.  Nombraron, además, comisiones para la Obra como mercados, leche, vestuario y drogas.  El 9 de octubre de 1941, el Comité se constituye en Corporación para obtener la personería jurídica. Establece un Comité Directivo compuesto por 10 Damas y cada Dama presidía un subcomité que se componía a su vez por otras 10 Damas. El Comité Directivo elegía por votación secreta la Presidenta, Vicepresidenta, Secretaria y Tesorera. En el primer año de labores los servicios prestados fueron de ayudas económicas. De 1936 a 1951, en una segunda etapa, sin dejar las ayudas económicas, trabajan en proveer vivienda en alquiler a familias sin padre bajo la modalidad de pabellones. En 1944 encomiendan la administración de los pabellones a las Hermanas Vicentinas extendiendo a esas familias servicios de jardín infantil, escuela primaria, complemento alimenticio, becas, consulta médica y colonia de vacaciones escolares. En 1947 se da la administración del programa a personal profesional en bienestar social. Por esos años Doña Luisa Ángel de Henao, socia fundadora, y segunda presidenta, dona a la Sociedad una finca de 18 cuadras en el barrio las Estancias de Medellín, habitado por familias de bajos recursos en la zona centro oriental de la ciudad, en la vertiente del cerro Pan de Azúcar. Esta donación fue hecha con el fin de que la organización tuviera un lugar adecuado donde proyectarse a una comunidad total, en un programa amplio. Las Damas inician el trabajo de desarrollo comunitario en las Estancias en 1951, que para entonces contaba con 5.000 habitantes y dieron por terminado allí su labor en 1971, con un estimado de 12.000 personas. El trabajo en el barrio se realizó a través de tres proyectos:

Centro Vecinal el Rosario
Refugio Santa Luisa de Marillac
Construcción de vivienda

Las actividades del Centro Vecinal el Rosario la realizaban conjuntamente voluntarias,  trabajadoras sociales y estudiantes de práctica de la Facultad de Trabajo social de la Universidad Pontificia Bolivariana y de Promoción Social del Cefa. Las actividades del Refugio (salas cunas, jardín infantil, restaurante, costurero y almacén de ropa) estuvo a cargo de las Hermanas Vicentinas. 

¿Cómo y de dónde las Damas obtenían los recursos económicos para sostener la Obra?
Ayer como hoy la obtención de fondos es una actividad incesante y permanente de las ONG. Sin recursos adecuados no es posible la sostenibilidad de la organización y la prestación de servicios a la comunidad en forma oportuna y con calidad.  Múltiples y muy creativos fueron los medios empleados. Desde la rifa de un anillo hasta la administración de una bomba de gasolina.  Y todo fue posible porque además de su mística y de su compromiso alcanzaron a tener, en su mejor época, una fuerza organizada de 360 voluntarias. Es de destacar la labor y la visión de doña Ana Restrepo de Gautier, socia fundadora, Presidenta y tesorera en varios períodos; fue ella la que tuvo y mantuvo la brillante idea de crear el fondo acumulativo, el cual consistía que por cada peso que entrara a las arcas de las Damas se destinaba un porcentaje, intocable para gastos de funcionamiento. La constitución del fondo, su pulcro y atinado manejo fue el origen del patrimonio del cual hoy sigue disponiendo la Fundación.

DE LA SOCIEDAD DE DAMAS DE LA CARIDAD A LA FUNDACION BIENESTAR HUMANO
A continuación transcribo de la reseña histórica institucional las notas escritas por las socias Stella Jaramillo e Inés Elvira Gautier Restrepo:

“En el acta 227 de octubre 6 de 1961 , de la Junta Directiva de las Damas de la Caridad, se presenta la primera inquietud de fundar una entidad jurídica diferente a ésta, a raíz de una noticia que llega a la Junta, sobre la posibilidad de centralizar, inclusive económicamente, las Asociaciones de las Damas de la Caridad del país. Se recibe, además, una comunicación de la Asociación de París, en la cual se sugiere cambiar el nombre “Damas de la Caridad” por no estar de acuerdo al momento que vive el mundo.
 
