November 21, 2024
October 29, 2024
August 31, 2024
Miradas y conceptos en torno a la dinámica familiar
Miradas y
conceptos en torno a la dinámica familiar
Luis Julián
Salas Rodas
Sociólogo
Universidad
Pontificia Bolivariana
Especialista y
Magíster en Ciencias Sociales
Universidad de
Antioquia
Magíster en
Ciencias de la Educación: Opción Desarrollo Social
Universidad
París XII
X:
@LuisJulianSalas
Blogs en Google:
Familia y otros: Juntas Directivas ONG; ONG y Gerencia Social
Medellín -
Colombia
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La palabra familia viene del
latín. Es una palabra derivada de famulus que significa sirviente o
esclavo. La palabra familia era equivalente, en la antigua Roma
esclavista, a patrimonio e incluía no solo a los parientes sino también a los
sirvientes de la casa del amo
(www.etimologías.dechile.net).
Decimos que la familia es la primera escuela por cuanto es en ella donde se inicia el proceso de la crianza de los seres humanos. Criar, levantar hijos, sacarlos adelante, implica proporcionarles el afecto, la protección, los cuidados y la satisfacción de sus necesidades materiales. También suele decirse que la familia es la primera agencia de formación de los seres humanos. Por agencia, en familia, entendemos la capacidad de obrar, de actuar de manera consciente para conseguir sus propósitos de bienestar y convivencia pacífica. Es el ámbito de la socialización, de lo personal y de la sociabilidad, la relación con los otros. Por formación, entendemos las enseñanzas y acciones que los padres o adultos responsables inculcan, en la vida cotidiana, a los hijos en cuanto a normas, valores, creencias y costumbres indispensables como preparación para la integración social y cultural. La familia es una institución de carácter universal e histórica de las sociedades.
Es en la familia donde se inicia el proceso de socialización, entendido como la forma como adquirimos los valores, las normas, las creencias, las tradiciones y las costumbres y las relaciones que nos permiten vivir en una sociedad y cultura determinada. Aprendemos a socializar de los padres, quienes hacen sus veces y los parientes, pero ellos también aprenden de los hijos a jugar, a ser más pacientes, a reír más, a ser más imaginativos, a emocionarse con las cosas simples, a sorprendernos con sus preguntas y ocurrencias, y a disfrutar el placer de aprender cosas nuevas. El proceso de socialización es, pues, de doble vía.
¿Cómo aprendemos los valores y las virtudes en la familia? A diferencia de la segunda escuela que requiere de maestros, profesores y salones de clase, la enseñanza de los valores y las virtudes las aprendemos en la primera escuela: la familia, mediante las vivencias, la palabra y el ejemplo que nos dan los padres y las personas adultas cuando son buenas y adecuadas figuras de identificación; sobre todo del ejemplo. Como bien dice el refrán popular: la palabra enseña, pero el ejemplo arrastra. Los valores son cualidades positivas de la personalidad que nos permiten guiar nuestra conducta y obrar de forma correcta tales como: la honestidad, la sensibilidad, la gratitud, la prudencia, la humildad, la amistad, el respeto, la responsabilidad, la libertad, la lealtad, la verdad, la paciencia y la sinceridad.
En la familia también aprendemos el valor de la compañía, de la fraternidad y la rivalidad con los hermanos y hermanas, a compartir los alimentos, el baño, las alcobas. Vivencias tempranas que nos enseñan a socializar luego con los compañeros del centro de desarrollo infantil, de la escuela y el colegio.
No debemos idealizar a la familia como un ejemplo de perfección e ignorar los problemas que en ella acontecen como: el maltrato y abuso sexual infantil, la violencia, física y psicológica, de pareja, entre padres e hijos, los castigos físicos, el embarazo adolescente, el feminicidio, que deja a los hijos en situación de orfandad y vulnerabilidad. el incesto y la celotipia. Tampoco la debemos condenar como la causa de todos los males de las personas y de la sociedad. Cómo toda creación humana es falible, imperfecta, pero susceptible de mejorar. No está exenta de desavenencias, de conflictos entre sus integrantes. Los conflictos son inevitables, incluso a veces son convenientes. Lo que no es conveniente es la resolución violenta, agresiva de los conflictos pues causan sufrimiento personal y daños a la integridad física y a la convivencia pacífica.
Las capacidades, habilidades, talentos y fortalezas internas de las familias
·
Familia nuclear: es conformada por una pareja,
un hombre y una mujer, y sus hijos que viven bajo un mismo techo.
·
Familia extensa: es la conformada por tres o más
generaciones, abuelos, padres y nietos/as que conviven en una misma vivienda.
Esta forma de organización familiar se denomina, también, ampliada.
·
Familia reconstituida: es aquella
formada por una pareja adulta en la que al menos uno de los conyugues, o ambos,
tiene un hijo de una relación anterior. Se conoce también como la familia de
los tuyos, los míos y los nuestros.
·
Familia monoparental: es cuando solo está presente uno solo de los
padres, ya sea el hombre o la mujer a cargo de los hijos. Puede ser de jefatura
masculina o femenina. En el país es mayor las familias monoparentales de
jefatura femenina. La familia monoparental es la forma de organización familiar
que más viene aumentando en el país.
·
Familia homoparental: es la que
conforman una pareja del mismo sexo, sean hombres o mujeres. La Ley colombiana
les permite adoptar hijos.
·
Familia transnacional: cuando uno de
los padres o ambos residen en el exterior, por motivos laborales o políticos y
los hijos quedan a cargo de otros familiares adultos. A pesar de no compartir
techo, ni comida persisten los lazos y vínculos emocionales o afectivos
mediante el empleo de Internet, el celular y las redes sociales. Generalmente
los padres en el exterior envían remesas para los gastos de sostenimientos de
los hijos.
