February 27, 2021

Un tinto para conversar de familia

Un tinto para conversar de familia

El cuidado es esencial para asegurar todo tipo de vida en el planeta tierra. Todos los seres humanos somos sujetos y objetos del cuidad. Cuidar de si mismo y de los demás es una actividad permanente. En tiempos de pandemia, del Covid-19,  el cuidado se convirtió en la estrategia de la salud pública de los gobiernos para salvar vidas con medidas de aislamiento y confinamiento de las personas en sus hogares.                                                      

La Organización Social del Cuidado de Niños, Niñas y Adolescentes en Colombia es el resultado de una investigación realizada por 23 investigadores sociales de 5 universidades y una Fundación: Universidad de Cartagena, Universidad Industrial de Santander, Pontificia Universidad Javeriana, Universidad Pontificia Bolivariana, Universidad del Valle y la Fundación Bien Humano de Medellín. 

La investigación da cuenta de cómo el Estado, las familias y el mercado se ocupan de atender con programas, proyectos y servicios los requerimientos de las necesidades de cuidado material, afectivo y moral de los niños, niñas y adolescentes  en 5 ciudades del país; también da cuenta de recomendaciones para tener en cuenta en la formulación e implementación de políticas Publicas para la infancia y la familia.



Presentación del libro: La organización social del cuidado de niños, niñas y adolescentes en cinco ciudades colombianas. Conversación con: Yolanda Puyana Villamizar y Luis Julián Salas Rodas.




Vea el conversatorio del 5 de Mayo de 2021
 de clic en la imagen







November 24, 2020

Las Familias y la Pandemia



Las Familias y la Pandemia

Colectivo: Familia y democracia*


Por primera vez en la historia de la humanidad un problema de salud pública pone en  crisis a toda la especie humana; un virus desconocido, oculto, agresivo e inesperado  invade al planeta y se expande por el contacto entre los seres humanos. Es el  Coronavirus o COVID-19. Este minúsculo ser nos mostró que las fronteras son una  construcción abstracta y las distancias desaparecen con la simultaneidad de los medios  de comunicación y del transporte; todos estamos conectados: los países, las ciudades, las  localidades; el planeta se convirtió en un vecindario en donde unos y otros son posibles  portadores o receptores del amenazante virus. El único refugio más o menos seguro es  nuestra vivienda. Quedarse en casa es la recomendación de las y los epidemiólogos, y la  orden de las autoridades locales y nacionales. Vivan en familia, sean familia, cumplan  con los hijos e hijas, tengan paciencia, es lo que se repite permanentemente..

El confinamiento prolongado ha producido cambios drásticos en el trabajo, la educación, el cuidado y la recreación. Estas actividades que desde finales del siglo XIX en Colombia,  se habían trasladado en buena medida al espacio de afuera de los hogares, bien sea  público o privado, volvieron de un modo abrupto a ser desempeñadas dentro de las  viviendas. Las familias ricas o pobres, de la montaña o de la costa, con dos miembros o  con muchos integrantes, se han visto obligadas a redefinir sus vidas, adecuar sus  recursos, sus tiempos y apoyos, todo ello en medio de incertidumbres, miedos, amores y  conflictos. Pero si bien, la pandemia afecta a toda la población y pone en evidencia las  inequidades en la distribución de las cargas y de los bienes económicos, sociales y  culturales, también ha hecho visible la importancia de la familia para el apoyo afectivo  de sus integrantes, para salvaguardar sus vidas y satisfacer sus necesidades. El vivir en  una época en la que se ha desarrollado la tecnología en telecomunicaciones nos ha  permitido estar conectados con nuestros familiares a pesar de la distancia física y, a su  vez, ha facilitado que se haga visible en las redes sociales tanto las potencialidades como  los problemas que afrontan las familias. La virtualidad ha enriquecido la comunicación  intra e interfamiliar y le ha permitido a las familias desempeñar algunas de las nuevas  funciones que se concentraron en la casa.

Quienes nos ocupamos de los temas de familia queremos llamar la atención sobre las  grandes carencias y limitaciones que están enfrentando los grupos familiares, especialmente los de los sectores medios y pobres, para cumplir las funciones que la  sociedad les está demandando durante esta pandemia. De igual manera, nos preocupa el  deterioro de su calidad de vida, además del costo social y emocional que recae en sus  miembros, especialmente en las mujeres. Como colectivo pensante sobre las familias y la  vida en democracia, ofrecemos en este escrito reflexiones sobre los efectos  problemáticos del confinamiento, y hacemos un llamado al Estado y a la sociedad para  que se adelanten acciones conducentes a superar las condiciones de desigualdad, inequidad, violencia y sobrecarga que afrontan las familias colombianas. Efectos problemáticos de la pandemia en las familias

1. Cambio en las organizaciones familiares y en sus relaciones. Las cuatro paredes  de las viviendas, grandes o pequeñas están delimitando el ser, hacer, sentir y pensar de quienes las habitan. El encierro reúne y distancia, facilita encuentros y desencuentros; se acrecienta la sensación de extrañeza ante los seres que anteriormente se creían  entrañables, y aquello que parecía tan familiar como los espacios y las rutinas, cambian  de significado. La pandemia obligó al encierro y ante las nuevas necesidades, algunas  familias han tenido que reagruparse; se aumentaron los grupos extensos, compuestos  por padres, madres, hijos, hijas y abuelos, con el concebido problema de los choques  intergeneracionales. Otras familias están separadas: hijos que viven con sus madres y  que tienen dificultad de ver a sus padres, hijos y nietos que no pueden ver a sus abuelos.  Mientras unas familias han tenido que reactivar las redes parentales para encontrar  apoyo, aun violando el confinamiento, otras optaron por regresar a las casas de los  abuelos o a los pueblos de origen. Durante este tiempo, la publicidad comercial y  gubernamental, y los mensajes que se distribuyen en las redes reiteran el deber ser  “familiar”, que apunta a la convivencia armónica, amorosa, tranquila y cuidadosa, pero la  realidad está mostrando las grietas. Los conflictos, que son inevitables en la convivencia  cotidiana, a veces se exasperan hasta llegar a la violencia. Las autoridades competentes  nos dicen que aumentaron considerablemente las denuncias por violencia contra los  niños, niñas y las mujeres, tal como lo muestran los siguientes datos: La Fiscalía General  de la Nación señaló a mediados de abril, que durante el período de cuarentena, decretada el 18 de marzo, esta entidad recibió 3.069 denuncias de violencia  intrafamiliar, de las cuales 1.407 correspondieron a delitos sexuales

Ni los más altos ideales y legislaciones, han logrado extirpar o evitar las violencias y las  perturbaciones al interior de las familias. La vida cotidiana se trasformó, los espacios se  hicieron más estrechos y el futuro más incierto. Afloró la tristeza, la rabia, la  intolerancia, la incertidumbre, la frustración y el cansancio por la concentración de  todas las actividades en el hogar.

Nos preocupa la salud física y mental de las familias. Es urgente fortalecer los programas  de prevención y atención de la violencia intrafamiliar, con perspectiva diferencial y  seguimiento de los casos. Las familias no tienen la capacidad física y mental para  afrontar esta excesiva concentración de actividades en lo que antes era su espacio  privado, pero también es cierto que la única solución ante la expansión de los contagios  es el aislamiento en las viviendas. En consecuencia, es necesario desarrollar programas  de solución pacífica de los conflictos que tienen que afrontar los grupos familiares y que  se complementen con mecanismos rápidos y efectivos de contacto con las familias para  hacer un seguimiento constante a los resultados de dichos programas, de tal manera que  las prácticas de comunicación entre los integrantes del grupo familiar se lleven a cabo  con el debido respeto a la dignidad e integridad de todos sus integrante.

2. Nuevas condiciones laborales, desempleo, disminución de los ingresos. Las  medidas de confinamiento preventivo han traído como resultado que algunas personas  no salgan a trabajar, remuneradas unas y otras no, o que trabajen en sus viviendas  mediante el teletrabajo, el trabajo por medios virtuales o en las pequeñas empresas  familiares. El trabajo en casa genera problemas difíciles de afrontar en los escasos  espacios con que cuentan las viviendas en la actualidad; la carencia de lugares  adecuados, y de los medios necesarios para trabajar, sin que se perturbe la vida familiar, es muy grande, especialmente en los grupos de menos recursos que es la población más  numerosa en el país; son espacios reducidos, sin privacidad, sin los implementos adecuados como computadores, sillas y mesas. A estas carencias se suman los costos de  los servicios de electricidad y de internet o éste es de baja calidad. Además, las personas  que trabajan desde sus viviendas están sometidas a las leyes de la productividad, lo que  choca con las obligaciones extras referidas al cuidado y al trabajo doméstico, lo cual ha  generado gran carga emocional para los integrantes del grupo familiar.