Posteriormente surgen presiones para que se nombre, como director de la institución, a un sacerdote. Esa dirección se sugiere, no solo para los aspectos de orden espiritual, sino también directivo, administrativo y financiero.

En el mes de agosto del año 1963, las Damas de la Caridad ven con mayor claridad que el hecho de pertenecer a una organización mundial se está prestando, poco a poco, para que dicha pertenencia sea, no una afiliación de tipo espiritual, sino temporal, con influencia en la dirección, en el manejo de bienes y programas. Se cristaliza entonces la idea de formar una Personería Jurídica paralela, a la cual puedan transferir los bienes en caso de necesidad.  En este momento no se realiza el proyecto debido al desacuerdo de dos socias.  La Junta respeta el pensamiento de sus socias y decide esperar a que los acontecimientos determinen la conducta a seguir.

Dos años después, a raíz de los Congresos de Damas de la Caridad realizados en Manizales y Barranquilla, se presentaron hechos más claros acerca del objetivo de los sacerdotes y religiosas vicentinas, de asumir en toda Colombia, como ya lo tenían en la mayoría de ciudades, la dirección, orientación y manejo de las Asociaciones de Damas de la Caridad.

A mediados del año 1966 se recibió una visita oficial, en la cual los Padres Lazaristas manifestaron su intención de asumir la dirección de la Sociedad de Damas de la Caridad.  Este hecho hizo realidad la idea surgida en 1963 y fue así como el 9 de noviembre de 1966 en la sede del Centro Femenino de Estudios un grupo de 22 Damas se reúnen en asamblea y crean la Fundación para el Bienestar Humano, la cual obtiene Personería Jurídica de la Gobernación de Antioquia el 15 de febrero de 1967.

En junio de 1967, mediante contactos con las Asociaciones de Damas de la Caridad de Manizales y Cartagena, se supo que la comunidad Vicentina asumió la dirección de esas Asociaciones y la orientación tanto administrativa, como económica; se evidenció, además, el proyecto de hacer lo mismo con las asociaciones que aun eran independientes.

De acuerdo a la constancia del Acta 292, se determinó pasar los bienes de la Sociedad de Damas de la Caridad a la Fundación para el Bienestar Humano. Quedaron, pues, en adelante, los bienes en manos de la Fundación, y los contratos de trabajo del personal y los programas del barrio Las Estancias, en manos de las Damas.

En el año de 1968, a raíz de nuevos hechos confirmatorios y de haber visto muy claramente la Asociación que su nombre, Damas de la Caridad, no daba una respuesta al espíritu del Concilio Vaticano II, determinó pasar los contratos de trabajo y la dirección, orientación, administración y ejecución de programas de trabajo, a la Fundación para el Bienestar Humano.

Quedó establecido muy claramente, en el acta 308, que la Sociedad Damas de la Caridad subsistiría como personería jurídica, por el tiempo que se considerara prudente, mientras la ciudadanía se familiarizara con el nombre de la Fundación y aprendía a verla como lo que es, la depositaria y continuadora de la obra de las Damas de la Caridad.

(…)  El barrio Las Estancias formaba parte de una parroquia. Durante los veinte años de trabajo, la parroquia fue regentada por tres sacerdotes. Con los dos últimos se presentaron dificultades, que con el tiempo se hicieron imposibles de manejar e impidieron la presencia de la Fundación en Las Estancias.

Los hechos más determinantes fueron las situaciones de conflicto que se creaban en el trabajo al ser la Fundación una institución civil e independiente sobre la cual los párrocos no tenían injerencia, ni en la dirección, ni en la administración, ni en la toma de decisiones.

Como el trabajo que realizaba la Fundación en el barrio tenía como base la participación activa  con la comunidad, ésta se veía  implicada en las acciones y la ponía en serio dilema entre los valores religiosos representados por la parroquia, y los programas que desarrollaban con la Fundación”.

La Fundación Bienestar Humano redefine su misión y sus programas
            
Beatriz Restrepo Gallego, filósofa eminente y siempre cercana al mundo de las ONG nos ha señalado el talante moral y ético que anima y permea el modo de ser y de actuar de estas organizaciones sociales. Cuando en una organización priman los criterios éticos estos no se negocian ni se transigen, en especial cuando se presentan conflictos de interés. 