·
Familia multicultural: se da entre
personas que vienen de culturas o etnias diferentes y forman familia en el país
de acogida.
·
Familia de crianza: es la familia
que surge de hecho, cuando hay convivencia permanente, afecto, protección,
auxilio, y respeto mutuo, Esta forma de organización familiar contempla el
hijo de crianza entendido como la persona que ha sido acogida para su cuidado,
protección y educación durante un periodo de tiempo no menor de cinco años por
una familia o personas diferente a la de sus padres biológicos sean estas
familias consanguíneas o no. (Ley 2388 de 2024).
·
Familia con mascotas: es aquella en la
que los seres humanos y otros animales domésticos como perros y gatos
establecen vínculos emocionales y afectivos en su convivencia.
·
Familia fraterna: alude a la situación donde no
hay presencia de los padres y por lo tanto solo conviven hermanos y hermanas.
·
Familia campesina: Es la que reside en
corregimientos, veredas, centros poblados y rural disperso. ocupa de las
actividades de la agricultura, la ganadería, la pesca de la cual derivan su
sustento económico ya sea como propietarios, arrendatarios, aparceros o
jornaleros.
·
Hogar unipersonal: son los compuestos por una sola
persona. Se trata de hombres o mujeres solteros, separados, divorciados o
viudos que viven solos.
(www.vidayfamiliaantioquia.gov.co)
BIBLIOGRAFIA:
Galvis,
Ligia. (2011). Pensar la familia hoy. Editorial Península. Bogotá.
August 16, 2024
July 28, 2024
July 24, 2024
June 22, 2024
DE LA CRIANZA, CUIDADOS, FORMACIÓN Y RESPONSABILIDADES DE LOS PADRES Y MADRES HACIA SUS hIJOS E
DE LA CRIANZA, CUIDADOS, FORMACIÓN Y
RESPONSABILIDADES DE LOS PADRES Y MADRES HACIA A SUS HIJOS E HIJAS
Luis Julián salas Rodas
Sociólogo
Universidad Pontificia Bolivariana
Especialista y Magíster en Ciencias
Sociales
Universidad de Antioquia
Magíster en Ciencias de la Educación:
Opción Desarrollo Social
Universidad París XII
X. @LuisJulianSalas
Blogs en Google: Familia y otros; Juntas
Directivas ONG; ONG y Gerencia Social
Exdirector ejecutivo de la Fundación
Bien Humano
Expresidente de la Federación
Antioqueña de ONG
Medellín - Colombia
En las sociedades tradicionales del pasado los roles y
funciones paterna y materna estaban muy definidos: el padre proveedor, máxima
autoridad y la madre dadora de afecto y encargada de las tareas y oficios de la
vida doméstica. La familia era patriarcal
y se caracterizaba por el predominio masculino en el ejercicio de la autoridad
y la sumisión de la mujer y los hijos/as a los designios del jefe paterno. La
prole y la parentela numerosa era otra de sus características.
El tránsito hacia la modernidad, a la industrialización, a lo
urbano implicó cambios significativos en la concepción y desempeño de los roles
y funciones de los padres y madres.
Nuevas instituciones creadas por el Estado y la sociedad empezaron a asumir
tareas y responsabilidades que eran propias de la de la familia
tradicional. La educación formal, la
atención en salud, el cuidado de enfermos y ancianos fueron, entre otros,
funciones y responsabilidades transferidos a la escuela, al hospital y al
asilo.
El paso de campesino agricultor, dueño de la tierra y de los
frutos de su trabajo, al de obrero asalariado en las fábricas de las ciudades
fue el primer campanazo de la quiebra del modelo patriarcal de familia. El segundo detonante fue la incorporación
masiva de la mujer al mundo laboral, su reconocimiento como ciudadana, sujeto
de derechos, su acceso al sistema educativo y la posibilidad real de planificar
el número de hijos gracias al acceso a los métodos de planificación
familiar. Los bajos salarios y las
restricciones a la cualificación de su fuerza de trabajo también fueron
determinando la pérdida de poder, imagen, influencia y autoridad del padre en
la familia. Todo lo anterior en una sociedad que empezó a cuestionar al
autoritarismo y a dar mayor valor a las relaciones democráticas tanto en la
sociedad como en las familias.
La familia nuclear era la forma de familia más extendida y
fue considerada como la ideal: Padre,
madre, hijos/as. Se tenía como ideal la armonía y la complementariedad de roles
como paradigma de la vida conyugal y familiar.
El divorcio no era legal y la separación recibía una condena social, lo
cual reforzaba la unidad familiar junto con la moralidad católica.
Los cambios demográficos, legales, sociales y culturales que
se dieron en la segunda mitad de siglo XX incidieron en la transformación de la
composición y dinámica familiar. Nuevas
formas de organización familiar se fueron configurando con el aumento de los
divorcios y separaciones conyugales. Es el caso de las familias monoparentales
de jefatura femenina y las nucleares poligenéticas (los tuyos los míos y los
nuestros), resultado de la nupcialidad reincidente.
Inicialmente los efectos de los cambios se percibían como el
fin de la familia, y, por consiguiente, su desintegración. La investigación y
otros enfoques de abordar la familia dieron luces para comprender lo que
pasaba: los ajustes de la organización familiar a los cambios y demandas
económicas y socioculturales.
¿Y entre estos “ires y venires” de las familias que sucedió
con los hijos e hijas? De numerosos
hermanos pasamos a pocos, producto de la planificación y descenso de la
fecundidad y la vida en las ciudades. En
muchas familias se pasó del padre proveedor y autoritario al padre ausente e
irresponsable y de la madre hogareña y recluida en la casa a la madre-padre
trabajadora generadora de ingresos al hogar.