El desempleo aumentó significativamente: según el DANE, para el mes de mayo del 2020  estaba en el 21.4%. Otro indicador de las precarias condiciones de las familias es el  porcentaje considerablemente alto de trabajo informal o economía popular, que se  estima en el 48% de la población; un sector que se encuentra sin afiliación al sistema de  seguridad social en salud y pensiones.

Al desempleo se suma la población económicamente inactiva, en la que se encuentran  las amas de casa, estudiantes y personas de la tercera edad. Más de un millón de  mujeres, especialmente madres, tuvieron que dejar sus empleos. No solo perdieron  ingresos sino que también truncaron sus sueños de autonomía.

Ante este panorama, ¿cómo están cubriendo las familias sus necesidades de alimento, salud, pago de arriendo y de servicios públicos, conexión a internet? El Estado ha  establecido medidas como entrega de mercados, préstamos y subsidios. Pero las  coberturas son parciales y las ayudas no son oportunas. Un estudio de la Universidad  Javeriana señala que el Estado ha invertido en el Fondo de Mitigación de Emergencias, el  2.4% del PIB, lo cual ha sido insuficiente para que las familias urbanas y rurales, de  estratos medios y bajos, logren tener una vida digna durante este tiempo de cuarentena.

Se está invirtiendo dinero, pero los problemas están a la orden del día, la gente sigue  sumergida en el dilema entre morir de hambre o salir a trabajar y exponerse a morir  por el virus porque no tiene como acudir al sistema de salud. Es urgente revisar el  SISBEN para incorporar a quienes han salido de la cadena laboral y, por consiguiente, pierden su afiliación a la seguridad social; en esta situación de pandemia nadie debe  quedarse por fuera del sistema de salud. El trabajo informal debe ser formalizado y  quienes quedan cesantes no deben ser desvinculados de las EPS. Toda la fuerza de  trabajo, inclusive el trabajo de la casa debe recibir al menos los beneficios de la salud y  los riesgos profesionales. Estas razones, nos permiten sumarnos a las voces que  proponen la aprobación de la renta básica, la cual permitirá manejar esta emergencia  con mayor facilidad y eficacia porque con ella, las familias en situación de pobreza  reciben una mesada mensual que reemplaza, si no totalmente, por lo menos parte de los  ingresos que dejaron de percibir por cuenta de la pandemia. El fondo de Mitigación de  emergencias puede perfectamente cubrir esta modalidad de renta básica y ésta se debe  extender a los hogares monoparentales.

3. La educación en casa. Otra invasión a los espacios de la familia, originada por la  cuarentena, es la educación. Como los primeros confinados fueron los niños y niñas, las  instituciones educativas, públicas y privadas, se quedaron vacías y la formación de la  población en edad escolar volvió al hogar. Se “institucionalizó” el estudio virtual, con la  consecuente duplicación de las tareas instaladas en el único espacio familiar y de  manera simultánea en los tiempos propios para el cuidado y la gestión de la casa y ahora  también en los tiempos para el trabajo y la educación de los hijos e hijas. Los integrantes de las familias económicamente activos están viviendo una simultaneidad oprimente en  el cumplimiento de sus obligaciones, que se traduce en cansancio e impotencia para ser  al mismo tiempo cuidadores, gestores del hogar, trabajadores y educadores. Son las  mujeres quienes resultan más afectadas por esta acumulación, porque el modelo  patriarcal de roles poco se ha modificado en la vida de las familias. La imposibilidad de  insertarse a las nuevas prácticas educativas pone en evidencia las desigualdades y la  pobreza de buena parte de las familias colombianas que no cuentan con los equipos  requeridos ni el acceso a internet. Se está consolidando un modelo que nuevamente  tiene como pilar único la familia en un país donde apenas el 42% de los hogares cuentan  con internet y donde los padres y madres, que antes cumplían largas jornadas de trabajo  fuera de las viviendas, apenas saben comunicarse por Whatsapp.

La educación en casa es fuente de problemas de difícil solución: ¿Cómo servir de apoyo  para el aprendizaje virtual de la lectura y escritura de los niños y niñas menores de 8  años? ¿Cómo ahorrar para un computador de $800.000, cuando la familia se mantiene  con dos salarios mínimos que apenas suman $1.600.000? Algunas familias pueden tener  equipos pero, ¿estos son suficientes para atender las necesidades de estudio de hijos e  hijas y que también deben ser utilizados por quienes que trabajan? La distribución del  tiempo consagrado al trabajo y el tiempo para la educación es otro problema que se  tiene que racionalizar. La situación se complica con la primera infancia pues los padres  tienen que convertirse en tutores educativos con las tareas complejas que conlleva el  aprestamiento para la escolaridad sin contar con la preparación adecuada para tal fin.  Algunos padres y madres han logrado adaptarse y buscar apoyos, pero esta nueva  situación ha significado, para la mayoría un aumento del estrés bien sea porque  perciben sus carencias y su incapacidad para cumplir con las nuevas tareas, o bien por la  sobrecarga de actividades que tienen que llevar a cabo en el día y buena parte de la  noche. Si continúa la necesidad del confinamiento es necesario que el gobierno asuma  como prioridad la ampliación de la conectividad a internet para todo el territorio  nacional porque ningún niño, niña o adolescente puede suspender sus estudios por  carencia de tecnología o porque sus padres o madres no pueden asumir la función de los  profesores.

4. La recreación, la socialización y el esparcimiento se redujeron al espacio del  hogar. Antes de la pandemia, los niños, niñas y jóvenes practicaban deportes y  actividades lúdicas y culturales en los establecimientos educativos, en lugares públicos y  privados dispuestos para la recreación, la cultura y el deporte, y hasta en las calles; con  el confinamiento están obligados a permanecer en el entorno vital que hoy se reduce  a la vivienda. Son pocas las viviendas que tienen espacios acondicionados para la  recreación. Las familias numerosas generalmente viven en espacios reducidos, y en lo  último en que piensan es en adecuar espacios para juegos y diversión de niñas, niñas y  adultos. Con el confinamiento no tienen posibilidades de aislarse, así sea por momentos, de las tensiones que genera la convivencia cotidiana entre parejas y con las demás  personas que comparten el hogar.

Los grupos familiares de tres, cuatro o más miembros, que viven en apartamentos de 60  o 70 metros cuadrados –la media para estratos tres y cuatro– y aún con menos área, se  vieron abocados de un día para otro, a enfrentar el hecho de no tener el espacio vital  para que cada uno de sus integrantes pueda satisfacer sus necesidades de descanso y recreación, a la vez que el trabajo, el estudio, y las actividades domésticas. De modo que  mientras unos reclaman silencio y concentración, otros están en momentos de hilaridad.  Tensiones y conflictos, a veces violentos, y búsqueda de acuerdos o distanciamientos son  situaciones cotidianas en las familias durante este período de confinamiento. En este  período de cuarentena es cuando las familias más resienten las carencias de espacio  para atender todas las funciones que deben asumir y la recreación es la gran sacrificada.  El Estado tiene que modificar las políticas de vivienda social para que las familias  tengan espacios adecuados para el desarrollo de todas sus funciones incluyendo la  recreación. Los constructores también tienen que hacer este esfuerzo junto con el  Estado.

5. La reproducción y el cuidado de la vida. En las sociedades contemporáneas las  funciones de la familia son, además del sostenimiento, la reproducción y el cuidado de  los integrantes de grupo; funciones que el modelo patriarcal les asignó prioritariamente  a las mujeres y por ello quedaron confinadas al interior de las viviendas. Ellas  desempeñan tareas (cocinar, hacer aseo, ordenar, planificar y mercar) que al estar en el  mundo doméstico, son invisibles para el sistema: no son reconocidas como trabajo y no  tienen remuneración. También el cuidado es invisible, y por ello tampoco es reconocido  ni remunerado. Debido a esta situación de invisibilidad, el Estado y los sectores  productivos no tuvieron en cuenta que tenían que acompañar a las familias en la  adecuación de sus espacios, sus tiempos y su disponibilidad para asumir las nuevas  realidades.

Un estudio realizado antes de la pandemia señala que las actividades del hogar  enfocadas al suministro de alimentos, cuidado físico de personas, cuidado pasivo —estar  pendiente— y tareas de limpieza y mantenimiento se concentran en las mujeres; este  estudio pone en evidencia las inequidades que aún existen en este campo entre los  sexos. Las brechas más amplias son: la preparación y suministro de alimentos 74,4 %, y  la limpieza del hogar el 69,9 % (DANE, 2016). Antes de la pandemia, las mujeres  destinaban en promedio siete horas y catorce minutos en labores domésticas, mientras  los hombres dedicaban, en promedio tres horas y veinticinco minutos (ONU Mujeres, 2018). Son algunos datos que hacen pensar en las dificultades que están enfrentando las  familias y especialmente las mujeres, durante estas cuarentenas.