Admirable y aleccionador ejemplo de resolver un conflicto en beneficio, ante todo, de los intereses de la comunidad sobre los de la organización. Cuando las personas son éticas, la organización es ética. De poco sirven los reglamentos, las declaraciones de principios y los códigos de gobierno corporativo si las personas no encarnan los valores éticos. 
Los conflictos y su forma de resolución son, en definitiva, cruciales para el cambio personal y organizacional. El retiro del barrio Las Estancias dio inicio a una nueva etapa en la vida de la Fundación: la etapa del trabajo promocional y preventivo, a nivel nacional, con las familias y los educadores. Incluyó como socios, en su Junta Directiva y los comités, por primera vez, a un grupo de hombres: Juan Isaza, Luis Fernando Sanín, Francisco Luis Palacio, Julio Ospina, Sergio Martínez y Juan Guillermo Jaramillo, nuestro actual Presidente de la Junta Directiva. Otro mérito de la Damas: haber sido precursoras de la equidad de género… con los hombres.
En 1973 se elaboró el primer Plan General de Trabajo con “el propósito de dedicar todos sus recursos materiales y humanos a trabajar en la interrelación familiar, con los padres y madres de familia como gestores, autores y primeros responsables de esa interrelación”. En ese año establece la primera imagen corporativa de la Fundación. En 1974 se conforma un equipo de profesionales de las ciencias sociales pagados por la Fundación y vinculados a término indefinido. Tres programas determinaron la acción: Formación para la vida en Familia, Formación para el trabajo con la Familia y la investigación social. Las modalidades de atención fueron presencial, a distancia y por radio. Metodologías innovadoras en su tiempo que permitieron, y aun permiten, llegar a las familias rurales que viven en lugares lejanos y de difícil acceso. En los años 90 del siglo pasado se amplió el trabajo con niños, niñas y adolescentes. Se diseñaron y ofertaron nuevos servicios educativos y otras metodologías de intervención. En 1994, después de 60 años, un socio hombre el Doctor Oscar Pelaez Villa llega a la Presidencia de la Junta Directiva. El trabajo interinstitucional y en alianza se afianzó como norma. En la primera década del presente siglo se amplía el portafolio de servicios: La conferencia-taller, el conversatorio, el taller terapéutico, el taller evaluativo, el taller reflexivo, la asesoría psicosocial y la terapia familiar y de pareja se introducen como técnicas en la gestión social con las familias. En el 2004 al celebrar los 70 años cambia la imagen institucional y empieza a denominarse Fundación Bienestar Humano. Las cifras consolidadas de esa gestión dicen que hemos hecho presencia en todos y cada uno de los 32 departamentos del país y en 521 municipios; que hemos realizados convenios y/o contratos con 420 organizaciones público/privadas y con 725 emisoras comunitarias y parroquiales así como 63 investigaciones sobre temas relativos a la dinámica familiar. La proyección cuantitativa total estimada de los asistentes, sin incluir la cobertura radial, la estimamos en 1.330.222 personas.
Significativas las cifras de la cobertura geográfica y poblacional de los servicios a las familias. Honrosos los reconocimientos de las ONG colegas y las distinciones oficiales  otorgadas las cuales se agradecen, pero lo más valioso es tener la certeza, testimonial y científica, del cumplimiento de la misión institucional:  “Contribuir a crear una sociedad más justa, democrática y pacífica, propiciando cambios positivos de actitud y de comportamiento en el entorno de la vida cotidiana de las familias, mediante el acceso al conocimiento científico y a la reflexión participativa acerca del desarrollo humano y las relaciones familiares y comunitarias”.