La función e imagen paterna se fue debilitando mientras que la función e
imagen materna se fue sobrevalorando. En
las familias de jefatura femenina, la mujer concentra la autoridad, la
aplicación de sanciones y permisos, el vínculo afectivo y los ingresos
económicos. La violencia, el maltrato y
el abuso sexual e infantil, por parte del jefe hombre, aumenta su frecuencia e
intensidad en las familias. Aumenta,
también, el porcentaje de niños y niñas que crecen con familiares sin la
presencia paterna y materna. Según Profamilia,
el 52% de los hijos, en Colombia, son o no deseados o nacen a destiempo. (Encuesta de Salud y Demografía. PROFAMILIA.
2015).
Como hecho positivo de los tiempos que corren hay que
mencionar el surgimiento de nuevos discursos y narrativas acerca de las nuevas
masculinidades y paternidades que reclaman un lugar distinto en los planos de
lo personal, de lo familiar y de lo político de los hombres que conlleva formas
diferentes de ejercer la masculinidad y la paternidad sin el peso de la figura,
el rol y las funciones que le determinaba la institución del Patriarcado del
pasado. Hay pues hombres que logran despojarse de la nefasta herencia del
machismo, que quieren y logran ser pareja y padres amorosos, cercanos,
dialogantes y responsables.
En nuestro país los efectos de la modernidad occidental han
de sumarse, en cuanto a las relaciones familiares, a los del conflicto armado,
el desplazamiento forzado, la migración por razones económicas y el
reclutamiento infantil. El abandono y la
negligencia en las responsabilidades de la crianza siguen vigentes como una
nociva práctica cultural que trasciende en el paso de las generaciones. En los sectores populares de las ciudades algunos
niños y jóvenes son involucrados a sus redes y actividades ilícitas por actores
armados que infiltran, además, a las instituciones educativas. El trabajo
infantil, en condiciones de explotación, aun no se ha erradicado. El embarazo
en adolescentes sigue alto (una de cada cinco mujeres es madre adolescente) y
baja la edad en el consumo de cigarrillos, alcohol y drogas. Como notas
positivas se reseña el interés creciente por la Primera Infancia en las
políticas y presupuestos públicos, el desarrollo de la Ley 1098 de 2016 de Infancia y Adolescencia bajo el enfoque de
derechos, la Ley 1361 de 2009 de
Protección Integral a la Familias, y su mandato a los entes territoriales a
formular, aprobar e implementar una política pública de familia en sus
jurisdicciones, el trabajo en alianza
entre los sectores público y privado, y la inclusión del tema de familia en los
Planes de Desarrollo Territorial en los departamentos, distritos y municipios,
son algunos hitos positivos de incidencia política y acción pública en
beneficio de las familias del país.
La crianza, los cuidados, la formación y la educación de los
hijos e hijas sigue, y seguirá siendo, responsabilidad primaria de las familias,
independiente de su estructura, composición y organización, por cuanto ella es
la primera agencia de formación de los seres humanos. El Estado, la sociedad, las comunidades, las
organizaciones sociales son, como no, corresponsables en el cumplimiento de
estas tareas y funciones. Su papel no es
la de sustituir a las familias sino la de apoyarlas, acompañarlas y
fortalecerlas. Todo aquello que las
familias dejen de asumir, o asuman a medias, como responsables directos de los hijos
e hijas, le toca al Estado y la sociedad asumirlas de una u otra forma. Los
estudios e investigaciones en sicología evolutiva, en infancia, en el curso de la
vida confirman la importancia que tienen los padres, madres y adultos, o
quienes hagan sus veces, en la formación de la personalidad y el carácter de
los niños, niñas y adolescentes.
La presencia, permanencia, constancia y coherencia de los
adultos, como figuras de identificación positivas y significativas son muy
importantes en los años de formación, desarrollo y crecimiento. Después de la Primera Infancia, 0 a 6 años, y
la Infancia, 6 a 10 años, su influencia entra a competir o se comparte con los
pares y compañeros generacionales, los medios de comunicación y, hoy en día, el
mundo virtual y las redes sociales.
Cuando se afirmaron las bases, las cepas de la confianza, del afecto, del
mutuo respeto, del diálogo, de la autoestima, de la seguridad emocional, de la
autonomía, de la solidaridad, de la creatividad y de la conciencia moral, es
posible que el niño, la niña y el adolescente integren conocimientos,
habilidades y competencias para afrontar los problemas y retos que conlleva el
transcurrir del resto de años de su vida personal, familiar, laboral y
ciudadana. Cuando las bases familiares no se dieron o fueron endebles los
procesos del desarrollo humano y de socialización se resienten. Los infantes y adolescentes
requieren, necesitan, establecer vínculos afectivos, maduros y estables, en su
medio familiar y social. Los cuidadores
del vecindario, los profesionales expertos del jardín infantil, las madres
comunitarias y los maestros y profesores pueden aminorar la carencia afectiva
pero no sustituyen a los padres y madres biológicas o adoptantes.
Las prolongadas jornadas de trabajo y las demandas laborales
de padres y madres, así como el hecho de que otros agentes externos como los
estatales, comunitarios o privados, asuman funciones de atención y cuidados ha
conllevado a que los hijos/as pequeños pasen más tiempo con terceros que con sus
padres. Muy rápido transcurren los años
de la Primera y Segunda Infancia, años en que la influencia parental es mayor y
más decisiva; luego vienen, como ya dijimos, los años de la adolescencia cuando
los pares, amigos, compañeros, novios y novias centran el interés y la atención
de los hijos/as. El proceso de la búsqueda de autonomía y los conflictos con
las normas y la autoridad, propios de la adolescencia, se agravan cuando la
relación parento-filial no se afianzó de forma adecuada, en las etapas
tempranas del desarrollo intelectual y emocional.