En estos meses de confinamiento se ha hecho más visible la importancia y el tiempo que  representan la reproducción de la vida y el cuidado para la supervivencia de la  humanidad. Antes de la pandemia la familia compartía la atención de la infancia, porque  podía contar con otros recursos como los brindados por el mercado -el pago empleadas  domésticas, de jardines de infantes y/o clases extras- y por el Estado como los jardines y  hogares comunitarios. Se contaba, además, con las redes familiares y comunitarias. Con  el confinamiento todo se concentró en las viviendas. Ante esta situación podemos  identificar dos escenarios: el más preocupante es el cansancio de las mujeres que cargan  con la triple jornada de trabajo y los conflictos con los varones debidos a los reclamos  para que haya una distribución equitativa de las labores domésticas y del cuidado; está  también el escenario esperanzador que se produce cuando los diferentes miembros del  grupo familiar llegan a acuerdos sobre la distribución de tareas y responsabilidades de  una manera equitativa, según edad y género.

Estas desigualdades al interior del hogar tienen que desaparecer. La feminización de  cuidado y de la gestión del hogar tiene que dar paso a la responsabilidad compartida  entre hombres y mujeres y entre todas las edades. En la crisis actual se requiere más  apoyo del Estado y del sector económico para facilitar la interrelación equitativa entre la  reproducción y cuidado de la vida, la producción de los bines y la distribución de los  beneficios. Este es el principio de corresponsabilidad que también contempla la  Constitución Política especialmente en la garantía de los derechos de la infancia y de las personas mayores.

Las Acciones que se imponen

¿Debemos o tenemos que actuar? Las acciones para orientar a las familias no son un  deber son una obligación por mandato constitucional y legal. Creemos que el virus llegó  para quedarse, no es una crisis transitoria, en consecuencia, es urgente que las familias  reciban no solamente subsidios de mercado sino orientaciones básicas para cumplir con  estos nuevos retos. Nuestro llamado es al gobierno y a las empresas para que atiendan  las necesidades que se desprenden de esta nueva concentración de actividades que  tienen las familias con acciones tales como:

  • Llevar a cabo programas de orientación a las familias para el reconocimiento y  respeto a la dignidad y la integridad de todos sus integrantes y la solución pacífica  de los conflictos intrafamiliares.
  • Hacer el seguimiento constante a los resultados de dichos programas para establecer  su asertividad.
  • Todas las personas que salieron de la cadena laboral deben seguir recibiendo los  beneficios de la seguridad social.
  • Formalizar el trabajo informal e incorporar al SISBEN a todas las personas que  derivan sus ingresos de esta manera.
  • El Estado debe instaurar la renta básica para todas las familias que derivan sus  ingresos del trabajo informal y de las personas que los perdieron por finalización de  sus contratos de trabajo.
  • Ampliación de la conectividad a internet para todo el territorio nacional y asesoría a  los padres para asumir la tarea de pedagogos en el hogar.
  • Apoyo del Estado y de las empresas a los tiempos de recreación de las familias. Apoyo del Estado y de las empresas a la gestión de lo doméstico y al cuidado de las  personas que lo necesitan.

Pero también en la perspectiva de la sociedad civil es preciso hacer una reflexión que  tiene como punto de partida el dilema entre democracia o autocracia en las familias.  ¿Cómo analizar este dilema desde el paradigma de los derechos humanos de las  personas y de las familias? Podemos plantear el dilema de otra manera: desde la  profundidad de nuestra intimidad los seres humanos nos confrontamos como personas  democráticas o como personajes autoritarios heredados de la tradición. ¿Podemos  regular nuestros intereses personales para compartir los espacios y tiempos atendiendo  a las necesidades de todos los integrantes del grupo familiar? O, ¿se impone el egoísmo  ciego como factor dominante en el grupo? Cambiar el egoísmo irrespetuoso por el  egoísmo solidario es la clave para la supervivencia frente al virus que nos agobia. El  egoísmo solidario es aquel que promueve el autocuidado para cuidar a todo mi grupo  familiar; de igual manera, en la medida en que comparto los espacios en forma razonable, participo en la distribución de las tareas domésticas con la responsabilidad  que nos atañe como actores de nuestro destino, y orientamos esas tensiones en la  búsqueda de nuevas aproximaciones y propuestas originales para con-vivir como seres  que gestionan la igualdad desde la trascendencia del yo íntimo, estos nuevos desafíos se  convierten en enriquecimientos del yo individual y el yo social. En consecuencia, bajo la  orientación del paradigma de los derechos, es claro que este dilema se desvanece en la  medida en que la democracia en los espacios y tiempos y la democracia en la configuran  de relaciones intrafamiliares fundadas en el respeto y la promoción de la dignidad de  todas y todos los integrantes del grupo familiar, en la medida también en que se  resuelven los conflictos que necesariamente se presentan en el hogar de manera  concertada y las responsabilidades del cuidado y gestión de la casa se asumen en  condiciones de igualdad en la distribución de las tareas y en la comunicación  intergeneracional. Las familias tienen responsabilidades pero el Estado, la empresa y la  sociedad deben asumir las suyas para garantizar los derechos de las familias y sus  integrantes, y para que, en la medida en que se superen las tendencias  autocráticas, logremos construir relaciones democráticas responsables, autónomas y  participativas.

Agosto 20 de 2020

*

Ligia Galvis Ortiz

Abogada y Doctora en Filosofía

Julián Salas Rodas

Sociólogo. Especialista y Magister en Ciencias Sociales. 

Yomaira García Acuña

Psicóloga, doctoranda en Ciencias Sociales

Pilar Morad Haydar

Trabajadora Social y Magister en Estudios de Género

Blanca Jiménez Zuluaga

Trabajadora Social y Magister en Ciencias Sociales

María Cristina Palacio Valencia

Socióloga con estudios en maestría en Ciencias Políticas

Yolanda Puyana Villamizar

Trabajadora Social y Magister en Estudios de Población

Raúl Jaimes Hernández

Psicólogo y Magister en Administración

Yolima Amado Sánchez

Psicóloga y Magister en Psicoanálisis, Subjetividad y Cultura.

November 21, 2020

Un Tinto para Conversar de Familia - Interrogando la denominada "Familia multiespecie"

Un Tinto para Conversar de Familia - Interrogando la denominada "Familia multiespecie"

Las mascotas como animales de compañía doméstica han acompañado a los seres humanos desde tiempos ancestrales; del perro, por ejemplo, se ha dicho que es el mejor amigo del hombre, nunca se ha dicho de la mujer. Además de compañía, el perro nos ha prestado otros servicios como los de protección, ayuda a personas invidentes y en situación de discapacidad. 

Asistimos hoy a un nuevo fenómeno sociocultural cual es la revaloración de las mascotas; ya no solo como animales de compañía, sino el de ser tratado y considerado como un integrante más de la familia.  A quien incluso los animalistas radicales pretenden y abogan que sean reconocidos por la ley como un sujeto de derechos en igualdad con los hijos biológicos o adoptados. Es decir, proponen que se consideren como un nuevo tipo de familia: la familia multiespecie.

Del origen, manifestaciones y consecuencias  del reconocimiento o no de la familia multiespecie, como nueva forma de organización familiar, es de lo que trata este conversatorio.

Participantes: 

  • María Cristina Palacio Valencia (Profesora jubilada, Universidad de Caldas - Manizales
  • Luis Julián Salas Rodas (Sociólogo, Magister en Ciencias Sociales - Medellín
  • Moderador: Germán Darío Herrera Saray



Video Tomado de: Un tinto para conversar de familia (Nov. 19. 2020)--https://www.youtube.com/watch?v=cKTRz39lmRU&feature=youtu.be

(Para una ampliación del tema buscar en Google los siguientes artículos: la familia multiespecie: ¿otro tipo de familia? y las mascotas como hijos y los hijos como mascotas: un nuevo fenómeno sociocultural)




September 22, 2019

Beatriz Restrepo Gallego: una vida de coherencia entre el pensamiento y la acción






Beatriz Restrepo Gallego: una vida de coherencia entre el pensamiento y la acción


Luis Julián Salas Rodas

Sociólogo

Universidad Pontificia Bolivariana

Especialista y Magíster en Ciencias Sociales: Gerencia del Desarrollo Social

Universidad de Antioquia

Magíster en Ciencias de la Educación: Opción Desarrollo Social

Universidad París XII

Exdirector ejecutivo de la Fundación Bien Humano

Expresidente del Consejo Directivo de la federación Antioqueña de ONG

Blogs en Google: Familia y Otros; Juntas Directivas ONG; ONG y Gerencia Social

Luijus34@gmail.com

@LuisJulianSalas

Medellín - Colombia



Barranquilla 1941 – Medellín 2019



¿Qué significa pensar?  Bajo este sugestivo  título el filósofo alemán Martín Heidegger (1)  (1889-1976) dictó dos cursos durante los años de 1952 – 1953 en la Universidad de Friburgo, en Breisgau, Alemania.  La pregunta nos inquieta por cuanto creemos que todo el tiempo estamos pensando, sobre  lo divino y humano,  pero muy poco en el propio  significado del pensar. Heidegger señala que el pensar nombra, también, otras palabras como: memoria, gratitud, recuerdo. Y de la memoria Heidegger, en el texto ya citado, nos da una hermosa definición: la memoria es el recogimiento del recuerdo.