Regreso al diccionario de cabecera: Misión: Obra que una persona o colectividad se siente obligada a realizar. Si no hay cumplimiento de la misión, no hay razón valedera que justifique la existencia de una organización. Las organizaciones y aún más las sociales que están regidas por imperativos éticos se deben a las comunidades, a su público objetivo; no están para mantenerse a sí mismas. Es en los momentos cruciales donde se pone a prueba el poder de decisión de las asambleas, las juntas y las direcciones ejecutivas. Las Damas fervorosas católicas supieron diferenciar entre su credo y las conveniencias materiales de la Obra. Con respeto y firmeza disintieron de las pretensiones administrativas y económicas de los curas párrocos y de los padres lazaristas. Es por ese valor y por las decisiones tomadas que la Fundación puede mostrar, con sano orgullo, su balance social  de los últimos 35 años. Existen personas y colectivos que hacen muy bien el mal, otros que hacen muy mal el bien. No basta con querer hacer el bien y evitar el mal. El bien hay que hacerlo muy bien. Las Damas de la Caridad así lo hicieron. Su legado de compromiso, entrega, y responsabilidad en el trabajo con y para las familias nos enorgullece y sigue vigente después de 75 años. Cambia el Estado, la sociedad, las familias, las personas, que tal si no. Permanecen inalterables los principios, los valores. Desde 1934 el principio fundamental que guía la acción con las familias es el respeto por la dignidad humana, esto significa reconocer en cada persona participante su voluntad, sus capacidades y competencias para reflexionar, aprender y efectuar cambios positivos en su vida personal, familiar y comunitaria; significa, también, aceptar a los participantes en su diversidad y en sus diferencias, y tener una escucha activa frente a sus opiniones, dudas, sugerencias o reclamos.

Del presente y futuro de las familias y de la Fundación Bienestar Humano

Hemos recordado el pasado de la Fundación, pero qué podemos decir de su presente y futuro; ellos están y estarán asociados al devenir de las familias y de la sociedad.

¿Cuál es el panorama de las familias colombianas y antioqueñas en los inicios del siglo XXI?  Tres son los escenarios en los cuales las podemos ubicar y caracterizar: la tradición, la transición y la ruptura. Las tres formas coexisten en el presente y se dan bajo una misma estructura de parentesco. Existen familias conformadas bajo el rito católico, con pareja monogámica estable, padre proveedor y madre hogareña. Hay familias donde la pareja vive en unión de hecho, ambos trabajan y comparten los oficios domésticos, la crianza de los hijos y la relación se establece en un contexto de diálogo y democracia. Y otras familias, no las más numerosas, que han roto con la tradición, han superado la transición y se sitúan en el plano de la ruptura, aquí los roles de la pareja pueden estar invertidos, existiendo distintos arreglos para la vida doméstica y las relaciones con los hijos. Las familias no se están acabando, ni se van a desintegrar por completo. Se recomponen. Unas funciones se debilitan, otras pasan al Estado, y otras se fortalecen. Si bien el enfoque de derechos, los progresos en la legislación, en la educación y en la conciencia colectiva propenden por una vida familiar más armoniosa, aún persiste el abandono, el maltrato infantil, la violencia contra la mujer y el abuso sexual como factores atentatorios de esa armonía.

La Fundación sigue creyendo que la promoción y la prevención son estrategias acertadas en el trabajo con las familias. En promoción continuaremos con el diseño y transmisión de nuevas series radiales pregrabadas y campañas como forma de llegar a las poblaciones rurales alejadas y de difícil acceso que no disponen de otros medios de acceder a la formación para la vida en familia. En prevención hemos focalizado la intervención en dos temas: la Desactivación de la Agresión Intrafamiliar y la Prevención del Embarazo en  Adolescentes. El primero lo desarrollamos con padres y madres en sus comunidades barriales y el segundo con jóvenes escolarizados de instituciones educativas oficiales, es de mencionar que este proyecto fue preseleccionado por el BID y la UNESCO como una experiencia significativa.  Consideramos que la formación de agentes multiplicadores para el trabajo con las familias es una metodología exitosa que posibilita no solo cualificar a educadores y profesionales sino, además, maximizar el impacto y la cobertura.