Cuando la pareja convive con los hijos/as, un asunto es la
relación conyugal (erótico-afectiva) y otra es la relación de la pareja con su
prole. Cuando la convivencia conyugal no es posible y se presenta la separación
o el divorcio como un hecho inevitable, surge, también, el riesgo para los
hijos de convertirse en objeto de abandono o de disputa entre los padres. Fenómeno conocido por los expertos en familia
como Síndrome de Alienación Parental. El
interés superior de la crianza, la formación y responsabilidad se antepone, en
estos casos, a los resentimientos y mutuas recriminaciones de los cónyuges. La
separación o divorcio de los padres no debería nunca implicar la renuncia o un
obstáculo para que ambos continúen desempeñando sus funciones paternas y
maternas. El abandono y el no cumplimiento de las responsabilidades parentales,
no solo la inasistencia alimentaria, deben sancionarse desde los tribunales y
autoridades competentes. A semejanza de lo que ya se viene haciendo con
el uso de la pólvora por parte de niños, niñas y adolescentes, también deben
ser llamados los padres, las madres, los tutores y los parientes a responder por
los perjuicios y daños que sus hijos y dependientes causen al entorno y a la
sociedad. Ser responsable implica asumir
tareas y compromisos, en lenguaje cotidiano: dar la cara. Los padres y madres biológicos no pueden ser
solo progenitores, y la pobreza o el exceso de trabajo no excusa para desentenderse
de la crianza, los cuidados y la formación de sus hijos/as y trasladarles a
terceros o al Estado y la sociedad las responsabilidades y obligaciones.
El apoyo y acompañamiento del Estado a las familias no debe
reducirse, únicamente, al subsidio monetario, a los programas de salud y
nutrición, a la educación gratuita y al acceso a una vivienda digna. El
reconocimiento y protección de los derechos ya no solo se circunscribe a los
individuales. El legislador, por medio de la Ley 1361 de 2009, de Protección
integral a las familias, avanzó en el reconocimiento de los derechos colectivos
de la familia en su conjunto. (Consultar la Ley en Google). Es importante y muy
necesario que las familias conozcan y demanden ante el Estado y la sociedad
estos derechos ya reconocidos por esta Ley.
Como sujetos de derechos y obligaciones los niños, niñas y
adolescentes ya no pueden seguir considerándose como “propiedad” de sus padres
y madres. Ya pasó la época del autoritarismo paterno o materno, de la
irrestricta obediencia, de los internados, de los castigos físicos y
emocionales en las familias y los colegios. La añoranza que lleva a revivir
modelos familiares del pasado ya no es viable.
La autoridad, y su legitimidad, sobre los hijos e hijas debe ganarse,
obtenerse, no por el poder del miedo y la intimidación sino por la vía del
ejemplo, el diálogo y la coherencia entre el pensar y el actuar.
La época del Internet, la virtualidad y las redes sociales ha
traído consigo nuevas formas de comunicación e interacción entre las personas
de todo el planeta. Es un gran desarrollo, irreversible, de la ciencia, la
técnica y la tecnología que ha tenido impactos positivos y negativos en la vida
doméstica y las relaciones de los integrantes de las familias. El acceso al
celular, al computador, a sus contenidos y al tiempo de atención que ellos
demandan implican llegar a acuerdos para su buen uso y evitar los riesgos y
peligros a los que puedan estar expuestos los niños, niñas y adolescentes. De
ahí que resulte necesario establecer un control parental, que no prohibición, de
acuerdo con la edad, las capacidades y responsabilidades de los hijos/as.
La democracia, la formación de ciudadanía es también asunto
de la convivencia familiar y escolar. El respeto por la diversidad de opinión,
por la escucha activa, por la argumentación dialogada de las decisiones entre
la pareja y entre esta y los hijos demanda paciencia, muchos esfuerzos, no es
un asunto fácil. Los tiempos actuales son de nuevas definiciones en la expresión
y concertación de las relaciones laborales, parento-filiales y generacionales.
Sin paternidad y maternidad responsable no hay buena crianza y formación
positiva del ser humano. Al contario del
pasado, la vida moderna nos ofrece la oportunidad de mejorar las pautas y
prácticas de crianza gracias a los avances de la puericultura, de la crianza
humanizada y la educación familiar preventiva, mediante el acceso a las
Escuelas y Centros de Familia, públicos privados, para mejorar la convivencia
democrática, la comprensión, el entendimiento y la interrelación
padres-hijos/as. En todos estos aspectos sí que vale reconsiderar aquella muy
conocida creencia popular de que todo tiempo pasado fue mejor….
May 24, 2024
May 09, 2024
Las familias como un actor social y político
Las familias como un actor social y político
Luis Julián Salas Rodas
Sociólogo
Universidad Pontificia Bolivariana
Especialista y Magíster en Ciencias Sociales
Universidad de Antioquia
Magister en Ciencias de la Educación: Opción
Desarrollo Social
Universidad París XII
X: @LuisJuliánSalas
Blogs en Google: Familia y otros; Juntas Directivas
ONG; ONG y Gerencia Social
Exdirector Ejecutivo de la Fundación Bien Humano . FBH
Expresidente del Consejo Directivo de la Federación Antioqueña de ONG - FAONG
Medellín - Colombia
Hablar de familia en singular es hacer mención de ella como una institución en cuanto significa relaciones estables entre personas en el tiempo basadas en normas para el cumplimiento de objetivos específicos. Hablar de familias en plural significa el reconocimiento de la diversidad de formas de organización familiar tanto en su composición como en su estructura, complejidad y funcionamiento. Es desde esta acepción como abordamos a las familias como un actor social y político.