¿Y qué motivo nos convoca la lectura de este texto? No es otro que el recogernos en el recuerdo de nuestra admirada filósofa  y entrañable amiga Beatriz Restrepo Gallego. El recuerdo está asociado a las vivencias, y vivencia es toda aquella situación o experiencia que marca en forma significativa el curso de nuestra vida. Y aquellos de nosotros que tuvimos la oportunidad y el privilegio del encuentro con el pensamiento y la palabra Beatriz sí que podemos dar testimonio público de esa vivencia.

Durante 24 años Beatriz fue profesora de filosofía de la Universidad de Antioquia, trabajo de por sí  meritorio, pero su jubilación no implicó el retiro a una vida contemplativa y meramente privada  sino  todo lo contrario,  a una vida pública muy activa, como constataré en esta semblanza.

La educación fue  para ella no solo un espacio para  laborar sino, además, un ámbito para propiciar en sus estudiantes un ámbito para el pensar. Cuestionaba ella, siempre con fundamento, que el pensamiento reflexivo debe anteceder al pensamiento crítico porque no es posible aportar a una deliberación pública sin antes no se ha tomado el tiempo, el estudio y el juicio previo sobre el asunto en cuestión. Y este principio lo encarnaba ella en las reuniones de las juntas directivas de las que hacia parte; mientras que los demás miembros discutían, opinaban, alzaban la voz, repetían las ideas en tumultuosa algarabía, Beatriz en actitud de escucha activa y atenta guardaba prudente silencio. Solo al  final de la reunión, oídos todos los argumentos en pro y en contra, emitía sus concluyentes juicios y conceptos dando cierre a la reunión. La lección, aun no aprendida: primero reflexionar, luego criticar.

De las cuatro virtudes cardinales: la justicia, la fortaleza la templanza y la prudencia, es, a mi parecer, esta última la que mejor encarnaba la personalidad de Beatriz. Dice de la prudencia la escritora Andrea Imaginario:
    
La prudencia es una virtud que tiene como propósito enmendar o sanar la ignorancia de entendimiento, la prudencia es la capacidad de reflexionar antes de hablar o actuar, así como evaluar el modo y los medios adecuados para intervenir en una situación. Implica, por tanto el sentido de la oportunidad, es decir, de juzgar cual es el momento adecuado para actuar o hablar.

La práctica de la prudencia implica seguir al menos tres elementos esenciales, los cuales son: pensar con madurez, decir con sabiduría y actuar para el bien. Todo ello conlleva un proceso de reflexión continua. (www.culturagenial.com)

A lo anterior pienso cuanta falta hace hoy en día la práctica de la virtud de la prudencia como usuarios permanentes de las redes sociales donde ante un trino, una opinión, una imagen que nos disgusta, en medio de una sobrecarga de información y noticias falsas, respondemos de inmediato en forma emocional, airada, sin previa reflexión y confirmación, cayendo en el insulto, el agravio, la burla, la descalificación frente a quienes no sienten como uno, generando discursos de odio y enemistad. Y es la imprudencia, el antónimo de la prudencia, la que nos incita a obrar de más y pensar de menos.

Con respecto al uso inadecuado del lenguaje reiteraba Beatriz la importancia de la lectoescritura como competencia básica del aprendizaje y llamaba la atención en el aspecto del habla y la escucha en la formación del sujeto, asunto del cual afirmaba ha sido descuidado, la cito textual:

El habla no solo es herramienta de comunicación, también lo es de la construcción del yo, primer nombre que el niño aprende a verbalizar. La construcción de un relato favorece la reflexión, el pensamiento lógico, el desarrollo del vocabulario o sea, la capacidad de nombrar pero sobre todo la reflexividad como capacidad de designarse a sí mismo. (2)

Y este llamado de atención lo refería con énfasis en la carencia, en el déficit de los bachilleres que se presentan a la universidad sin saber hablar y sin poder lograr expresar verbalmente lo que quieren significar para poder ser entendido por los otros. Déficit, insisto, no exclusivo de los jóvenes bachilleres.

Hacemos mucho énfasis en promover la lectura desde las aulas y eso está bien, pero no merece nuestra preocupación que alrededor de 3.000.000 millones  de personas mayores de 15 años se les haya negado, por diversos motivos, el derecho fundamental a la educación. Esta realidad vergonzante del país no le fue, tampoco, ajena a Beatriz. Al igual que la filosofía, la ética fue otro campo de su conocimiento y de su práctica humana, social y política. En muchas ocasiones expuso, siempre con argumentos, que el principio de la Dignidad Humana era el fundante de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, entendiendo por dignidad el reconocimiento propio y ajeno del ser humano por el solo hecho de nacer y existir. Explicaba sus orígenes desde la religión cristiana, la filosofía de Inmanuel Kant (1724-1804) y del filósofo y humanista católico Jacques Maritan (1882-1973); tenía ella muy claro cuál era la condición del ser humano como un Sujeto Moral. No bastaba, decía Beatriz, ser ciudadano(a) y ser sujeto político.

Confundido tratando de entender la similitud o diferencia  entre moral y ética le pregunté un día a Beatriz por su esclarecimiento, y palabras más, palabras menos, esto me respondió, en su acostumbrado tono de voz pausado y directo:

Julián: cuando hablamos de moral nos referimos a las conductas, comportamientos o prácticas que las personas realizan en su vida social. Cada sociedad, cada grupo humano establece unas normas, unos valores y unos fines acerca de lo que se puede o no puede hacerse de acuerdo con la moral, la ley y las costumbres.  La moral es relativa, particular de una sociedad. Y cuando mencionamos la ética nos referimos es a la reflexión que desde la filosofía se realiza sobre la moral y las virtudes cardinales. Son dos cosas distintas pero relacionadas.  (En esta apreciación sobre la ética y la moral coincidía Beatriz con su colega catalana Victoria Camps  (1941 -).  Te pongo un ejemplo: cuando un hijo pequeño pregunta ¿Papá, por qué me debo portar bien?, lo que ese niño está haciendo es una pregunta de una gran profundidad ética por cuanto ha reflexionado acerca de las razones del comportamiento al tiempo que invita a su padre a compartir tal reflexión. ¿Y cuál es la respuesta generalizada de los padres a tan ética pregunta, si la hay? Pues debes portarte bien porque aun eres chiquito y yo soy tu papá. Y de esta forma, unilateral y autoritaria, Julián, el padre desaprovecha la oportunidad de continuar la reflexión ética a la que el hijo lo ha invitado. La ética no solo trata de teorías y conceptos, se aplica a todas las situaciones de la vida cotidiana.

Y seguí interrogándola. Beatriz, ¿qué es lo correcto hablar de código de ética o de código de conducta? A lo cual Beatriz me respondió: es impropio hablar de código de ética por cuanto esta no es normativa sino reflexiva. Lo propio es hablar de códigos de conductas de acuerdo con el propósito que se pretende y al público al que va dirigido. La moral puede ser doble o triple pera la ética no admite dobleces, es una sola. El filósofo alemán Ludwig Wittgenstein, (1889-1951) (siempre  daba el correspondiente crédito a sus colegas), afirmaba que la ética antes que enseñarse, se muestra. Un ejemplo: si las personas que conforman una junta directiva de una organización son éticas, el proceder de la misma será ético, proceder que se verá reflejado en su código de conducta o en su reglamento interno. No se trata Julián de predicar las virtudes sino, ante todo, de actuar en consecuencia, y quien así obra la sociedad se lo reconoce. La conciencia moral es la que nos obliga a ser responsables de las consecuencias de nuestra conducta. Es la evidencia de la auténtica autonomía del sujeto.