Seguimos afirmando, mientras científicamente no nos demuestren lo contrario, que los padres y madres no existen sólo como progenitores, para proveer cuidados físicos y atender las necesidades materiales de los hijos, ellos son, ante todo, figuras de identificación. Su presencia, permanencia, su modo de ser y trato, independiente del tipo de familia, moldean, sientan las bases de la personalidad. No compartimos aquellas afirmaciones en el sentido que la influencia de los padres y madres es poco significativa pues hacerlo sería validar la instalación de una práctica desresponsabilizadora de ellos para con sus hijos. Estamos en total acuerdo con los derechos de la infancia y con la prioridad de su atención en jardines infantiles pero insistimos en que no basta con asegurarles un ambiente institucional y social con todas las especificaciones si se carece de un adecuado ambiente familiar para su crecimiento y desarrollo. Niños y niñas son pobres porque sus padres y madres lo son. Para citar el caso de Medellín el índice de analfabetismo adulto es del 7.06%, ello significa que, aproximadamente, 174.800 personas han estado excluidas del derecho a la educación. Para aportar a la solución de este problema social la FBH inició en el 2000 el programa de alfabetización de adultos que hoy recibe el nombre de “leer y escribir: la realidad para ser libres”. El programa incluye acciones de acompañamiento sicosocial y alfabetización emocional, que les permite validar la primaria y tomar iniciativa en proyectos productivos. En el 2009 atendimos 240 adultos y familias del sector de Moravia. Y mientras haya adultos por alfabetizar, tarea que el Estado y la sociedad deberían haber culminado hace muchos años, la Fundación seguirá siendo una oportunidad para su verdadera inclusión social en compañía de sus familias. En el 2010, con el apoyo de la Fundación Fraternidad Medellín, replicaremos el programa con 300 adultos de los barrios de la Cruz y la Honda.

En la lucha contra la pobreza muchas han sido, y serán, las estrategias, los programas y las políticas públicas gubernamentales, de las agencias internacionales de cooperación y del sector social. A buena hora la Comisión Económica para América Latina CEPAL ha señalado la importancia de identificar e involucrar a las familias como actores del desarrollo. En México, Brasil, Chile y Colombia, bajo distintos nombres, los Estados vienen trabajando con las familias. En nuestro país el programa se denomina Familias en Acción y en nuestra ciudad, Medellín Solidaria. No estaban tan equivocadas las Damas de la Caridad cuando insistían en atender a las familias en sus domicilios para aliviar la pobreza. Ayer eran 360 voluntarias hoy son profesionales pagados por el municipio de Medellín. En el pasado bajo un enfoque asistencial, hoy bajo un pretendido modelo integral de inclusión y de equidad.  Lo cierto es que aun el 60% de los colombianos vive en situación de pobreza. El cuestionamiento que nos hacemos es que una política asistencial de subsidios a las familias mitiga la pobreza pero no la supera. Grandes paradojas tienen las familias colombianas: en ellas se manifiesta la violencia conyugal, el maltrato infantil, el abuso sexual, el abandono, pero a la vez son ellas las que establecen ingeniosas estrategias de sobrevivencia para aminorar los efectos de las crisis económicas sobre el empleo de las personas, son ellas la única esperanza y fortaleza de los secuestrados, de los que están en prisión, de los que sufren el desplazamiento forzado, el impacto de las minas antipersona y de los migrantes que buscan en el exterior las oportunidades que no encuentran en el país.  Lo que las familias no puedan o dejen de hacer por sus miembros le toca al Estado y a la sociedad asumirlos con mayores costos y riesgos. La ausencia de políticas públicas claras, consistentes y de mayor permanencia con respecto al bienestar de las familias es una ausencia notoria que las ONG que trabajamos con las familias hemos señalado desde hace bastante tiempo y de forma reiterada.

Desde el primer Plan de Trabajo con la Familia, en 1973, la Fundación incorporó la investigación aplicada y la evaluación como acciones inherentes a los programas. Publicar más, seguir conociendo e investigando la realidad cambiante de las familias es el reto que aún tenemos como organización; ello implica seguir abiertos a la transformación, a innovar, a desechar lo caduco, pero también a reafirmar los principios, a valorar lo que debe permanecer. Sigue el reto de llegar con nuevas propuesta pedagógicas por medio de la  televisión y el internet a otros públicos.
Seguiremos estableciendo alianzas y socios como la estrategia más válida para crecer, para optimizar recursos, para obtener resultados. Cada vez más el Estado, la sociedad y las ONG toman conciencia de empoderar a las familias como actores de cambio y de desarrollo y no como sujetos pasivos de la intervención, como meras beneficiarias de los proyectos y servicios.  