Desde
una perspectiva histórica se ha visto y abordado a la familia y a las familias
como un grupo humano vulnerable que requiere especial atención y protección
tanto del Estado como de la sociedad. Se concibe a las familias como receptoras
pasivas de ayudas y subsidios tanto de organizaciones gubernamentales como no
gubernamentales, incluyendo a las iglesias. Es decir, se ha ubicado a las
familias en el lugar de la indefensión, de la asistencia, la beneficencia, la
caridad, del desvalimiento, del “yo todo me lo merezco”, anulando su
iniciativa, su capacidad de autogestión, dejando de lado el despliegue de sus
potencialidades y fortalezas internas.
Y es desde esta concepción mirada de protección, de carencias y desvalimiento de las familias, como distintas organizaciones del Estado y de la sociedad civil se fueron tomando, a motu propio, en una especie de tutelaje, la responsabilidad, la representación y la vocería de ellas ante otros actores sociales y políticos en cuanto a sus aspiraciones, demandas y solución de sus problemas
Es de anotar que es preciso diferenciar entre la asistencia y el asistencialismo. Cuando ocurre una desgracia inesperada, una tragedia colectiva que arrasa, que afecta las condiciones de vida de las familias es preciso llevar ayuda humanitaria de emergencia que mitigue los daños causados. La asistencia debe ser temporal, cuando no lo es se convierte en asistencialismo.
El diccionario de la Real Academia Española de la Lengua define un actor como: persona que interpreta un papel en una obra teatral, cinematográfica, radiofónica o televisiva. La profesión de actor es muy antigua, nos viene de la civilización griega del siglo VI (a.c), por medio de los géneros teatrales de la comedia y la tragedia.
En la teoría sociológica se considera la categoría de actor social y político a aquella persona, grupo o colectivo que detenta influencia, relaciones y recursos de poder, influencia, autoridad y dominación para impulsar sus intereses prioritarios frente a otros actores sociales y políticos mediante el intercambio y la negociación para la resolución de los conflictos, para transformarlos en nuevas leyes, normas o instituciones. El desempeño de este papel implica el reconocimiento mutuo entre actores. El sociólogo francés Alain Touranie (1925-2023) dice que el actor social y político es, ante todo, un Sujeto Consciente de la realidad y de la necesidad de cambios y transformaciones de su entorno mediante su participación activa y decidida como representante de una causa o una lucha colectiva. El concepto de actor social de Touraine está asociado a la génesis y dinámica de los movimientos sociales.
Cuando aquí nos referimos al concepto de la política no lo hacemos en el entendido que las familias deban adherirse a un partido político o involucrarse en actividades de política partidista sino en el contexto de que sus acciones organizadas como actor derivan en incidencia política por las relaciones que establece con otros actores u organizaciones para la toma de decisiones, consecución de sus fines, resolución de intereses en conflicto, o para influir ya sea por presión o persuasión en la formulación e implementación de leyes, normas, programas o políticas gubernamentales. La incidencia política de las familias se convierte en una forma de poder transformador para cambiar una realidad que no se considera aceptable o conveniente.
La politización de la familia, expresión acuñada por la socióloga María Cristina Palacio Valencia, reconocida experta en familia, denota el emerger de la familia desde su vida cotidiana privada y doméstica hacia la vida y la agenda pública por cuanto el tema y los asuntos del bienestar de la familia, que ya estaban consignados en la Constitución Política de 1991, se fueron incorporando en las políticas públicas no solo del gobierno nacional sino, además, de los entes territoriales en sus inversiones, presupuesto y planes cuatrienales de desarrollo. Aconteció un importante cambio cualitativo de ver no solo a la familia, en la metáfora de núcleo fundamental de la sociedad, a considerarla como la primera agencia de formación humana y construcción de humanidad, desde la dirección y orientación de principios ciudadanos y democráticos.
En palabras de María Cristina Palacio:
Con esto aparece otra narrativa familiar, escenario de acogimiento, de construcción de experiencia de vida y formación de relaciones ciudadanas en torno a la politización del afecto, la democratización, defensa y ejercicio de la diversidad y la diferencia en y entre las organizaciones familiares que puede traducirse en un tercer momento de politización a través de la disposición de políticas públicas, entendiéndolas como un escenario de la convergencia de diversidad de agentes institucionales, sociales y políticos en torno a la capacidad de concertar, negociar y acordar procesos de actuación e intervención en el campo de la familia. (Palacio, 2020).
En este punto, como lo veremos más adelante, fue muy importante la expedición de la ley 1361, de Protección Integral a la Familia, del año 2009 y la noción, implícita en dicha Ley, de la familia como un Sujeto Colectivo de Derechos y Obligaciones. En este proceso de politización de la familia fue, también, muy influyente las Naciones Unidas al declarar el año de 1994 como Año Internacional de la Familia y las investigaciones y publicaciones de la Comisión Económica para América Latina CEPAL, entidad adscrita a las Naciones Unidas.
Los Derechos Humanos Universales promulgados por las Naciones Unidas y los posteriores Derechos de primera, segunda, tercera y cuarta generación son el soporte, el respaldo jurídico que han permitido a los distintos grupos poblacionales y comunidades de todo el mundo reclamar de sus Estados la garantía de su reconocimiento, vigencia y aplicación. Es de esta forma como las mujeres, los y las jóvenes, las personas en situación de discapacidad, las personas LGTBIQ+, los indígenas, los afrodescendientes, los campesinos se organizan, movilizan, inciden y hacer valer sus derechos y demandas ante las autoridades y la sociedad en pleno. Este reconocimiento por parte del Estado del estatus de actores sociales y políticos
En los grupos poblacionales y comunidades se ve reflejado en la formulación,
ejecución y participación de Políticas Públicas y programas específicos para
ellos y ellas en sus territorios. Política y programas que implican el
desembolso de recursos del presupuesto de las agencias y entes territoriales.
