August 22, 2026

La solidaridad y la generosidad: dos valores humanos distintos, pero complementarios

 

 

 

La solidaridad y la generosidad: dos valores humanos distintos, pero complementarios

 

Luis Julián Salas Rodas

Sociólogo

Universidad Pontificia Bolivariana

Especialista y Magíster en Ciencias Sociales: Gerencia del Desarrollo Social

Universidad de Antioquia

Magíster en Ciencias de la Educación: Opción Desarrollo Social

Universidad París XII

Exdirector Ejecutivo de la Fundación Bien Humano

Expresidente del Consejo Directivo de la Federación Antioqueña de ONG

Luijus34@gmail.com

@LuisJulianSalas

Blogs en Google: Familia y Otros; Juntas Directivas ONG; ONG y Gerencia Social

Medellín – Colombia

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Cuando ocurre una tragedia, un evento natural catastrófico como un terremoto de alta intensidad que afecta vidas, edificios, viviendas infraestructura y equipamiento comunitario se activa la solidaridad como una expresión libre, voluntaria y desinteresada de ayuda y socoro hacia las personas afectadas por la desgracia inesperada.

El impacto emocional de los destrozos de la tragedia hace emerger las acciones y expresiones de solidaridad como el rescate de víctimas atrapadas bajo los escombros por rescatistas voluntarios especializados, el acopio, movilización y entrega por parte de organizaciones sociales sin ánimo de lucro, de elementos esenciales para afrontar la sobrevivencia como: agua, alimentos, carpas, elementos de aseo personal, ropa y medicamentos. Estas primeras acciones de asistencia son cruciales para atender la emergencia y las contingencias humanas causadas por el desastre.

El problema con la solidaridad es que requiere que surja y se manifieste la conmoción del impacto emocional tanto personal como colectivo de ayuda y compasión. A medida que pasa el tiempo el impacto emocional va cesando en las personas no afectadas materialmente y como consecuencia se van reduciendo la cuantía de las donaciones tanto en dinero como en especie. La solidaridad es tanto una práctica personal como institucional.

A diferencia de la solidaridad el valor de la generosidad no requiere, no necesita para manifestarse de una conmoción colectiva, de un impacto emocional por causas externas porque ella, la generosidad, es un valor inherente, constitutivo y permanente en la persona que es portadora en su palabra, actos, obras y personalidad.

Las personas generosas siempre están dispuestas al desprendimiento, a compartir lo que tienen de manera espontánea, sin pedir nada a cambio y sin siquiera esperar un agradecimiento. El valor de la generosidad impulsa, anima a hacer partícipe tanto de lo material como dinero, objetos o bienes como lo inmaterial: tiempo, escucha activa, acompañamiento.

Dice el proverbio que “la palabra enseña, pero el ejemplo arrastra”. Sabio y cierto el proverbio ya que el valor de la generosidad no se hereda, se introyecta en los hijos/as, desde la infancia, cuando ven y perciben que sus padres la practican en personas con situaciones de vida precarias o difíciles.

La empatía es otra característica de la persona generosa que la motiva a comprender y ponerse en la situación del otro. La generosidad empática no solo alivia sufrimientos; además propicia la convivencia, la armonía, la fraternidad y la cohesión social entre personas, familias y colectivos diversos y diferentes.

La promoción y reconocimiento de la generosidad es necesaria para reducir los impactos discriminatorios y excluyentes de las desigualdades en una sociedad. El hecho de ser diferentes no debería implicar el considerarnos como desiguales.

Tanto la solidaridad como la generosidad son muy importantes para asumir y superar los efectos adversos de las contingencias tanto humanas y sociales como las causadas por los fenómenos naturales. Son   valores complementarios, cada uno con un alcance definido y particular.