Su práctica de tantos años en la docencia hacía de ella una maestra singular para dar  a entender su pensamiento. En uno de sus últimos actos  públicos, cuando ya la enfermedad había comenzado a debilitar su cuerpo, nunca la lucidez de su mente, asistió a un encuentro de personeros(as) del Oriente antioqueño. Allí les hizo hincapié en la diferencia esencial entre ser funcionario y servidor público. El funcionario es aquel que es contratado por el Estado para cumplir unas funciones específicas contenidas en un manual o contrato, en cambio el personero(a) es un servidor público, lo que significa que su deber ante el ciudadano(a) va más allá de cumplir una función burocrática, una orden; está obligado a reconocer en quien sirve, ante todo, una persona digna y  necesitada. Ser Personero, les dijo Beatriz,  es apersonarse de los problemas y tratar de dar solución sin excusas y límites de horario.  Ese era el estilo de su talante; ese el compromiso de su carácter.
   
Beatriz no solo se ocupó y llamó la atención acerca del Sujeto y la Conciencia Moral entendido como la libertad que tiene todo ser humano de reflexionar, de decidir sobre las consecuencias, buenas o malas, de sus acciones de acuerdo al conocimiento de sí mismo y del contexto que lo rodea. Se ocupó, además, del Sujeto y la Conciencia Moral Colectiva cuando hizo parte, en compañía de su amiga  Lucía de la Cuesta de Londoño, como asesoras permanentes del Consejo Directivo de la Federación Antioqueña de Organizaciones No Gubernamentales FAONG. (Doña Lucía, (Q.E.P.D) fue fundadora y primera directora de la FAONG). 

En el 2008 Beatriz, en el Tercer Ejercicio de la Rendición Social Pública de Cuentas de la Federación, nos convocó a reflexionar acerca de la fundamentacion, del talante ético-moral de las organizaciones que conforman el gremio al reconocer la validez del ejercicio en cuanto a la construcción de confianza y transparencia y el ejemplo ante el Estado y el sector privado. Planteaba los siguientes argumentos:

Pero como organizaciones morales, los criterios que priman, frente a los cuales no se transige, son los morales, particularmente cuando hay conflicto de intereses. Frente a una situación económica angustiosa, que criterio adoptar ¿el económico de despedir, reducir o desmejorar, o el moral de no causar daño, aunque ello suponga sacrificios individuales o grupales? Frente a una exigencia de patrocinadores, sean estatal o privado, que afecta poblaciones vulnerables que criterio adoptar ¿el político que supone discriminar o excluir, o el moral que exige un tratamiento justo y equitativo?

El carácter moral de una organización determina que sus opciones obedezcan siempre a criterios morales y los conflictos que con mayor o menor gravedad están presentes en la vida cotidiana de las organizaciones, pueden servir para fortalecer este carácter moral, o, por el contrario, para debilitarlo y mermarlo cuando son los criterios técnicos o políticos los que priman desatendiendo o quebrantando criterios morales. (3).

El llamado de atención de Beatriz a las ONG aludía a la existencia o no de congruencia entre la moral proclamada en el direccionamiento estratégico (misión, visión, estatutos, reglamentos) y la moral visible en sus prácticas,  conductas,  conflictos de interés, así como la manera en que se asumen las responsabilidades por los resultados de sus acciones morales. Hacía énfasis, además, en la declaración, explícita, de la FAONG  ayudar a construir sociedad y la tarea de hacer  converger los esfuerzos en las áreas de la comunicación, el trabajo y la interacción para el fortalecimiento del capital social. 

Retomo apartes del texto ya citado:

Y si entendemos que crear valor es dar respuesta a necesidades, y es eso lo que no se puede olvidar: como ser vivo, su necesidad de arraigo y pertenencia a un territorio; como ser humano, su necesidad de reconocimiento a su dignidad primigenia; como actor social, su necesidad de ser acogido y de establecer relaciones; como ciudadano su necesidad de saberse seguro y amparado al ser sujeto de derechos; como persona moral, su necesidad de ser respetado por estar dotado de autonomía y libertad.

Las ONG, como entidades de fuerte talante ético y moral, no pueden postergar la atención de esas necesidades, así no sean ellas el objeto formal de su quehacer. Ninguna de ustedes puede pensar que cumple idóneamente con su trabajo, si no está comprometida con esta tarea fundamental de dar respuesta a necesidades insatisfechas del ser humano: el desinterés se  traduce en omisión, la comodidad que se traduce en descuido, son manifestaciones de un talante moral debilitado o inexistente, porque el centro de la vida moral es la persona que incluye en su comprensión todas las manifestaciones del ser humano.

Auún conservo en mi memoria el juicio concluyente de Beatriz en una reunión del Consejo Directivo de la FAONG: las ONG son un reconocido Bien Público pero no basta con serlo, todavía no tienen conciencia del poder real que tienen para incidir políticamente en los cambios que el país  requiere.  El día en que sean conscientes y hagan uso de ese poder la sociedad empezará a ser distinta.   Juicio que sigue siendo válido por cuanto el entorno no habilitante en que trabajan las ONG las coloca en el dilema ético de asegurar la sostenibilidad de las organizaciones concediendo más importancia a los medios que a los fines, es decir, privilegiando la consecución de proyectos rentables que aseguren la permanencia en el tiempo de la organización sobre  la satisfacción  de las necesidades insatisfechas de los seres humanos que se han comprometido atender.

La infancia y la familia fueron, también, asuntos de su reflexión y participación como actor social.  En 1998, la Fundación para el Progreso de Antioquia, Proantioquia, bajo la dirección de Beatriz Restrepo, convocó a un grupo de entidades públicas, universidades y ONG de Medellín para estudiar, analizar, y recomendar lineamientos  y acciones público-privadas acerca de la situación de la Primera Infancia en la ciudad. El resultado de esta convocatoria fue el documento denominado Proyecto de Atención Integral  a la Primera Infancia en la ciudad de Medellín, el cuál se convirtió en política pública bajo la administración del alcalde Sergio Fajardo Valderrama (2004 – 2007), con el nombre de Buen Comienzo, que fue, a su vez, inspiración de la Política Pública Nacional de la Primera Infancia de Cero a Siempre, mediante la Ley 1804 de 2016; política pública que hoy atiende, mediante el ICBF y Prosperidad Social alrededor de 3.000.000 millones de niños y niñas en sus primeros cinco años de vida.

Beatriz también participó en la redacción del Código de Infancia y Adolescencia  el cuál se refrendó en la Ley 1098 de 2006 e hizo parte del equipo del ICBF que divulgó el Código en todas las oficinas regionales. En cuanto al tema de familia, como director ejecutivo que fui por muchos años de la Fundación Bien Humano, ONG reconocida por su trabajo con las familias, coincidíamos que la atención a la Primera Infancia debía siempre considerar e incluir a la familia, y todos sus integrantes, como la primera agencia de formación de los seres humanos por cuanto es en ella donde los niños y las niñas tienen o no sus primeras vivencias del amor, la solidaridad, la fraternidad, y los esenciales  cuidados para su salud y sano desarrollo. Así lo manifestaba en su condición de miembro de junta directiva de la Fundación Integrar, ONG especializada en la atención a personas con trastorno del espectro autista, y como presidenta que fue de la junta directiva del Comité Privado de Asistencia a la Niñez, PAN, expresando su última voluntad a sus amistades de hacer donativos póstumos a PAN en vez de arreglos florales.
                
Hanna Arendt, (106-1975), (5) gran pensadora política del siglo XX, escribió en uno de sus libros: La Condición Humana  que la existencia de los seres humanos esta signada por tres determinantes: la labor, el trabajo y la acción. La labor se refiere a los cuidados físicos y materiales cotidianos necesarios para asegurar la vida, la reproducción de la especie  y que se consumen en su realización. El trabajo que posibilita la fabricación de objetos útiles y prácticos para el uso al tiempo que proporciona los medios de subsistencia para la satisfacción de las necesidades. Y Ll acción es el espacio público de la interacción política de las personas donde es posible el despliegue y reconocimiento de la pluralidad, pero a la acción debe de preceder el pensar, el sopesar, el discernimiento, la duda razonable y el juicio que nos  permita desplegar la capacidad de decidir y elegir.

Para Arendt la plenitud de la vida humana es la acción por cuanto una vida  dedicada solo a laborar y consumir carece de trascendencia. Y si aplicamos este precepto de Arendt al itinerario de  la vida pública de Beatriz vemos que lo cumplió a cabalidad, por cuanto ella no fue una espectadora pasiva sino protagonista de su pensar y actuar tanto en la docencia, y en los cargos administrativos que tuvo a su cargo como la vicerrectoría académica, decana de la Facultad de Ciencias Sociales y Humanas y de la Facultad de Artes y  directora del Museo de la Universidad de Antioquia,  así como en  la Gobernación de Antioquia como secretaria de educación y secretaria ejecutiva del Planea, como integrante de juntas directivas como la de  EPM, la Universidad EAFIT y otras ONG, ya mencionadas. Y la acción de su vida pública también se constató  en sus escritos donde la claridad  y lucidez de su pensar se reflejaba en calidad de su prosa, resultado de su sólida formación académica adquirida en el Manhattanville College, de Nueva York, la Universidad Complutense de Madrid y de la Universidad de Católica de Lovaina. Escritos que eran un todo un   acontecimiento comunicativo porque en ella tanto el lenguaje oral como el escrito eran instrumentos de revelación de su excepcional inteligencia y conocimiento.