Sin embargo, en la agenda y los escenarios públicos las familias y los niños y niñas no han logrado aún el total reconocimiento como actores sociales y políticos. Los niños y las niñas por cuanto si bien se le reconocen sus derechos son considerados como menores de edad bajo la tutela y representación legal de sus padres. Con respecto a las familias persiste el sesgo jurídico de considerarlas, más que como actor social y político, como objeto de especial protección legal y destinataria de las políticas y los programas de erradicación y superación de la pobreza.
Un hito histórico para las familias colombianas fue la expedición de la Constitución Política de 1991 que las incluyó como un Sujeto Político imputable de derechos y obligaciones. Y fue histórico porque ni el Código Civil de 1873, ni la Constitución Política de 1886 hicieron mención de ella. Otro hecho histórico de la mayor importancia fue la Ley 1361 de 2009, de Protección Integral a la Familia, que le reconoció el ejercicio pleno 19 derechos por parte del Estado y la sociedad:
Derecho a una vida libre de violencia.
Derecho a la participación y representación de sus miembros.
3.
Derecho a un
trabajo digno e ingresos justos.
4.
Derecho a la
salud plena y a la seguridad social.
5. Derecho a la
educación con igualdad de oportunidades, garantizando los derechos a la
asequibilidad, accesibilidad, adaptabilidad, en condiciones de universalidad,
equidad, calidad y gratuidad.
6.
Derecho a la
recreación, cultura y deporte.
7.
Derecho a la honra, dignidad e intimidad.
8.
Derecho de
igualdad.
9.
Derecho a la
armonía y unidad.
10. Derecho a recibir protección y asistencia social
cuando sus derechos sean vulnerados o amenazados.
11. Derecho a vivir en entornos seguros y dignos.
12. Derecho a decidir libre y responsablemente el número
de hijos.
13. Derecho a la orientación y asesoría en el
afianzamiento de la relación de pareja.
14. Respeto y libertad en la formación de los hijos de
acuerdo a sus principios y valores.
15. Derecho recíproco entre los mi3embros de la familia.
16. Derecho a la protección del patrimonio familiar.
17. Derecho a una alimentación que supla sus necesidades
básicas.
18. Derecho al bienestar físico, mental y emocional.
19. Derecho a recibir apoyo del Estado y la sociedad para
el cuidado y atención de personas mayores.
Además de establecer la obligación a los entes territoriales: nación, departamentos, distritos y municipios, de formular Políticas Públicas de Apoyo y Fortalecimiento a las Familias en sus jurisdicciones, estableció, además, 10 deberes al Estado y la sociedad para con las familias, a saber:
Promover el fortalecimiento de la familia como núcleo fundamental de la sociedad, así como la elaboración y puesta en marcha de la política Nacional de Desarrollo Integral de la Familia.
2.
Garantizar el
ejercicio pleno de los derechos de la familia y de sus integrantes.
3.
Brindar
asistencia social a las familias que se encuentren en estado de indefensión o
vulnerabilidad.
4.
Dar orientación y
asesoría en el afianzamiento de la relación de pareja y las relaciones de
familia.
5.
Establecer
estrategias de promoción y sensibilización de la importancia de la familia para
la sociedad.
6.
Proveer a la
familia de los mecanismos eficaces para el ejercicio armónico pleno de sus
derechos.
7.
Establecer
programas dirigidos a permitir el desarrollo armónico de la familia.
8.
Establecer
acciones y programas que permitan la generación de ingresos estables para la
familia.
9. Las instituciones
públicas y privadas que desarrollen programas sociales deberán proporcionar la
información y asesoría adecuada a las familias sobre las garantías, derechos y
deberes que se consagran en esta Ley para lograr el desarrollo integral de la
familia.
10. Promover acciones de articulación de la actividad
laboral y familiar.
Como puede apreciarse, los 19 derechos colectivos abarcan los aspectos de la vida cotidiana tanto de las familias como de sus integrantes. De ahí que pueda hablarse de la configuración de la unidad Persona-Familia. El ideal es que la familia como colectivo respete los Derechos Humanos de cada uno de sus miembros y estos, a su vez, respeten los Derechos Colectivos de la familia a la cual pertenecen.
La Ley no resuelve todos los problemas de una sociedad, pero sin las buenas leyes no es posible empezar a solucionarlos. las decisiones más importantes que toma una sociedad, para bien o para mal, son de orden político. Lo que la Ley 1361 de 2009 hizo, de forma implícita, fue el reconocimiento, implícito, de la familia como un Sujeto Colectivo de Derechos y Obligaciones. De esta manera las familias quedaron amparadas tanto por los Derechos Humanos de cada uno de sus integrantes como por los Derechos Colectivos como proyecto de vida en común. Pero, siempre existe un pero: a casi 20 años de haber sido promulgada la ley 1361 no son muchos los entes territoriales que han cumplido con el mandato de formular y ejecutar una política pública de apoyos y fortalecimiento a las familias en sus respectivas jurisdicciones. Tampoco las instituciones públicas y privadas que desarrollan programas sociales dirigidos a la familia, como lo exhorta el deber número 9 antes citado, han cumplido a cabalidad proporcionar información y asesoría en la difusión y aplicación de la Ley.
Según el DANE en Colombia hay cerca de 18 millones de hogares y cada año se conforman alrededor de 400.000 hogares nuevos. 18 millones de hogares que están cobijados por la Ley 1361 de 2009 y que en su abrumadora mayoría la desconocen y por lo tanto no exigen al Estado y la sociedad su observancia y cumplimiento. Otra muy distinta seria la situación de las familias colombianas, si ellas, el Estado y la sociedad acataran lo promulgado en dicha Ley.