De mi vinculación y estadía en la Fundación:

Y como hemos visto que la historia de las organizaciones se cruza con las historias de las personas quiero, para ir terminando estas líneas, expresar lo que ha significado para mí la vinculación a esta Fundación. Fue en 1984, en el cincuentenario de la Fundación, siendo Directora Inés Elvira Gautier Restrepo, que fui contratado como profesional facilitador. De 26 años llegué, con menos kilos, con más pelo y sin ninguna cana. Con entusiasmo y con la mochila al hombro recorrí, durante 5 años, municipios, veredas y regiones lejanas del país y conocí personas, comunidades, familias y grupos deseosos de aprender y compartir el trabajo con las familias. Innumerables las anécdotas vividas. Narro alguna de ellas.

En mi primer viaje a Boyacá, como buen paisa, esperaba desayunar  huevos revueltos con aliños, arepa, quesito y chocolate pero la única vianda del menú era un huevo duro que flotaba en un caldo frio y lechoso llamado changua.  El desayuno se convirtió en ayuno.  En ninguno de mis viajes posteriores a Boyacá pude encontrarle el gusto a tan afamado plato regional.  El desquite vino después en el municipio de Capitanejo, la llamada capital caprina de Colombia, en límites entre Boyacá y Santander, en la entrada al imponente cañón del río Chicamocha.  Allí en sus áridas vertientes crece silvestre el orégano y pastan libres las cabras y sus críos.  Pude degustar, varias veces, el cabrito con pepitoria, ese si un exquisito plato regional.

En el municipio de la Belleza, Santander, después de 1 hora de viaje en un sonoro bus de línea a las 10:00 de la noche, en plena carretera, mi compañera de viaje desde Bogotá, una joven campesina santandereana dio a luz. No la asistí pero sí me tocó presenciar el alumbramiento de su primogénito, un rollizo varón.

 Los viajes eran de domingo a domingo y la mayoría de las veces el alojamiento y la alimentación tocaba en las casas de los maestros. En Barrancabermeja tocó trabajar con las maestras en el patio de una escuela, de una a cinco de la tarde, buscando refugio de 40 grados de calor sofocante bajo la sombra de un palo de mangos. El problema no fue tanto la temperatura sino la distracción causada por las maestras: para refrescarse y no dejarme trabajar se abanicaban con sus faldas… Varias veces la llegada al pueblo era los domingos por la tarde y en no pocas ocasiones fallaba el contacto con el maestro responsable de nuestra recepción y alojamiento. Eran los tiempos lentos del telegrama y de TELECOM, no los del correo electrónico y el instantáneo celular de hoy. Así que tocaba mirar al páramo, preguntar por un hotel o una pensión y buscar un ayudante para cargar la maleta y la caja de cartón llena de manuales para los maestros. Y en una de esas en el municipio de Herveo, departamento de Caldas, cerca al Nevado del Ruiz, rato después de haber fumigado la cama de la pensión contra las pulgas, ésta traqueó y sin luz, y sin linterna, tocó pasar una noche de insomnio con el colchón en el piso. En el municipio de Molagavita, provincia de García Rovira, en Santander, con mi llegada, fue la primera vez en toda su historia que los maestros recibían capacitación y muy atentos, de ruana y sombrero, me dejaron exhausto pero feliz saboreando su café “abrigadito” es decir calientico acompañado de sus ricas galletas llamadas panuchas. Y feliz fui, también, cuando al terminar un curso con madres de familia en el barrio la Avanzada de Medellín, en límites con Guarne, allí donde el viento se devuelve, se me acercó un niño a darme las gracias porque debido a las “clases” su mamá ya no le pegaba más y lo trataba mejor. En Juan José, en las selvas de Tierra Alta, Departamento de Córdoba tuve que vencer el miedo a las culebras que cruzaban por mi habitación y creer en lo que me decían las Hermanas Lauritas acerca del pacto de la madre Laura de que ninguna serpiente atacaría a una de sus hermanas o a quien estuviese cercano a ellas, y así fue pues ninguna de las cinco culebras venenosas que vi me picaron.