Iniciamos la lectura de esta semblanza de Beatriz acudiendo a un texto del filósofo Martin Heidegger, de quien ella consideraba era el último gran filósofo clásico de la modernidad, de un nombre sugestivo: ¿Qué significa pensar?  Heidegger nos daba algunas pistas al indicarnos que en la memoria, el recuerdo y la gratitud podríamos encontrar respuestas al interrogante. Definía él la memoria como: el recogimiento del recuerdo. Y ha sido esa la intención explícita de esta semblanza. Recordar que el pensar de Beatriz no era un pensar calculador sino un pensar reflexivo, más no pasivo. Un  ejemplo permanente de la coherencia entre un pensamiento claro, un lenguaje claro y una escritura clara. Damos fe pública que así fue siempre. Coherente, recta, como persona ética y moral, entre su pensamiento y su acción.

Decía y escribía Beatriz que: solo con la muerte se define el carácter moral de una persona y solo en ese momento el juicio moral   de la comunidad a la que perteneció recae sobre la totalidad de su vida cuando se reconoce su talla moral y se le pone como ejemplo. (4). De eso se trata la escritura  de esta semblanza ante el suceso de su fallecimiento: un reconocimiento póstumo de su pensar y obrar acerca del ejemplo de la grandeza y altura de su talla moral.
 
Y para finalizar esta semblanza, vuelvo a decirlo,  de nuestra admirada filósofa y entrañable amiga quiero expresar mi gratitud personal hacia ella. La gratitud, como lo ha indicado Heidegger es otro atributo del pensar. La gratitud, es el reconocimiento explícito de un beneficio recibido. Muchos de quienes la conocimos y tratamos tenemos ese noble sentimiento por Beatriz porque con su profundo respeto a la dignidad humana y su genuina actitud de escucha activa nos hizo muy bien, el Bien.

Cuando escribí, en el 2007, mi libro: En el mundo de las ONG, vivencias, reflexiones y aprendizajes del ejercicio profesional, fue Beatriz quien me honró con la deferencia de escribir el prólogo; deferencia que continuó en los años sucesivos con la lectura atenta y los comentarios pertinentes a los ensayos que escribía, sobre temas de familia y ONG, para colgarlos en los blogs. Y de este oficio, que la  mayoría de las veces  es arduo, y laborioso me dio el mejor consejo, que trato siempre de cumplir, Julián, no hay que apresurase en la publicación de un texto. Hay que seguir el ejemplo del buen pan que requiere reposo y tiempo para que la levadura crezca, alcance consistencia y buen sabor. 

Beatriz Restrepo Gallego:   una vida de coherencia entre el pensamiento y la acción

(1)    ¿Qué significa pensar?  Martín Heidegger. Editorial Nova. Tercera edición. Buenos Aires. 1978

(2)     Reflexiones sobre Educación, Ética y política. Beatriz Restrepo Gallego.  Comfama. Medellín.  2014. Pág: 31

(3)    Fundamentación ética de la rendición social de cuentas de las ONG. Beatriz Restrepo Gallego. Federación Antioqueña de ONG. Medellín. 2008. Pág: 8. 

(4)    Reflexiones sobre Educación, Ética y Política. Beatriz Restrepo Gallego. Comfama. Medellín. 2014. Pág:63

(5)    La Condición Humana. Hanna Arendt. Trad. Ramón Gil. Editorial Lumen. Barcelona. 1993.

August 08, 2019

¿MINISTERIO DE FAMILIA O MINISTERIPO DE DESARROLLO HUMANO SOSTENIBLE?



¿MINISTERIO DE FAMILIA O MINISTERIO DE DESARROLLO HUMANO  SOSTENIBLE?


                                                                                             

El Colectivo Familia y Democracia pone a consideración del sector académico, político, de activistas, movimientos sociales, ONG y de la población en general la propuesta de creación en Colombia de un Ministerio de Desarrollo Humano y Sostenible cuya misión será la orientación, coordinación y gestión del gasto del sector social. De esta manera se establece el equilibrio entre los ejes del Estado Social de Derecho que son los órdenes económico, político, la justicia, las relaciones internacionales y el sector social. Esta propuesta surge como respuesta a los proyectos de Ley de creación de un Ministerio de Familia, por parte del partido Conservador y el partido Cambio Radical. La propuesta del partido Conservador  fue archivada el 21 de junio de 2019 por la Cámara de Representantes por  cuanto solo tuvo uno de los cuatro debates reglamentarios en la legislatura correspondiente. 

Varios son los interrogantes que nos suscita el archivo de la propuesta de creación del Ministerio de la Familia:

¿Por qué son iniciativas de los partidos  y no del Gobierno Nacional, como lo establece la Constitución Política (Art. 154 inciso segundo)?

¿Por qué solo tuvo un debate? ¿Qué razones o motivos se presentaron para no continuar los otros debates reglamentarios y se diera un primer debate en plenaria?

¿Será que el tema de familia se ha convertido en “una papa caliente”, en un debate ideológico sobre el cual nadie está dispuesto a darse el costo político de cambiar la legislación y proponer  otra arquitectura institucional y, más bien, dejar el status quo actual?

Primeras Consideraciones

En un Estado Social de Derecho las instituciones son los instrumentos que ponen en marcha la gobernabilidad y llevan a cabo las acciones pertinentes para cumplir con sus fines esenciales y sus funciones constitucionales y legales; su gestión se orienta por los principios y postulados establecidos en la Constitución Política y en las leyes que la regulan. Colombia es un Estado social de derecho organizado como República unitaria, descentralizada, democrática, participativa, pluralista, fundada en la dignidad humana, en la solidaridad, y en el trabajo de quienes la integran[1]. Estas características conforman el marco conceptual y político  que orienta la función pública del Estado y de las Entidades que lo conforman.

La República de Colombia es una unidad en la pluralidad, lo cual supone el reconocimiento del arco iris cultural presente en las regiones que la conforman; en ellas convive la trilogía étnica que dio origen a un mestizaje, valioso culturalmente y con amplias potencialidades, que corre por las venas de la población desde los tiempos de la conquista y que se ha enriquecido con las últimas migraciones que han llegado al país. La pluralidad étnica y cultural es reconocida en la Carta Política y en buena medida justifican la existencia y descentralización de las regiones[2].

La República de Colombia es una democracia en la que habrían de prevalecer los derechos humanos, la participación ciudadana, la dignidad humana y la seguridad. Es un Estado Social de Derecho cuyos frentes de acción son: la defensa y ejercicio de los derechos humanos, la seguridad interna y externa, la economía, las relaciones internacionales y el monopolio de la fuerza y de la justicia. Las instituciones que le dan personalidad al Estado atienden estos cinco frentes bajo la suprema dirección de la Carta Fundamental.

Los fines esenciales del Estado Social de Derecho están enumerados en el artículo 2º de la Carta Constitucional; es bueno recordarlos por cuanto ellos marcan el derrotero de las instituciones y definen  las obligaciones que les corresponden en el marco constitucional y legal, estos son:

1.     Servir a la comunidad.
2.     Asegurar la efectividad de la Constitución.
3.     Facilitar la participación de las personas y los grupos en las decisiones de su interés en todos los escenarios de la vida nacional.
4.     Mantener la unidad territorial y defender la independencia nacional.
5.     Asegurar la convivencia pacífica y la vigencia de un orden justo.[3]

Las autoridades deben proteger a todas las personas residentes en Colombia, en su vida, honra, bienes, creencias, garantizarles sus derechos y libertades así como asegurar el cumplimiento de los deberes sociales del Estado y de los particulares[4].

El Estado Social de Derecho debe consolidar un equilibrio entre lo político, lo económico y lo social; esto quiere decir que en sus definiciones y principios el Estado tiene que atender estos tres frentes en igualdad de condiciones ejecutivas, operativas y financieras. Y lo mismo tendría que suceder en la institucionalidad correspondiente.