Otro obstáculo que ha impedido a las familias convertirse en un actor social y político relevante es la mirada, la concepción, desde las ciencias sociales, el Estado y las ONG, de ver en ellas más que sus capacidades y fortalezas internas, ver y abordarlas desde las problemáticas que hacen difíciles su dinámica y desempeño de las funciones que de ella espera el Estado y la sociedad.
Cuando prima el enfoque de las debilidades, de las carencias, de la vulnerabilidad y fragilidad de las familias, se las ubica en el lugar de la indefensión, de víctimas, de la pasividad e inmovilidad. En consecuencia, estas obtienen y se acogen a percibir ganancias secundarias. De ahí que sea tan difícil, complejo y frustrante sacarlas de ese estado y remplazar el asistencialismo por el enfoque de las capacidades y oportunidades. Junto al premio Nobel de Economía, Amartya Sen, la filósofa estadounidense Martha Nussbaum son quienes han desarrollado la propuesta teórica y metodológica del enfoque de la creación de capacidades y oportunidades tanto de las personas como de las familias para superar los problemas de la pobreza y el desarrollo social. El reconocimiento y validez de este enfoque ha tenido efectos muy positivos alrededor del mundo para conocer, entender, abordar e intervenir a las familias, por parte de los equipos profesionales de las ciencias sociales, en las políticas públicas, los programas y proyectos hacia ellas.
La oferta de transferencias monetarias periódicas, bienes y servicios, tanto públicos como privados, dirigidos a las familias en situación de pobreza no deberían, repito, ser de carácter permanente. Lo que si es cierto es que hay familias en extrema pobreza, con personas mayores sin pensión de jubilación, y/o en situación de discapacidad, que requieren de la ayuda y el apoyo permanente por parte del Estado y la sociedad.
Se hace necesario, en consecuencia, además elevar el nivel de las personas pobres y fomentar más alianzas, la asociatividad y emprendimientos productivos que les permitan generar ingresos estables y así mejorar la condición y calidad de vida de las familias.
Otra condición que restringe a las familias ser un actor social y político es que por su misma estructura, dinámica y funcionamiento esta más concentrada en los asuntos internos de la vida doméstica, de la supervivencia, de la satisfacción de las necesidades materiales de sus integrantes y la parentela, lo que les impide, en la mayoría de los casos, ocuparse de asuntos externas a ellas.
¿En cuales hechos y circunstancias particulares las familias se convierten, se empoderan, se visibilizan en actores sociales y políticos de primer orden? Esto sucede cuando un riesgo inminente, una amenaza real, la ocurrencia de una desgracia inesperada colectiva afecta la estabilidad de la vida cotidiana de las familias o de parte de sus miembros. En estas situaciones las familias implicadas se reúnen, se movilizan, salen a marchar y protestar en las calles, informan y denuncian en los medios de comunicación y en las redes sociales las causas y efectos de la problemática en que se encuentran, demandando de la Opinión Pública y de las autoridades competentes no solo ser escuchadas sino, ante todo, dar solución pronta y efectiva a sus legítimas demandas. Podemos citar varios ejemplos al respecto:
2. * Las Madres de la
Candelaria de Medellín que, emulando a las anteriores, se reunían para
denunciar y llamar la atención sobre la desaparición de sus familiares
reclamando información acerca de los motivos de su desaparición y el lugar
donde se encuentran.
3. * Los miles de familias colombianas que se vieron afectadas por la pérdida de sus viviendas ante el alza exagerada de los intereses y las cuotas de amortización que causaron cesación de pagos y entrega de las mismas al sector financiero. Las familias se unieron y crearon una asociación para defenderse obteniendo protección de la Corte Constitucional.
La Las madres y las familias de Soacha y de sus 6.402 hijos secuestrados y presentados como guerrilleros caídos en combate por el miembros del ejercito de Colombia, conocidos como los falsos positivos que reclaman ante la Jurisdicción Especial para La Paz JEP, reconocimiento, justicia y reparación por sus parientes fallecidos.
4. * Las familias de los soldados y policías secuestrados por las FARC y mantenidos en situación de inhumanidad y precariedad en las selvas. Estas familias mantuvieron una presión constante en los medios de comunicación ante las autoridades gubernamentales y cabecillas de las FARC para su liberación. En los casos de secuestros de familiares lo que se evidencia es que las familias afectadas por el secuestro no son abandonantes y no se resignan al cautiverio prolongado y las condiciones inhumanas a los que son sometidas sus integrantes.
La Las familias de personas desaparecidas por motivos políticos o de orden público que llevan décadas reclamando ante el Estado colombiano y la Corte Interamericana de Derechos Humanos el saber la verdad de los hechos, aplicar justicia, recibir disculpas públicas, reparación económica y del buen nombre así como el lugar donde reposan los los restos de sus seres queridos para poder cerrar el duelo y darles cristiana sepultura. La sociedad olvida a los desaparecidos, las familia nunca.
La * Las madres comunitarias del Instituto Colombiano de Bienestar Familiar ICBF que lograron que la Corte Constitucional les reconociera sus derechos laborales y a obtener una justa pensión de jubilación por años de trabajo y de cuidados a la niñez no pagados.
6. * Las familias se convierten, también, en un actor social y político cuando se sienten perjudicados por cambios en el uso del suelo, de obras públicas que alteren el orden y la tranquilidad del vecindario, o que impliquen demolición de sus viviendas y traslados a otros sectores de la ciudad. Ejemplo: Los vecinos de la carrera séptima en Bogotá que se opusieron a las autoridades distritales que querían trazar y operar buses de Transmilenio.