En Córdoba, municipio de Tuchín, resguardo de San Andrés de Sotavento, donde elaboran el famoso sombrero vueltiao, tuve la oportunidad de conocer a Don José un artesano indígena, descendiente de los Zenú; me invitó a pasar a su humilde bohío, allí dos ataúdes negros centraron mi atención, uno abierto que servía de guardadero de los juguetes de los hijos y otro encaramado en el zarzo.  Al notar mi asombro y sin darme tiempo a preguntar me dijo que él y su señora eran personas pobres pero dignas, que el extremo de la miseria y de la indignidad era morirse y tener la familia que salir a prestar el “cajón” entre los vecinos para ser enterrado. Que él y su señora podían morir en paz y en tranquilidad porque ya tenían comprados sus “cajones”. ¡Qué admirable lección de vida y de dignidad la que me enseñó don José…!”  
Y así transcurrieron los primeros cinco años de mi vinculación a la Fundación. Un día el trabajo era con campesinos, al día siguiente con altos ejecutivos de empresas. Cada grupo un reto nuevo, un manantial de aprendizajes. Cada clausura de un curso una manifestación colectiva de agradecimiento y alegría por los conocimientos y experiencias compartidas, las cuales se expresaban con la entrega de una bella tarjeta con las firmas de los participantes, una botella de cordial de manzana y una deliciosa torta envinada. Pero también hubo momentos tristes como el de los educadores de Armero, Tolima, con quien tuve la oportunidad de compartir, durante una semana, la primera fase del curso de formación para el trabajo con la familia. La erupción del volcán nevado del Ruiz, en noviembre de 1985, un mes después de mi estadía, nos impidió realizar la segunda fase del curso. La tragedia de Armero que muchos vimos por televisión terminó con la vida, sueños y familias de la mayor parte de los 60 maestros que conocí. En la memoria quedan los buenos recuerdos de socios de la Fundación y de amigos, que tuve el privilegio de conocer y que ya no nos acompañan con su presencia física, como los de Beatriz María Molina, pionera de la terapia familiar en Colombia a quien hoy rendimos homenaje con la publicación póstuma de su obra, Margarita Inés Restrepo Santamaría reconocida periodista quien por 28 años fue directora de nuestro periódico Generación y Hernán Henao Delgado eminente antropólogo, profesor e investigador en temas de familia y miembro de la junta directiva.

25 años más tarde como Director Ejecutivo, con más quilos, menos pelo y muchas canas, pero con el mismo entusiasmo del inicio, otras son las experiencias, las tareas, los compromisos. La gestión administrativa, humana y financiera es necesaria en toda organización pero absorbe toda la energía y todo el tiempo. El pasado exitoso no es prenda de garantía del aseguramiento de la sostenibilidad de una organización; ésta es una tarea del día a día que nos va acercando al inevitable momento del empalme y el relevo generacional. Logro de toda organización es seguir existiendo tras la muerte de sus fundadores. Logro que podemos acreditar desde hace muchos años. Las Damas de la Caridad, estén donde estén, deben sentirse muy satisfechas por el devenir de su obra.

Incierto es el futuro, ya lo sabemos, pero tengo la certeza que mientras las familias existan y requieran de apoyo y acompañamiento, esta noble y querida Fundación estará siempre con ellas. Otros socios, otros profesionales tendrán a su cargo la celebración de los 100 años de la Fundación. Agradezco a los socios y socias presentes, a la Junta Directiva y al equipo de empleados toda la paciencia, la confianza y el apoyo brindado durante esta larga estancia. Disculpen apreciados colegas y amigos la extensión de estas líneas y el abusar de su tiempo, pero no me era posible resumir, en pocas frases y en breves minutos, 75 años de rica historia institucional y personal.

Muchas gracias por su presencia y atención.

Club Medellín,  3 de diciembre de 2009

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