Problemas en la estructura actual del Estado Colombiano

Una peculiaridad de la estructura del Estado colombiano es el desequilibrio en la gestión del orden económico y político, el manejo de las relaciones internacionales y de la justicia, y la institucionalidad encargada de la gestión social. Con anterioridad a la Constitución del 91 la gestión pública social y la gestión dirigida al orden económico tenían orientaciones diferentes: el intervencionismo del Estado en el orden económico y el asistencialismo para conducir la cuestión social. Con este criterio se crea en 1958 el Departamento Nacional de Planeación -DNP- y el Consejo Nacional de Política Económica y Social -CONPES- con la misión de preparar las estrategias pertinentes para la ejecución de las políticas públicas en el orden económico y social. El CONPES es una entidad puramente técnica y asesora del poder ejecutivo en lo económico y social y su tarea se orienta a los grupos en situación de vulnerabilidad.

En la esfera puramente social se crea en 1968 el Instituto Colombiano de Bienestar Familiar -ICBF-, que es la primera institución de origen nacional  y ente rector del sistema nacional de bienestar familiar, el cual está configurado como: “Un conjunto de agentes, instancias de coordinación y de relaciones existentes entre estos, para dar cumplimiento a la protección integral de los niños, niñas y adolescentes y al fortalecimiento familiar en los ámbitos nacional, departamental, distrital y municipal”[5]. Esta entidad es eminentemente técnica, inicialmente estuvo adscrita al Ministerio de Salud y tras la creación del Departamento para la Prosperidad Social pasó a ser entidad adscrita a este Departamento.

El Departamento para la Prosperidad Social fue creado en el 2011 y restructurado en el 2015 bajo el nombre de Prosperidad Social, como entidad responsable a nivel nacional para diseñar, coordinar e implementar las políticas públicas para la superación de la pobreza y la equidad social. Pretende erradicar la pobreza extrema y la pobreza multidimensional. Lo integran cinco Entidades adscritas que son: la Agencia Nacional para la Superación de la Pobreza -ANSPE-, el Instituto Colombiano de Bienestar Familiar -ICBF-, la Unidad para la Atención a las Víctimas, la Unidad para la Consolidación Territorial y el Centro de Memoria Histórica. Como puede apreciarse, las instituciones que hoy existen en Colombia para la gestión de las políticas sociales son todas de orden técnico. La máxima jerarquía es la de Departamento, solo existen dos relativos a la política social: el Departamento Nacional de Planeación y  el de Prosperidad Social.  Llama la atención el caso de lo que se estableció para la Consejería para la Niñez y Adolescencia y las del ICBF. El ICBF tiene a la familia dentro de una de sus estrategias y programas pero su énfasis principal está en la protección y atención a la infancia.


En suma, el Estado Colombiano no cuenta con una estructura institucional que tenga a su cargo la gestión social en el mismo nivel jerárquico del orden económico, de las relaciones internacionales, de la seguridad y la justicia; todos estos frentes cuentan con sus respectivos ministerios (Hacienda, Justicia, Interior, Defensa y Relaciones Internacionales) mientras que los aspectos sociales se encuentran diseminados en otras entidades.  (Departamentos, Consejerías, Direcciones, Unidades, etc.).

Esta dispersión institucional es el resultado de la carencia de una idea clara de las finalidades esenciales del Estado Social de Derecho por parte de quienes asumen las responsabilidades de la gestión pública. En necesario señalar que además de los vacíos conceptuales en el orden interno, el Estado colombiano centra sus prioridades en el cumplimiento de los compromisos derivados de la globalización de la economía (descentración del trabajo, intercambios comerciales y la inversión de capitales extranjeros) y olvida que desde hace medio siglo circula en el universo internacional otra globalización, como es el paradigma de los derechos humanos. Este sistema universal también impone obligaciones jurídicas a los Estados que ratifican los tratados internacionales de derechos humanos. En consecuencia, el Estado colombiano tiene dos grandes fuentes de obligaciones emanadas del orden internacional que, de cumplirse en igualdad de condiciones podrían establecer el equilibrio institucional y financiero entre el orden económico y el Estado social de derecho.

Una institucionalidad equilibrada para el Estado social de derecho

¿De qué manera puede y debe el Estado colombiano cumplir esas obligaciones? Es indudable que debe establecer una política social que interprete y ponga en marcha los fines esenciales del Estado social de derecho y que disponga con una institucionalidad de alta jerarquía que tenga la suficiente autoridad para poner en marcha las políticas sociales.

En este orden de ideas, la prioridad para el Estado colombiano es crear una institucionalidad que responda a las siguientes prioridades: i) poner en marcha los fines esenciales del Estado social de derecho como lo ordena el artículo segundo de la Carta Política; ii) cumplir con las obligaciones adquiridas en virtud de la ratificación de los tratados internacionales de derechos humanos y del medio ambiente; iii) dar curso a las obligaciones adquiridas a través de conferencias internacionales y otros eventos como la Asamblea Extraordinaria de las Naciones Unidas que estableció el compromiso de los Estados miembros con los objetivos del milenio que se vencieron en el 2015 y de cuyo balance surgieron los objetivos del desarrollo sostenible de 2017. Estos objetivos tienen la ventaja de que están planteados no en coyunturas puntuales, sino en términos del desarrollo humano y sostenible del planeta como son: la erradicación de la pobreza extrema y el hambre, la educación primaria universal, la igualdad de género y el empoderamiento de la mujer, la reducción de la mortalidad de niños menores de 5 años, la mejora de la salud materna, el combate al VIH-SIDA, la sostenibilidad del medio ambiente y el fomento de la alianza mundial para el desarrollo. El balance de los 15 años de vigencia de estos objetivos no presenta los éxitos esperados y, para subsanar las carencias, la Asamblea General estableció 17 estrategias encaminadas a promover y garantizar el desarrollo humano y sostenible.

Si se tiene en cuenta que estos objetivos son compromisos que fortalecen el Estado Social de Derecho, la prioridad del Estado es crear una institucionalidad apropiada que podría ser un Ministerio del Desarrollo Humano y Sostenible. Este tema no se ha planteado en esta administración pero dos campañas presidenciales del 2018 sí propusieron la creación del Ministerio de la Familia. El proyecto de ley: Ministerio de Familia, Sistema Único Nacional de Protección, Emprendimiento y Formación integral de la familia, fue radicado en la Cámara el 20 de julio de 2018 por el partido Conservador y archivado un año después, el 21 de julio de 2019, después de un amplio debate que permitió identificar problemas de concepción, financieros, burocráticos, y aún de redacción.

El hecho de que el proyecto esté archivado, abre nuevamente la reflexión sobre la necesidad de establecer cuáles son las prioridades del Estado colombiano para actualizar y adecuar las instituciones públicas a las nuevas exigencias de las políticas sociales. Es en este marco que se debe tomar la decisión de crear un Ministerio que les dé un estatuto superior e integre los asuntos sociales. Así podrá subsanar la deuda histórica que ha tenido el Estado con la gestión social. En ese marco ministerial, se podrán atender las necesidades de las familias, el desarrollo y aplicación de  las políticas sociales con el enfoque amplio de los derechos humanos y el desarrollo sostenible.

¿Es pertinente crear un Ministerio de la Familia?

Es verdad que la familia es una prioridad olvidada en este país. La legislación sobre este tema es prácticamente inexistente, la única ley específica sobre la familia es ley 1361 de 2009, de Protección Integral a la Familia[6], que le impone al ejecutivo la puesta en marcha de la política pública nacional, departamental y municipal de apoyo y fortalecimiento a la familia: ya están los lineamientos de la política nacional pero son pocos los departamentos, ciudades y municipios que cuentan con estas políticas, y el CONPES que debe ser aprobado sigue pendiente. El ICBF hace énfasis en la protección y atención a la infancia mientras que el tema familia es secundario. Pero, ¿es pertinente crear un ministerio de la Familia? O, ¿lo prioritario es equilibrar la gestión social y la gestión relativa a la economía, la política y las relaciones internacionales?

La estructura del Estado debe ser construida en función de los pilares que lo sustentan y lo definen. En Colombia el déficit está en la institucionalidad para la política social, luego es en este campo que hay que buscar la solución para hacer visible a la familia como actor político. En primera instancia hay que modificar el hilo conductor de la gestión social, se debe salir del asistencialismo a las poblaciones en situación de vulnerabilidad para pensar en la calidad de vida de la gente, basada en sus derechos, así debe interpretarse el servicio a la comunidad que aparece como uno de los fines esenciales del Estado Social de Derecho.  En este marco del desarrollo humano y sostenible la gran protagonista deben ser las familias y sus integrantes. En efecto, de lo establecido en la Constitución Política se desprende que la familia es un sujeto colectivo porque es titular de derechos y agente garante de los derechos de sus integrantes. En esta medida la familia es un agente político interlocutor de la sociedad y del Estado y en consecuencia, debe ser la actora central en los escenarios de las políticas públicas sociales por cuanto por su intermedio, es más factible la articulación y la coordinación de las políticas relacionadas con sus integrantes y con sus entornos: el medio ambiente, la seguridad alimentaria, la erradicación de la pobreza y los otros objetivos del desarrollo sostenible.