La Las familias afectadas por desastres naturales o causados por accidentes que pierden a sus seres queridos, medios de vida, viviendas, enseres, ropa, animales domésticos y de producción, quedando en estado de indefensión. Ante la tardanza por soluciones integrales de reparación, mas allá de la ayuda humanitaria de emergencia, por parte del Estado y la sociedad, esta familias, y la comunidad a la que pertenecen, se ven abocadas a organizarse, a elevar su voz de denuncia y protesta ,en los medios de comunicación y redes sociales, incluso hasta llegar a las vías de hecho como obstaculizar el transito por carreteras.
7. * Las familias israelitas que protestan y salen a las calles reclamando de las autoridades negociar y obtener la liberación de sus parientes secuestrados por la milicia radical de Hamás. Y, a diferencia de las familias israelitas, las familias palestinas de la franja de Gaza y Cisjordania la guerra y la ocupación militar israelí en sus territorios no les permite ser actor social y político, sino victimas con heridos y muertos, sobrevivientes, en estado de indefensión, de penuria, de sufrimiento, con carencias materiales y sujetos pasivos de la ayuda humanitaria internacional.
L La politización de las familias y que ellas sean un actor social y político no implica, necesariamente, que tengan que tener una organización formal como una fundación, corporación o asociación, a semejanza de una ONG, o constituirse en Persona Jurídica ante el Estado. Puede darse el caso, pero es más la excepción que la norma. Lo que si sucede, con frecuencia, es que ONG ya establecidas, reconocidas y con trayectoria en un tema específico acompañen, asesoren y respalden las acciones de incidencia política, lobby y movilización de las familias en conflicto, riesgo, vulnerabilidad o amenaza. Este acompañamiento, que no sustitución, se entiende como una acción de solidaridad y cooperación de las organizaciones del Sector Social a las familias.
La Las familias son expresiones vivenciales de múltiples paradojas y contradicciones. Pueden ser protectoras o destructoras de la personalidad de sus integrantes; ser un espacio con manifestaciones de amor y afecto como también de odio, violencia, crueldad, abuso y maltrato; un lugar donde se genera egoísmo e indiferencia en vez de apoyo, solidaridad y cooperación; un sitio que puede oscilar entre una mezcla entre infierno o paraíso. No se trata de idealizar o demonizar a las familias como responsables directas del bienestar de la sociedad o como causante de todos los males, problemas o patologías de la sociedad.
Entonces. Factores externos pueden dar origen a la movilización y visibilización de un colectivo de familias que alza su voz airada ante el Estado y la sociedad en busca de soluciones a un problema determinado. Otra vía, más lenta y menos sonora, pero más firme y sostenible de empoderar, de fortalecer las capacidades, la autogestión y la confianza de las familias como actor social y político es mediante la formulación y ejecución de la Política Pública de Apoyo y Fortalecimiento a las Familias PPAFF:
El objetivo superior en la formulación y ejecución de una Política Pública de Apoyo y Fortalecimiento a las Familias, en los territorios, es la de apoyar y fortalecerlas para que puedan empoderarse y tomar conciencia de sus Derechos Colectivos y de su papel protagónico, sin mediación de terceros, como un actor social y político dueñas de su propio destino; que como Sujeto Colectivo deje de ser objeto pasivo de otros actores y agentes par convertirse, a su vez, en Sujetos de Desarrollo y Cambio; con capacidad de agencia, de movilización, de incidencia política, con vocería y representación propia, defensora y protectora de los Derechos Humanos de sus integrantes bajo el principio rector de la Unidad Persona – Familia.
La finalidad de una Política Pública de Apoyo y Fortalecimiento para las Familias PPAFF es, pues, la de convocar, concitar recursos, esfuerzos, decisiones, voluntades y responsabilidades por parte del Estado, la sociedad y las mismas familias, cualquiera sea su origen y forma de organización para que puedan desempeñar en forma adecuada las tareas, funciones y obligaciones que de ella se esperan tales como: protección, cuidados, supervivencia económica, satisfacción de sus necesidades materiales, socialización, crianza, formación y educación de los hijos/as; en armonía y convivencia pacífica y democrática entre todos sus integrantes.
Tienen las familias de Colombia un marco normativo amplio de Derechos Colectivos y de deberes del Estado y la sociedad para con ellas en la Ley 1361 de 2009. Solo obrando como un decidido actor social y político será posible ir haciendo realidad, hechos tangibles, esos derechos. Esta, también, la figura constitucional de la Acción de Cumplimiento del artículo 87 como un mecanismo para que toda persona o un colectivo de familias pueda acudir a la autoridad judicial para hacer efectivo el cumplimiento de una Ley o acto administrativo. Y sería muy deseable y conveniente que en alguno de los fallos de la Corte Constitucional esta declarara de forma explícita a la familia como un Sujeto Colectivo de Derechos y Obligaciones. De ocurrir, daría a las familias más motivos y razones de peso en sus demandas ante el Estado y la sociedad.
Todo aquello que las familias no hagan o asuman como parte de sus funciones y responsabilidades por sus integrantes y hacia ella misma, le toca al Estado y la sociedad, de una u otra manera, asumirlo.
BIBLIOGRAFÍA
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Nussbaum, Martha. 2012.Crear capacidades: propuesta para el desarrollo humano. Editorial Planeta. Bogotá.
Salas, Luis Julián. (2022). Las familias SI importan: ensayos, reflexiones y debates contemporáneos sobre la situación de las familias colombianas. Fundación MUV. Multigráficas. Medellín.
Sen, Amartya. (1999). Desarrollo y libertad. Editorial Planeta. Bogotá
Touraine, Alain. (1987). Actores sociales y sistemas políticos en América Latina. Prelac. Santiago de Chile.