La unificación institucional de la gestión y las políticas sociales para las familias en Colombia concebida en el marco del desarrollo humano y sostenible es una respuesta más integral y estratégica porque evita la tendencia actual a la sectorización de la institucionalidad que abre las puertas para la reivindicación de ministerios específicos como el Ministerio de la Mujer que desde hace un tiempo se está solicitando y fortalece la atención dispersa a grupos de población, lo cual va en contravía de la necesidad de integrar los programas y los recursos destinados a las políticas sociales[7].

Un Ministerio de Desarrollo Humano Sostenible pondría en práctica el Estado Social de Derecho consagrado en la Constitución de 1991. Este Ministerio se encargará de coordinar las políticas de equidad de género, de la garantía y restablecimiento de los derechos de la infancia y la adolescencia, de promover las oportunidades para la juventud, de la promoción y defensa de los derechos de la vejez, entre otras funciones, y de articular programas que garanticen la realización de los derechos de las familias en armonía con la realización de los derechos de sus integrantes. Se reconoce que atender las problemáticas que afectan a cada integrante de una familia o a cada sector o grupo de población, garantizar sus derechos y brindar las oportunidades para el mejoramiento de su calidad de vida, mejora también la calidad de vida de las familias. No obstante, este camino de diferenciación y sectorización que prima en la actualidad en el cumplimiento de las obligaciones del Estado y la sociedad en Colombia, detiene el desarrollo, constituye un obstáculo para la comprensión y visión integral de la familia; igualmente, dificulta la gestión pública, la integración, coordinación y racionalización de los recursos destinados a las políticas sociales.

Otra objeción de fondo a la creación de un Ministerio de la Familia es el trasfondo ideológico que sustenta el proyecto presentado a la Cámara de Representantes pues presenta a la familia como núcleo de la sociedad, un núcleo “armónico y funcional”; no tiene en cuenta sus dinámicas o su articulación con los procesos económicos, sociales y políticos; mantiene la enunciación taxativa del artículo 42 de la Constitución Política respecto a la concepción de familia según el modelo nuclear convencional, basado en el matrimonio heterosexual; y su finalidad es la procreación biogenética. Estas características le plantean al posible Ministerio de la Familia el imperativo de ser el guardián del orden y olvida los desarrollos jurisprudenciales del Consejo de Estado, la Corte Constitucional y la Corte Suprema de Justicia de Justicia los cuales buscan ajustar la concepción de la familia a las nuevas realidades y transformaciones de los últimos años que tienen que ver con la pluralidad, diversidad y formas de organización.

En el proyecto de Ministerio de la Familia discutido en la Cámara de Representantes tampoco se tiene en cuenta la Ley 1361 de 2009 de Protección Integral a la Familia, y la reforma del 2017, ni el documento de la Política Pública Nacional de Apoyo y Fortalecimiento a la Familia, que formuló el Ministerio de Salud y Protección Social, con el apoyo de la Comisión Técnica Nacional de Familia, según mandato de dicha Ley.

Esta mirada ideologizada y parcial de la familia desconoce la función del Estado de reconocer, respetar, proteger y defender la diversidad y complejidad de las organizaciones  familiares existentes en el país. La responsabilidad del Estado es validar el fortalecimiento de sus potencialidades, garantizar el despliegue de las capacidades, brindar y darle sostenibilidad a las oportunidades para los diversos grupos familiares, no solo en los múltiples y diversos territorios sino también en las múltiples realidades culturales y socio económicas.

Es en el marco del Ministerio de Desarrollo Humano y Sostenible, como se deberá responder a la necesidad de poner en marcha las políticas que aseguren la calidad de vida de todas las personas titulares de los derechos humanos: los derechos civiles y políticos y los derechos económicos, sociales y culturales y las estrategias relacionadas con el desarrollo sostenible, y de las familias como sujetos colectivos de derechos y garantes de los derechos de sus integrantes.

Aún es tiempo para abrir y participar en este debate que tiene repercusiones importantes para el país y para la realización del Estado social de derecho con los parámetros nacionales e internacionales que el Estado colombiano debe tener en cuenta.


Colectivo Familia y Democracia, agosto de 2019.


COLECTIVO FAMILIA Y DEMOCRACIA


Razón de ser

El Colectivo Familia y Democracia es un escenario de debate crítico y flexible y de conversación no institucional, que, sin pretender consensos absolutos ni decisiones unánimes, se ocupa de asuntos de relevancia nacional e internacional relacionados con la familia y sus integrantes individualmente considerados. Lo integran profesionales de diferentes disciplinas con una fuerte convicción y compromiso ético y político con el conocimiento y las realidades que la afectan; conjugamos nuestros saberes y ejercicios profesionales e investigativos para contribuir a la transformación de los modelos tradicionales, hegemónicos y autoritarios que han orientado las dinámicas familiares, propiciado formas de violencia en su interior y desconocen la dignidad y los derechos humanos de sus integrantes.

Somos voces alternativas a las corrientes tradicionales que pretenden imponer su concepción hegemónica y autoritaria sobre la familia sin tener en cuenta sus dinámicas actuales, sus diferentes formas de organización y las particularidades de sus integrantes.

Nuestra concepción de familia

Miramos la familia en su dimensión histórica y en sus contextos económico, social, político, ambiental y cultural. Resaltamos su capacidad para establecer relaciones democráticas en su interior, la consideramos como agente político interlocutor de la sociedad y del Estado y sujeto capaz de participar en los asuntos y decisiones de su interés. En esta calidad, es un ente articulado a los otros factores del desarrollo social y sostenible como son el medio ambiente, el mercado, los sistemas de educación y de salud, así como de las organizaciones sociales y las comunidades. Por estas consideraciones, la familia es un sujeto colectivo de derechos y obligaciones que se enmarca en la pluralidad en sus formas de organización, la diversidad étnica, de género, generacional y cultural, la integralidad y demás principios que orientan la Constitución Política colombiana.

Objetivo y modalidades de trabajo

Nuestro objetivo es desarrollar, divulgar, impulsar debates y realizar estudios que lleguen a todos los niveles sociales y territoriales y tengan incidencia en las instancias de decisión, construcción y difusión de leyes, políticas y programas relacionados con las familias y la realidad social que las rodea. Nos pronunciamos mediante estudios de fondo que, en el marco del pensamiento contemporáneo, permitan divulgar las concepciones contemporáneas y democráticas sobre la familia y sus contextos; igualmente, haremos pronunciamientos que tengan que ver con las situaciones de coyuntura y las decisiones que tomen las autoridades sobre la familia y sus integrantes.

Trabajamos con independencia conceptual y política, con la flexibilidad necesaria para garantizar la diversidad y el pluralismo cultural, regional, social e intergeneracional característico de la nación y de las familias en Colombia. Utilizaremos los medios y las nuevas tecnologías de la comunicación para que estas voces lleguen a todos los confines y rincones del país.

Integrantes del Colectivo Familia y Democracia:

Blanca Inés Jiménez Zuluaga
Trabajadora social. Medellín

María Cristina Palacio Valencia
Socióloga. Manizales

Yolanda Puyana Villamizar
Trabajadora social. Bogotá

Pilar Morad Haydar
Trabajadora social. Cartagena

Raúl Jaimes Hernández
Psicólogo. Bucaramanga

Yolima Amado Sánchez
Psicóloga. Bogotá

Yomaira García Acuña´
Psicóloga. Barranquilla

Ligia Galvis Ortiz
Coordinadora del Colectivo Familia y Democracia
Abogada y filósofa. Bogotá

Luis Julián Salas Rodas
Secretario del Colectivo Familia y Democracia
Sociólogo. Medellín
                                                                                               





[1] Constitución Política –CP-  Art. 1º
[2] C.P. Art. 7º
[3] C. P. Art. 2º inc. 1º
[4] C. P. Art. 2º inc. 2º
[5] Página Web. Icbf.gov.co
[6] Reformada por la ley 1857 de 2017
[7] Después de analizar la creación de Ministerios de Familia o propuestas afines en algunos países de Latinoamérica, se pudo concluir que: la creación o la propuesta de creación de ministerios que en su denominación incluyen el vocablo familia, se ha sostenido principalmente en cuestiones de orden administrativo o presupuestal, sin que ello implique mayor atención a las familias o sus integrantes; por el contrario, tales carteras ministeriales terminan delegando en otros organismos el que se ocupen de definir, ejecutar y realizar el seguimiento a los grupos poblacionales que cada Estado considera que se encuentra en mayor situación de vulnerabilidad, siendo la niñez en general la beneficiaria de los mayores esfuerzos, por lo que se desdibuja el quehacer con las familias, habida cuenta de la atención a cada grupo poblacional.